Tablillas de Itálica. SACRIFICIO

Que el más fuerte, el más inteligente, el mejor, el superior se sacrifique (hasta la muerte si preciso fuera) por el débil y el indefenso es un desperdicio que va contra las leyes de la naturaleza. Esa fue la idea matriz del pensamiento nazi.

Y, sin embargo, ese sacrificio del fuerte es lo que distingue al espíritu noble, al aristócrata en el sentido literal del término. Nada que ver tal aristocracia con el color de la sangre o la etnia originaria. Una terrible aporía: los mejores se extinguen y debilitan al servicio de los más. Cada vez menos excelencia, cada vez más mediocridad.

Es la paradoja del cristianismo. Nietzsche se equivocaba al ver en la religión cristiana el refugio de los cobardes, de quienes tienen mentalidad de esclavo, de los descartados; pues ¿cómo ver cobardía en la impasibilidad ante el horrible griterío de “cristianos a los leones?”.

Mas la paradoja sigue ahí: si el cristianismo es, contra Nietzsche, la religión de los valerosos y de los dispuestos a los leones su desaparición está cantada. ¿Es esa realidad contradictoria, el significado profundo de “si la semilla no muere…”?




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