Socialistas en misa

La reelección del actual alcalde de Sevilla es tal vez lo menos trascendente del último lote que llevamos de elecciones recientes. Era lo previsto; socialistas y simpatizantes tan contentos, y el resto, más que resignados.

Pero en Espadas se da un hecho curioso y comentadísimo, y elogiadísimo. Resulta que es cristiano y practicante; que va a misa. Muchas personas tradicionalmente de derechas han anunciado orgullosamente que “esta vez votarían a Espadas”. Nada que objetar, faltaría más, a la libertad de voto. Como espero que nadie objete a la libertad de hacer los siguientes comentarios.

Es curioso que lo mismo que en un político “de derechas” se ha considerado mil veces como la prueba definitiva de ser el sujeto rancio y retrógrada (ir a misa, claro), eso mismo, si se da en un socialista, es aplaudido como la última originalidad. Entre sus filas no le perjudica – ya digo, es una originalidad, una extravagancia muy perdonable; y en las filas contrarias, bueno…¡qué voy a decir! Deleite; casi éxtasis. Sensación de que el ser cristiano practicante queda revalorizado. Ganas de darle las gracias, las gracias. Recordemos el caso de Bono: desde que se supo que “iba a misa” pareció convertirse en la figura favorita de cardenales y obispos, y los ponían juntitos en las bodas reales…

Diríase que muchos católicos sufrientes sienten algo así como: “¡Qué alegría, qué alegría! Resulta que lo de “ir a misa”, algo tan criticado, tan objeto de burlas en mil situaciones (pensemos por ejemplo en los jóvenes, en el ambiente predominante en las universidades…), pues ahora, ¡ay, qué bien!, también puede ser de progres”. Ole, Juan Espadas.

Si hablamos del punto de vista puramente cristiano, obligado será alegrarse de que haya una oveja más en el redil – independientemente de quién sea. Lo que no veo es el motivo para sentirse como “halagados” cuando la oveja es un político socialista, ni para sentir que a los cristianos (los que hemos solido ir a misa sin recibir jamás aplauso por ello, más bien desprecios y burlas) se nos hace un “favor”.

“No veo el motivo…”. Tal vez sí lo veo, pero sería largo y enojoso el analizarlo.  Vayamos a otras cosas. El reelegido alcalde dijo durante la campaña que él “no va a bajar impuestos por bajarlos”. Monumental afirmación (“bajarlos por bajarlos, no”) que creo no ha recibido la atención que merece.

Imaginemos que un político afirmara: “No hay que mejorar la sanidad por mejorarla”. O bien que pregonara: “Mejorar la seguridad por mejorar la seguridad, eso no”. ¿Sonaría extraño, no? Pues decir “bajar los impuestos por bajarlos, eso no” es igual de disparatado. Que nadie parezca advertirlo es un síntoma tremendo  de cómo hemos aceptado nuestra condición de siervos de la gleba, a expensas de la voluntad de su señor.

Y seguramente es cierto lo que todos dicen, que el alcalde es persona afable y muy educado, y muy cristiano por ende. Pues muy bien. Más lo era Zoido y nunca oí que lo alabaran por eso.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *