Tengo una vaca lechera

Quizá muchos no lo recuerden, pero tras el desplome de la URSS y del llamado “telón de acero”, a comienzos de los 90, el tirano Fidel Castro, que hasta entonces se sostenía con los recursos que le proporcionaban los soviéticos sólo por ejercer de mosca cojonera del Imperio norteamericano, procedió a inventarse a cada desgracia sobrevenida una maragaña extravagante que parecía un chiste de circo y que la población asumía más o menos en silencio con desgana, hastío y displicencia.

Se acababa la gasolina hasta para hacer funcionar las guaguas del transporte público y entonces un buen día se presentaba el fakir caribeño en la TV y te metía un discurso de varias horas proclamando que la Revolussssión había encontrado el remedio a los problemas de desplazamiento con la próxima importación de un millón o tres de bicicletas chinas. Unos meses después se ponían en circulación unos cuantos miles de artilugios obsoletos a pedales que pesaban más de 20 kilos y que para ascender las rampas habaneras obligaban a los ciclistas a convertirse en Federico Martín Bahamontes…, y luego, todo seguía igual.

Cuando la carencia de productos básicos que meter en la cazuela se hizo flagrante y la gente comenzó a comerse hasta las esponjas del baño adobadas como si fueran ‘masitas de puelco’, al régimen comunista se le ocurrió otra de las suyas, que consistió en anunciar como un hallazgo sorprendente la próxima llegada de China de un invento prodigioso que ahorraría energía y acabaría con las molestias de la cocina: ¡la olla express!, obviando que el verdadero drama era qué poner dentro de aquel artefacto desconocido hasta entonces en la isla salvo un puñado de estrellas capturadas en las noches vacías en el malecón.

Y cuando la leche y la carne desaparecieron hasta del mercado negro, cierto día apareció Fidel en las noticias y desplegó durante horas su brillante de plan para acabar con la carestía de esos alimentos anunciando la próxima adquisición de un semental titánico de la raza Holstein (lo llamaron “Rosafé”) al que cruzaría con una vaca de leyenda de la misma especie con las tetas como calderas (“Ubre blanca, la vaca roja”, la apellidaron) y con las pacíficas vaquitas de la manigua para elevar la producción. El semental falleció en un estertor antes de un año, exhausto, después de haberle propiciado más de 20.000 eyaculaciones sin descanso al pobre animal que descubrió a lo bestia en qué consiste un buen plan quinquenal de estilo comunista que aspiraba a convertir en un océano de leche y esperma el Mar Caribe.

El sanchicomunismo de la sostenibilidad insostenible parece haber entrado en parecido delirio y a cada fiasco de gestión replican con una ocurrencia por la tangente, de tal modo que si disparan con impuestos el precio de la luz por la milonga de las energías renovables y el cierre de las nucleares, sale la ministra Calvo y argumenta que el dilema es quién enciende el lavavajillas o plancha a las 3 de la mañana y luego la ministra Teresa Ribera le explica a los ciudadanos el hallazgo del botoncito para programar los electrodomésticos a la hora de los fantasmas.

Los panfletos zurdos que hasta hace tres días alumbraban en sus páginas las exquisiteces de la cocina de Can Roca no tienen ahora el menor pudor en publicar loas y reportajes sobre el consumo de la harina de almorta, una semilla silvestre neurotóxica cuyo consumo elevado en forma de gachas provocó durante la posguerra, sobre todo en La Mancha, cientos de casos de una grave parálisis llamada latirismo y que tardó años en identificarse como la causante de aquel envenenamiento.

Muy pronto, es de suponer, nos recomendarán consumir achicoria en lugar de café y coleccionaremos las colillas de la calle que recogerán los niños a la hora del recreo (como propuso la abuela Carmena) para fabricarnos los cigarrillos de la hambruna.

Basta con escuchar a Sánchez referirse a la oposición con un mínimo respeto y que no los califica de fascistas o los embadurna con el tinte de ultraderechistas para saber que se encuentra en apuros muy serios. Cuando eso ocurre y se pone de ‘pater’ de la concordia, como ahora a propósito de los indultos catalufos, tienes la certeza de que el agua le llega al cuello y que ya no encuentra otro refugio salvo solicitar el comodín del buen rollito y propone crear “un nuevo nosotros”.

En el socialismo todo es un cuento nuevo y a estrenar (“el hombre nuevo”), menos la poca vergüenza que gastan por arrobas y el latrocinio que practican, que son más viejos que la tos.

He dicho.




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4 Comments

  1. Zoé dice:

    Pobre España. Lo que le espera no es jamón. Excelente artículo.

  2. José Mª Arenzana dice:

    Gracias, Doña Zoe. Ojalá seamos capaces de arrancarnos esta costra.

  3. Luis Mac-Beath. LuAnt dice:

    Fantástico por bueno, pero real como la vida misma. Te lo digo yo que ya lo viví. Coño que no lo tenga que repetir!!

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