Tablillas de Itálica. RABIA

Allá por los años 80 del siglo pasado, a invitación de la Fundación Gramsci y del Partido Comunista de Italia (hoy desaparecido junto con el socialista), participé en un ciclo de conferencias en Bolonia. Tuve la ocasión entonces de tratar con algunos dirigentes políticos y ver de cerca la actitud de los ciudadanos hacia la cosa pública. Les apasiona, pero no les turba. La toman como un juego inteligente, disfrutan con ella y la comentan como se comentan las jugadas brillantes de un torneo de ajedrez.

Nada que ver con España. Aquí, desde 1812, la política es rabia, calumnia, odio, venganza y envidia. No hay adversarios, sino enemigos a los que se debe destruir como persona; y como no existe la pena de muerte lo mejor es que acaben en la cárcel de por vida.

Italia acaba de ver ganar a la Meloni y allí se lo están tomando con calma e interés. Incluso sospecho que les gusta el sonoro nombre con que se califica a su coalición: ultra, ultraderecha, ultramar, plus ultra.

En España, cual no podía ser de otro modo, qué escándalo en los medios. Es cierto que los diarios (en papel o digitales) han reaccionado con ecuanimidad y raciocinio. Mas nuestras televisiones, por el contrario, experimentan otro de sus habituales ataques de histeria y alarma fingida: incendios a consecuencia del cambio climático, lluvias torrenciales a consecuencia del cambio climático, Meloni gana a consecuencia del cambio climático. El fin del mundo.

Apenas concluyó el escrutinio en Italia, el gobierno progresista español hizo dimitir al presidente de la RTVE. A partir de ahora los telediarios de La 1 incluirán a Italia entre los países abominables contra los que predicar sin desmayo. Nuestra televisión gubernativa debe creer que sus opiniones tienen una gran influencia en la política italiana.




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