LOS JUEVES AL SOL

Tienen las antiguas tabernas esa indescriptible esencia de verdad que es difícil de encontrar en las decoraciones “a la antigua usanza” de los modernos bares turísticos de diseño. Franquicias y otros inventos de la neo-gastronomía, vacuos sucedáneos de lo auténtico. Los castizos siempre apellidaron “con solera” a aquellos tabernáculos donde lo único que se muda es el almanaque. Y como estamos en la época de renovación de los almanaques, recuerdo el cambio del gobierno de España que sucedió durante el año que termina. Un gobierno que siendo sietemesino, tiene un presidente que quema más queroseno que cerveza se tira en la plaza de los carros un jueves al sol. Menos Falcón y más Montesión.


Les confieso mi estupor cuando se renombraron los “nuevos ministerios”. Por cierto, Nuevos Ministerios eran aquellos vetustos edificios de Madrid donde franqueaban el paso los ordenanzas y escasos funcionarios despachaban los asuntos oficiales. Eso fue in illo tempore, antes de que existieran diecisiete estructuras de poder faraónico, perdón, autonómico. Siempre he considerado que la longitud y pomposidad del nombre de un órgano administrativo será inversamente proporcional al beneficio que producirá en el pueblo. Así por ejemplo, “Hacienda”, nombre corto donde los haya, pues no vean ustedes lo que aprieta ese ministerio; más que un banco a un autónomo para renovarle el crédito. Y a la contra, como paradigma de nombre largo ahora tenemos al “Ministerio de transición ecológica”. Resulta que existe vida en la tierra desde hace unos cuatro mil millones de años, pero el “doctor” Sánchez ha decidido que estamos en plena transición ecológica. Ojo a las noticias procedentes de Estocolmo, que pudiera venir de camino un premio Nobel de Física.

Sin embargo, no me digan ustedes carísimos lectores, que el nombre no es evocador. A un servidor, por similitud fonética, sonó desde el principio como ministerio de “TRANSICIÓN ENOLÓGICA”. Que es tanto como decir que es el ministerio del tiempo. Porque puestos a elucubrar formulaciones físicas y químicas, entiendo que al igual que el planeta tierra tarda un año en orbitar alrededor del sol, también se genera una fuerza dentro del ser humano que invoca y aboca al consumo de vino tinto o blanco según la estación del año. Es lo que denomino transición enológica. La misma que se produce un buen día de octubre, usualmente entre El Pilar y Los Santos, cuando el cuerpo pide viajar a Haro, Peñafiel o Valdepeñas. Y vueltas las tornas, también existe un camino de regreso al sur que según los hábitos particulares de cada cual sucede entre el Miércoles de Ceniza y el Lunes de Pentecostés. Cual humanos trashumantes, al fin y al cabo animales de costumbres, el cuerpo pedirá en algún preciso y precioso momento peregrinar hacia Jerez, Sanlúcar y El Puerto.

Así, en cualquiera de esas tabernas que ustedes conocen tan bien como sus parroquias, llegado el mes de noviembre leerán que la tiza escribió sobre la pizarra “Hay mosto nuevo”. Y cuando llegue mayo, “Hay caracoles”. Pura transición vital. Pero lo importante de veras es que habrá mucha humanidad durante los trescientos sesenta y cinco días del año de ese almanaque que ahora se muda. Llaman solera a la bota de vino de la andana que está más cerca del suelo. Y gozan de solera los tabernáculos que se convierten en una extensión del salón de casa, donde con más o menos conversación podremos estar en familia. Están muy cerca del suelo esos sagrados lugares en grave peligro de desaparición, donde sus dependientes y parroquianos son la escasa familia de quien no tiene ninguna. Dios bendiga siempre a los taberneros con solera por dar de beber al sediento y amparo al peregrino de la vida.

Muchos de los almanaques que ahora se cambian llevarán impresa una imagen de la Santísima Virgen María. Por eso mismo, las tabernas con solera quedarán perpetuamente bendecidas y serán Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos y Auxilio de los cristianos.

Jesús que nació en Belén

bendiga nuestros hogares.

Y a quienes solos estén

Dios los ampare en los bares

junto a nosotros también.