Cuando a Pilar Rahola le preguntaron en un programa de televisión que si ella creía en el derecho a decidir de todos los catalanes lo afirmó con rotundidad. El problema vino con el matiz, “¿incluidos los habitantes del valle de Arán podrían decidir separarse de Cataluña?”. Entonces saltó como una energúmena, negando que el valle, tantos años olvidado hasta que en franquismo le hicieron una carretera digna por la que poder comunicarse, no fuera parte de Cataluña; de la suya, claro, de la que se quiere independizar del resto de España. Pues bien, al “procés” le ha salido una roncha, y bien grande. Se llama Tabarnia. Y existe. Lo que empezó siendo una broma toma viso de convertirse en un arma de doble filo que puede frenar las ansias supremacistas e hispanófobas de los separatistas. Tabarnia es la conjunción de Tarragona más Barcelona, toda la zona costera donde el movimiento secesionsista no es mayoría. Allí Ciudadanos ha conseguido su mayor éxito. Tabarnia se proclama como una zona que está harta del monolingüismo, del atraso cultural que supone la identidad nacionalista basada en los payeses del interior de Gerona y Lérida, de que con sus impuestos mantengan una Generalitat que sólo busca dividir, entre los buenos y los malos catalanes, y no progresar. Ellos se declaran cosmopolitas, anti independentistas, pro españoles y europeos. Y lo que es mejor, reclaman que si existe el derecho a decidir, también se les aplique a ellos y se puedan convertir en una comunidad autonóma como Madrid, de la que han aprendido que progresa porque allí a nadie le cuestionan ni de dónde viene la gente ni les importa.

Mapa de cómo quedaría Cataluña dividida

Mapa de cómo quedaría Cataluña dividida

 

El movimiento “Barcelona no es Cataluña” empezó en las redes sociales y va tomando fuerza. Emplea el mismo argumentario, con el único fin de ridiculizarlo, que el secesionismo, “Cataluña nos roba”. Barcelona y su corona metropolitana supone el 73,8 por ciento de la población catalana, pero gracias a la Ley D´Hont sólo obtiene el 63% de los escaños. Es más, su aportación al PIB es el 87 por ciento y sólo reciben un 59% de los gastos de la Generalitat. Por ahora los partidos políticos constitucionalistas, los mismos que dudaron hasta el último momento de aplicar el 155, no le hacen caso a Tabarnia. Pero Tabarnia puede ser el mejor antídoto contra la sinrazón sentimental de un pueblo engañado. A la Cataluña pueblerina le están sacando los colores.