Tarantino: la justicia de Los Bravos

 

La de los guateques fue la generación que bailó como si esquiara. Anoche en Canal Sur tv su programa “El legado” quiso y no pudo recordar los guateques. Su título pareció aspirar a contar una forma juvenil de reunión en los años 60. Pero no pasó de analizar la trayectoria de tres grupos españoles de la década bien llamada prodigiosa: Los Brincos, Micky y Los Tonys y, para cerrar y como broche de oro, Los Bravos.

Enrique Romero es, desde hace varios años, una de las buenas imágenes de Canal Sur TV, uno de esos profesionales a los que esperamos como supervivientes y permanentes de la cadena autonómica andaluza cuando por fin Canal Sur TV se libere y deshaga de un vergonzoso estilo.

Enrique Romero es una marca de naturalidad, una forma original de abordar sus misiones televisivas, una personalidad en lo gestual que cruza inconfundible y con sello propio lo mismo desde las tierras de una ganadería taurina a un plató con estrellas. Ignoro cuánto abarca y le compete en este entretenido espacio llamado “El legado”  (al que sigo desde su primera edición en 2016), pero desde mi opinión le faltan cosas y le sobran otras.

Le falta rigor en la elección de algunos de los intervinientes e invitados a título de críticos, a los que se les nota muy invitados fijos, pero malos de memoria y poco documentados, como cuando Ángel Casas se refirió varias veces a Jesús Glück como el organista encapuchado de Los Bravos y del que el grupo  -conjunto se decía entonces-  tuvo que prescindir por el rechazo del público a la macabra idea de Alain Milhaud. Fue precisamente Glück quien sustituyó definitivamente al músico con antifaz. O decir el presentador que Los Bravos surgieron en el espacio El gran Musical, de TVE, cuando lo fue de la Cadena SER y, por lo tanto, espacio radiofónico en directo.

Le sobran quienes cantan lo que las grandes figuras cantaron. Ni la hija de Juan Pardo pudo con la evocación de su genial padre en “Flamenco” de Los Brincos. Es mejor recuperar un vídeo de los archivos.

Por otra parte, la nostalgia es como una señora que con el paso de los años debe mantener la dignidad. Lo olvidó Miguel Vicens al afirmar que Los Bravos  siempre estarían abiertos a acoger el regreso de Mike. ¡Pero si Los Bravos ya no existen! Dejaron de ser en puridad desde el mismo momento en que en 1968 se reunieron en el madrileño Café Gijón para firmar el contrato de disolución que originó la carrera en solitario de Mike Kennedy.

Una repesca de “¿Qué pasó con?”, de Consuelo Berlanga, facilitó una entrevista del gran ausente en “El legado”, Mike Kennedy, en la que se lamentaba de que se equivocó abandonando a Los Bravos debido a los malos consejos que recibió de algunos haciéndole creer en su futuro como solista. Eso no es hacer honor a la verdad, porque Mike Kennedy tenía una voz privilegiada, de una tesitura portentosa, un prodigio vocal convertido en la gran identidad de Los Bravos, y llegó a situarse entre los tres mejores cantantes españoles de la época, junto a Raphael y Joan Manuel Serrat. Las hemerotecas y las listas de éxitos de entonces están para demostrarlo. Pero la profesionalidad del alemán no estuvo a la altura de los otros divos. Sus informalidades y escándalos en el mal cumplimiento de sus contratos fueron erosionando la confianza de los empresarios. Se hundió a sí  mismo. Probablemente creyó que el éxito es vitalicio. Raphael y Serrat lo han trabajado todos los días durante cerca ya de sesenta años.

Acertadas y juiciosas fueron las palabras de Tom Martín y Fernando Martínez -fernandisco-, este último dio en la piedra de toque del fenómeno Bravos, refiriéndolo como una aportación musical absolutamente novedosa, con pasaporte a mercados inaccesibles para España, como Inglaterra y Los Estados Unidos, midiéndose en los hits nada menos que con Beatles.

Por lo demás, Brincos y Micky Los Tonys rellenaron muy bonito el espacio dejado desde el centro por los míticos Bravos. Los Brincos tuvieron fotos en Londres con capa española, pero nunca unas canciones a la altura internacional de “Black is black” o “Bring a little lovin”. Fueron magníficos, pero dentro de nuestras fronteras. Para explicarlo lo más comprensible a las nuevas generaciones, Los Bravos y su “Black is black” fueron el más representativo antecedente de Los del Río y “Macarena”.

Y para terminar, y en cualquier caso, España siempre ha necesitado que algo sea importante en el extranjero para que lo sea para nosotros. Las bendiciones de fuera permiten las nuestras. Diría que Tarantino ha generado con su última película “Érase una vez en… Hollywood”, cuyo tráiler se ha hecho con “Bring a little lovin”, la justicia a Los Bravos, que fueron mucho más que una legendaria canción, un planeta musical en sí mismo digno de analizarse con profundidad. “El legado” ha sido un buen ejemplo de una voluntad que no debiera agotarse.




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