Tablillas de Itálica. CONTAGIO

El pasado 23 de diciembre la revista ‘El Cultural’ publicaba un largo artículo de David Barreira sobre “el desengaño de Simone Weil en la guerra civil”. En los titulares y entradillas se decía que “la influyente filósofa francesa se enroló en la Columna anarquista de Durruti (y) fue herida” siendo repatriada a Francia. Exacto. Pero tales titulares callan que no fue herida en combate sino guisando en la cocina con aceite hirviendo.

Ciertamente, a lo largo de su artículo Barreira nos aclara que, en efecto, Simone se quemó mientras guisaba, aunque añade de inmediato que el accidente tuvo lugar durante un ataque enemigo. Pues tampoco. Simone Weil nunca fue combatiente, la colocaron de cocinera y jamás estuvo bajo las balas del ejército franquista. Entonces, ¿a qué viene este tonto ocultamiento?

Pues viene a cuento de que es un ejemplo más del contagio de la corrección política que alcanza a una derecha falta de ideas y cuya vaciedad se rellena con toda clase de virus ideológicos; un fenómeno muy visible en los suplementos culturales de periódicos conservadores, suplementos cada vez más parecidos al “Babelia” de “El País”. La derecha consuetudinaria española vive bajo el persistente temor a que la llamen fascista. Y así, este año, hasta en la retrasmisión de las doce uvas por la tele hemos visto a La 1 y Antena Tres soltando sendos sermoncitos laicos conceptualmente idénticos (ellos y ellas, solidarios, sostenibles, ecologistas, feministas, puritanos… Ay, aquellos divertidos tiempos de Ciciolina en la televisión pública española). De modo que Simone Weil fue una heroica miliciana aunque la Historia diga lo contrario. Incluso en mínimos acontecimientos sin importancia la narración histórica debe ser expurgada por la censura de la progresía.




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