#TeQuieroCoria

Adaptándonos a los tiempos modernos y a las nuevas tecnologías, he decidido encabezar este artículo como si te Twitter se tratara.

Quizás me he equivocado en el título. No debería ser #TeQuieroCoria sino #TeQuieroRodrigoCaro, porque ese nombre pasará a la historia de mi vida, a la más bella historia.

El 30 de enero inicié una nueva etapa en mi vida, una nueva profesión, la docencia. Años opositando desde 2004, con muchos sinsabores por errores propios e incompetencias ajenas. Como por ejemplo, no trabajar a partir de 2010 con una nota, que en condiciones normales, tendría que haber trabajado. O unas oposiciones canceladas en el último minuto -sin VAR mediante- por obra y gracia de un Gobierno que nos puso palos en las ruedas, zancadillas y todo lo inimaginable, llevándose por delante a muchos opositores que lo dejaron.

Nunca he conjugado el verbo “rendir” en mi vida. Siempre sabía que después de cada caída, había que levantarse, por muy dura que fuera. Llegó 2016 y aprobé en Huelva en un Tribunal donde de 120 personas terminamos 13. No fue una nota muy alta, pero aprobé.

Y gracias a ello y a mi persistencia y constancia, he conseguido lo que me propuse. Ejercer de profesor. Un error administrativo me hizo caer en el IES Rodrigo Caro de Coria del Río. Días antes, mi destino era Mairena del Alcor, pero no pudo ser. Y hoy, cuando escribo este artículo, doy gracias a esa persona que cometió dicho error y me mando a Coria.

Han sido unos meses intensos y a la vez maravillosos. Entrar el primer día en el instituto y encontrarte con el director que fue profesor tuyo cuando eras un adolescente no tuvo precio. En esta vida, donde somos miles de personas y donde creemos que dejamos de ver a las personas para siempre, no es así. La vida es un círculo donde tarde o temprano todos nos acabamos encontrando.

Si, “Te quiero Coria”, porque en ese instituto se concentraba la idiosincrasia y nobleza de un pueblo que había visitado una sola vez en su vida. Y no sólo hablo de mis compañeros o colegas de trabajo. También del alumnado y de sus padres y madres.

Como profesor de Geografía e Historia, mi obligación ha sido enseñar a los alumnos dicha materia. Pero, a veces, uno tiene que salirse de la piel de profesor y actuar como persona. No sólo se trata de que los críos aprendan los ríos de España o la Segunda Guerra Mundial. También hay que hablar con ellos, conocer sus inquietudes y saber porqué algunos no rinden. En eso tengo que decir que he realizado un Máster. Ha habido momentos que he hecho un trabajo que no era mi competencia, pero como persona que soy y después de lo que llevo vivido, no puedo mirar al lado hacia ciertas cosas. Hay alumnos y alumnas que no estudian porque no quieren. Otros, tienes problemas personales que a veces tienen que ser tratado de igual o mejor forma que la materia que le impartes en clase.

En ese sentido, he tenido un respaldo sensacional de todos mis compañeros. A veces hemos tenido alguna que otra discusión, pero siempre constructiva. Son alumnos, pero también son personas.

Doy las gracias a la acogida que he tenido en el IES Rodrigo Caro. Por favor compañeros, no me deis las gracias a mí, os las tengo que dar yo. Desde la limpiadora que me recibía amablemente todas las mañanas hasta el conserje. Desde el primer hasta el último profesor. Aquí si hago un aparte especial. Evidentemente, en un centro educativo, los interinos siempre se apoyan entre sí. Ya sabemos cuál es nuestra situación. Cuando las cosas vienen mal dadas, pues siempre buscas un hombro en el que apoyarte. Y esto suele pasar con los interinos o “intriorinos” como los llamaba una de mis compañeras, ahora amiga.

Dirección, Jefatura y el resto de cargos de responsabilidad. Gracias por lo que me habéis dado. No hay dinero en el mundo para pagar lo que habéis hecho por mí. Pasaré por muchos institutos, pero dudo que vea un equipo directivo como este.

Y ahora voy con mi alumnado. Me dan las gracias por correo electrónico diariamente. Cada uno que llega es como si la garganta se me atascara. Con algunos de ellos, he estado a punto de llorar de la emoción. Me dan las gracias. Chavales, no me las deis a mí. Os las doy a vosotros porque me habéis hecho feliz. Siempre seréis mis primeros alumnos y eso es algo que no olvidaré en la vida.

Me marcho con la satisfacción de que muchos de ellos hayan aprendido de mis conocimientos, pero quizás también con el orgullo de haber podido crear en ellos una mentalidad crítica y que sean mejores personas. Ya lo eran. Pero si he podido contribuir a ello, me alegro.

Si tuviera que hacer un análisis de cada alumno este artículo podría ser de 100 páginas. Y, al igual que no he citado el nombre de ningún profesor o profesora, tampoco lo voy a hacer de ningún alumno. Porque chavales, todos sois sensacionales. No hay día que no recuerde alguna anécdota en clase. Por eso os estaré eternamente agradecido.

Se suele decir que el primer amor es el que nunca se olvida. Pasaré por muchos institutos, pero el IES Rodrigo Caro ha sido “mi primer amor”. En un futuro, me “casaré” con otro instituto. O quién sabe. Como dije al principio, la vida es un círculo en el que al final, tarde o temprano, nos acabaremos encontrando. Pero si no es así, nunca olvidaré mi primer amor. Por eso #TeQuieroCoria y #TeQuieroRodrigoCaro.




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