Tablillas de Itálica. Extraño silencio

En medio de la bulla y el bullicio de las fiestas navideñas, sobre las que pende la espada de Damocles de nuevos y más severos confinamientos, me doy cuenta de repente de un raro silencio: algo de lo que se hablaba como cosa natural y que ha dejado de hablarse de la noche a la mañana. ¡Chitón!

En los primeros días del advenimiento de la vacuna que nos va a salvar a todos se explicaba una y otra vez cuáles serían los grupos de población que se vacunarían antes: los médicos y sanitarios, los ancianos de las residencias y, después, los mayores de setenta años. Justo, razonable y humanitario.

Mas he aquí que las televisiones han dejado de mencionar a los mayores de setenta años no recluidos. El nuevo discurso es éste: primero se vacunarán los sanitarios, a continuación los residentes en los geriátricos y, por fin, todos los demás. ¿El primer viejo que llegue corriendo? Es posible que me equivoque y yo sea un desconfiado, aunque con el mal tono creciente con que se trata a los viejos que andan solos por la calle cabe temer lo peor. Para nuestra sociedad del descarte somos parásitos.

Sin duda puede ser un simple olvido de las noticias televisivas, pero la pandemia no está favoreciendo la solidaridad con los más veteranos y que siguen siendo libres. He visto miradas de un odio feroz. Ausentes los dioses preceptores es natural que desaparezca con ellos el prestigio de los ancianos, consejeros de la tribu. No es casualidad el lenguaje ignorante de los nuevos políticos de la gobernanza hacia quienes les precedieron, ni el desprecio irritado que sienten hacia la Transición. Todo va unido.




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