A las 18 h 45 m de ayer, una hora poco taurina, pero sí política y con unos nervios evidentes por la ocasión, vestida de azul, Susana Díaz comparecía ante los medios de comunicación en el día de ayer después de haber celebrado un consejo de gobierno, en el que, de manera extraordinaria, se acordó la disolución del parlamento andaluz, a fin de celebrar unos comicios electorales el próximo dos de diciembre.

La excusa oficial para la convocatoria de las elecciones fue la retirada del apoyo por parte de Cs al pacto de legislatura, así como la imposibilidad de aprobar los presupuestos generales de la comunidad autónoma para 2019 y la imposibilidad de aprobar otras leyes importantes, como la ley de igualdad.


También la presidenta de la Junta ha señalado que, a la hora de tomar esta decisión de adelanto de elecciones, uno de los motivos fundamentales ha sido el buscar que se produzcan unas elecciones con “sabor andaluz”, cosa que podría verse difuminada dados los acontecimientos que se están produciendo a nivel nacional y en los que se prevé que el protagonismo de la región no sería el adecuado dada la situación política nacional.

Una vez contada la versión oficial, que queda muy bonita pero que de realidad tiene poco, cabe decir que esta convocatoria de elecciones autonómicas por parte de Susana Díaz, no ha tenido otro objetivo que buscar el momento más oportuno para sus intereses y evitar a toda costa la posible coincidencia con la celebración de unas elecciones generales anticipadas. Teniendo en cuenta que la estabilidad del gobierno de Pedro Sánchez, su “intimo enemigo”, no es demasiado sólida; teniendo en cuenta que hasta uno de sus aliados, Podemos en este caso, ya está anunciando que, en las actuales condiciones, no le aprobará los PGE.

Susana Díaz ha estado esperando el momento menos malo para la convocatoria de estas elecciones, pues desde que Pedro Sánchez accediera a la presidencia del gobierno, todos sus gestos hacia Andalucía han sido negativos tanto por no concederle la financiación autonómica acordada en un dictamen aprobado por la mayoría del parlamento autonómico, poner en riesgo los puestos de trabajo de 6.000 trabajadores de Navantia, por las decisiones de la ministra de defensa respecto a la venta de armas a Arabia Saudí y sobre todo, por la situación que la política de puertas abiertas que el gobierno de la nación ha demostrado respecto a la inmigración, con  la llegada de barcos de ONG a puertos andaluces, unido al hecho de que el incremento de pateras a los puertos de recepción ha sido casi el triple del año anterior, con lo que ha provocado que los ayuntamientos se hayan visto colapsados tanto en espacios de acogida como en presupuestos para prestarles atención.

Indudablemente, otro de los aspectos que ha originado esta disolución de la legislatura que hará que el parlamento que salga de las urnas se constituya el próximo 27 de diciembre, ha sido la corrupción y la cercanía del fin del juicio del caso ERE, en donde dos de sus mentores y expresidentes de gobierno en la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, están siendo enjuiciados por el caso de los ERE, así como otros casos que están surgiendo como el denunciado en la mañana de ayer por el presidente del PP de Andalucía Juan Manuel Moreno, que esgrimiendo un informe elaborado por la unidad UCO de la Guardia Civil, se denunciaba el gasto de 32 mil e por parte de directivos de la Junta de Andalucía en prostíbulos, cocaína y francachelas.

En definitiva, Susana ya ha conseguido lo que quería, que era el no coincidir con Pedro Sánchez en elecciones, pero ahora queda que los andaluces dictaminen si quieren que este régimen que lleva 40 años en el poder continúe, o apuestan por una alternancia política que dé lugar a que otros partidos accedan al poder, abran las ventanas de nuestra Andalucía y den lugar a una regeneración democrática y un impulso a una sociedad que está demasiado resignada dada la calidad de los políticos que nos han gobernado, de manera que los andaluces parecen vasallos, cuando en realidad está en sus manos el conseguir que Andalucía deje de ser la última en estadísticas, la comidilla de las regiones que no avanzan en desarrollo y sobre todo, la región que quieren sus habitantes, una región próspera y puntera en España y en Europa, para lo cual está perfectamente capacitada, pero mal gobernada.