Sobre manadas 

Pese a que el Diccionario define manada como el conjunto de ciertos animales de una misma especie que andan reunidos, y lo aplica expresamente tanto a pavos como a lobos, el uso más habitual del término suele evocarnos el modo de caza en grupo de los animales depredadores contra una presa.
 

 Durante estos días en Pamplona se ha venido celebrando el juicio de cinco jóvenes sevillanos (que se autodenominaban en las redes sociales «La Manada») acusados de violar a una joven en los sanfermines de 2016, y que llevan en prisión  preventiva desde esa fecha. Por las informaciones que nos han ido llegando del juicio, celebrado a puerta cerrada, ellos justifican su inocencia delictiva en que hubo consentimiento de la supuesta víctima, si no expreso y verbal, sí tácito y gestual; manteniendo que la joven no se opuso a lo que le hicieron, o no se negó de una forma evidente. 

Al margen de la sentencia que dicten en su momento los jueces tras las pruebas practicadas en el acto del juicio (que es lo que verdaderamente vale), reconozcamos que la sola imagen de cinco tipos fornidos manteniendo relaciones sexuales con una chica de apenas 18 años en la lobreguez de un portal, resulta ya de por sí repugnante. Aunque ¡cuidado!, porque opinar esto hoy resulta políticamente incorrecto, ya que la norma que dicen que rige en este tema es que todo vale si existe consentimiento entre las partes. Y en ese todo vale se incluyen los tratos vejatorios, humillantes e incluso violentos. Ahí está la exitosa «Cincuenta sombras de Grey» para confirmarlo; una obra que si no la hubiera escrito una mujer, habría sido objeto de múltiples condenas.  

Cuando se trata de analizar el consentimiento sexual desde el aspecto jurídico penal, aun no existiendo actos de manifiesta violencia, el consentimiento plantea serios problemas respecto a su libre prestación si la relación tiene lugar en determinados ambientes y situaciones, pudiendo resultar muy afectado, tanto en la apreciación de la realidad respecto a la voluntad y toma de decisión, como en su libre prestación, al concurrir -o ser buscadas voluntariamente por alguna de las partes- determinadas circunstancias. Como sucede, por ejemplo, cuando ha existido ingesta de sustancias que operan sobre la percepción y la voluntad, o cuando existe intimidación por alguna de las partes. 

También hay casos en que el número de depredadores y presa se invierten, quedando la «manada» constituida por un solo sujeto, mientras que sus víctimas pueden llegar a ser numerosas. En estos casos el cazador se acerca a sus piezas una a una, prevaliéndose de su especial superior situación basada en una relación familiar o de dependencia laboral o en el ejercicio de una de esas profesiones que exigen que la víctima haya depositado su confianza en aquél. Son los casos dónde, al gozar el depredador de un privilegiado estatus y posición sobre sus presas, se aprovecha de sus malas artes para atacarlas cuando están bajo su ámbito de influencia, sin necesidad alguna del uso de la fuerza. Se trata sin duda de otro tipo de manadas…, pero en estos casos lo difícil no es ya demostrar si hubo o no consentimiento por parte de la víctima, sino si hubo la relación que la víctima denuncia; dado que las denuncias suelen materializarse pasado un tiempo, una vez que se ha podido salir de la órbita de caza del depredador. Por eso la prescripción, constituye el mejor aliado de estos depredadores.


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