Tablillas de Itálica. CIVILIZACIONES

Cuando en mayo de 1968 París parecía hundirse en el caos y en la anarquía, junto con el resto de Francia y otras grandes capitales de Occidente (Roma, Berlín, Londres, Bruselas, México…), el general De Gaulle, presidente de la República, estaba convencido de encontrarse ante una revolución comunista. “No, mi general -le explicó su primer ministro Pompidou-, estamos ante un cambio de civilización”. Y así era; Occidente cambió y hoy somos herederos directos de aquel tumulto.

A lo largo de la Historia se producen a veces súbitas y radicales alteraciones de paradigmas, de imaginario colectivo, de costumbres, de creencias, de concepciones políticas; luego los historiadores discuten si ese cambio inesperado supuso un progreso o un retroceso hacia la barbarie.

¿Está generando la pandemia una nueva sociedad europea? No soy optimista.

Existen indicios estremecedores: un futuro de pobreza y miseria, una insolidaridad universal fruto de confinamientos encadenados, una creciente pérdida de libertades, una degradación de la enseñanza; también un vacío de poder. No porque los gobiernos occidentales hayan perdido autoridad – al contrario, cada vez vivimos más controlados por el poder político-, lo que han perdido es la “auctoritas”, es decir, el prestigio, la confianza de los ciudadanos. Ni un solo hombre de Estado en el mundo de hoy, sólo mediocridades incapaces. Churchill, Adenauer, De Gaulle, Mitterrand, Roosevelt en Estados Unidos, Nehru en la india, Golda Meir en Israel ya no están aquí para indicarnos los caminos de salida.

Enseña la Historia de la Cultura que los bruscos cambios de mentalidad pueden dar origen a nuevas estructuras sociales y políticas que se mantengan durante siglos. Desde el fin de la civilización romana hasta el amanecer del Renacimiento pasaron casi mil años.




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