Slim. Una vida de película

El genial, excentrico, provocador, narcisista, Truman Capote  pronunció estas palabras, “el estilo es lo que uno es”. A lo largo de su vida intentó rodearse de personas con ese “éstilo” que el reconocía como espejo del suyo propio. Entre esas personas estaban un grupo de mujeres, a las que llamó sus “cisnes”, y que tenían en común la belleza física, la elegancia,wl estilo…. y el dinero. Reinas de la alta sociedad neoyorquina  que se caracterizaban por haber accedido a su posición a traves de buenos matrimonios pero que tenían una gran inteligencia y fuerte personalidad. El autor de “A sangre fría” proponía “crear todo un ambiente estético” alrededor de uno mismo para contagiarse de el y “ser tu propia obra de arte”. Slim Keith fue uno de esos cisnes que cumplieron a la perfección esas máximas. 

“Cómo me casé por amor, estatus y dinero y pudé conservar dos de los tres cuando los matrimonios terminaron”. Así retitulo el New York Times las memorias de Slim Keith, orginalmente llamadas “Memories of a rich and imperfect life”‘,  cuando falleció, el año 1.990.

Lady Keith, como acabo siendo llamada merced al título nobiliario que obtuvo por matrimonio con un lord inglés, presumía a menudo de no haber trabajado un solo día en su vida.

Nacida en Salinas (California) en 1917 de padre empresario y madre ama de casa, y bautizada como Mary Raye Keith, siendo una adolescente de dieciseis años quiso dejar el instituto y viajar, y así fue como dió a parar en el llamado “Valle de la Muerte”. Allí, en un lujoso rancho, conoció a William Powell, el famoso actor protagonista, entre otras, de la serie de películas basadas en la novela de  Dashiell Hammett “El hombre delgado” (si, aquellas en que aparecía uno de los primeros canes famosos de la  cinematografía, con permiso de Rin Tin Tin y de Lassie, ese terrier lamado Asta, que fue interpretado por el “actor canino” Skippy), que fue el que le dió el sobrenombre de Slim (delgada), que ya la definiría para siempre.

Ese Valle (el Death Valley) fue escenario desértico de muchos wésterns y hasta de la primera Star Wars, y años después de que Slim lo visitara, en noviembre de 1968, allí se estableció Charles Manson junto a la que se llamó “La Familia Manson”, ocupando dos ranchos abandonados poco antes de cometer el asesinato ritual de la actriz y esposa en aquel entonces del director franco-polaco Roman Polansky, Sharon Tate, embarazada de ocho meses y medio, a la que mataron a puñaladas junto con cuatro amigos más en la propia casa del matrimonio mientras Polansky estaba en Londres preparando un rodaje. El dramático asunto aparece reinventado por Quentin Tarantino en una de sus últimas películas, “Érase una vez en Hollywood”, pero esa es otra historia.

Y hablando de historias dramáticas, Slim tabién tuvo una en su infancia. Su hermano se prendió fuego accidentalmente mientras su madre les contaba un cuento y murió.

Además de inventar su apodo definitivo, William Powell la introdujo en el mundillo de Hollywood presentandole al multimillonario magnate de la prensa William Randolph Hearst, y a su amante, Marion Davies, cuya historia sería llevada al cine por Orson Welles en “Ciudadano Kane”.  

Y como Slim no estaba dispuesta a que la tragedia y el drama marcaran su vida, dejó atras su tragedia familiar y su propia vida en la casa de Salinas y pronto se convirtió en una de las mujeres más elegantes de los años 30.

A los veintidos años ya había aparecido en varias revistas de moda, entre otras la famosa Harper’s Bazaar. Alternaba con las grandes estrellas de aquel glamouroso Hollywood, desde James Stewart a Cary Grant, desde Gary Cooper a Clark Gable, con el que tuvo un breve affaire, como también lo tuvo con Hemingway, de quien siempre seguiría conservando la amistad. 

En 1938, en una de las sofisticadas fiestas que se daban continuamente en esa meca del cine que ya dejó de existir hace tiempo, conoció al gran Howard Hawks, casado en aquel entonces con la hermana de la actriz Norma Shearer, Athlole, también actriz, de quien tenía tres hijos (uno adoptado y dos naturales). Athole era asidua a los hospitales psiquiátricos, un factor que contribuyó a su trabajo limitado en el cine, sobre todo por su larga lucha con el trastorno bipolar, un trastorno que probablemente también padecía su padre. Su condición y los problemas personales asociados con la enfermedad resultaron ser perjudiciales para su carrera cinematográfica y también para la vida personal. Pasó muchos años en instituciones mentales hasta que su trastorno fue diagnosticado correctamente. Es de suponer que la disipada vida sexual de un depredador como Hawks durante el matrimonio no fue ajena a esos problemas, bien como causa, bien como efecto, o en ambas circunstancias. 

Hawks intentó ligar con Slim con el viejo truco de proponerle ser actriz. Ella contestó que no a la proposición y esto lo dejó tan impresionado que Hawks, hombre elegante, culto y comquistador, cayó rendido a los encantos de Slim, con quien mantuvo en principio una relación extramatrimonial para, tres años después, divorciarse y casarse con ella. Tuvieron una hija juntos y, aunque el matrimonio duró tan solo hasta el año 49, su relación fue intensa y también extremadamente productiva en lo artístico: Slim, ojeando la misma revista Harper´s Bazaar de la que ella habá sido varias veces portada,  descubrío a una chica de diecisiete años llamada Betty Joan Perske, rubia, alta, elegante, como ella, y se la propuso a su marido para que protagonizara, junto a la gran estrella de “Casablanca”,  Humphrey Bogart, la película que proyectaba y que se llamaría “Tener y no tener”, corría ell año 1943.

Basada en una novela del amigo de Slim y Hawks, el que fuera pocos años despues galardonado con el premio Nobel, Ernest Hemingway, la película fie el producto de una apuesta entre los dos amigos, Hawks y Hemingway: el director apostó con el escritor que sería capaz de llevar al cine la que el mismo consideraba su peor novela y convertirla en una gran película, y la historia del cine nos demuestra que Hawks ganó la apuesta. Ello fue posible gracias al guión de Jules Furthman y nada menos que el que también sería premio Nobel, William Falkner (Hawks es autor de la frase “Soy tan cobarde que hasta que no tengo un buen guionista no quiero hacer una película”), y a la maestría del propio Howard Hawks, que, como dice José Luis Garci, es el único director de cine que tiene varias obras maestras en cada uno de los géneros cinematográficos. 

En la película, el personaje que interpreta esa joven, se llama, no por casualidad, Slim, y la química con el personaje protagonista, el Harry Morgan que interpreta Bogart (que también usa en el film el apodo de Howard Hawks, “Steve”), es tan palpable que irremediablemente se trasladó poco después a la vida privada de ambos (baste recordar esa escena en que ella le dice a el, con voz aspera, ronca, aguardentosa diriamos por estos lares, mientrás fuma un cigarrillo: “Si me necesitas, solo tienes que silbar. ¿Sabes silbar no, Steve?, ya sabes…juntas los labios y soplas”…..). Poco después del rodaje Bogart se divorció y se casaron.

Entre la verdadera Slim y Hawks le cambiaron el nombre a la nueva actriz y así nació un mito del celuloide que había heredado todo de su descubridora: su estilo, su elegancia, su carácter, la manera de moverse, de vestir, de fumar (Hawks también intervino en esto, el director comentó a la jovencia modelo reconvertida en femme fatale que, para él, no había nada menos atractivo que una actriz de voz chillona, y le aconsejó fumar además de gritar versos de Shakespeare durante horas todos los días en las colinas de California, para lograr esa voz característica del personaje ..). era, para la posteridad, Lauren Bacall.

No fue la única aportación de Slim a la mitología cinematográfica.  También se cuenta de sus largas conversaciones en los descansos del rodaje con un desmoralizado Montgomery Clift, acobardado por enfrentarse, en su primer papel en el cine, a un inmenso John Wayne, en la obra maestra, también de Hawks, “Rio Rojo”. Ella fue la que consiguió infundirle confianza para afrontar ese reto y salir de el convertido ya en una estrella y otro futuro icono del cine.

   

Las continuas infidelidades y devaneos del ligón Hawks cansaron a Slim, que se llevó a la hija de ambos, Kitty, y se trasladó a La Habana con Hemingway, donde conoció al que sería su segundo marido y gran amor, según ella, de su vida, el productor de Broadway Leland Hayward, millonario y famoso gracias al montaje de “The Sound of Music” (Sonrisas y lagrimas aquí), que había sido novio de Katherine Hepburn y en ese momento estaba casado con la actriz Margaret Sullavan (la protagonista, entre otras, de “El bazar de las sorpresas” de Ernst Lubitsch o “Tres Camaradas” de  Frank Borzage, que más tarde se casaría con Henry Fonda) con quien tenía tres hijos. Slim y Hayward se divorciaron para poder contaer matrimonio enseguida. Ella, con su indiscutible buen gusto y estilo refinado, aconsejó y dió ideas para producir nuevos espectáculos a su flamante marido con el que se compenetraba a la perfección en lo personal y lo profesional….Pero el destino de Slim era que los hombres le fallasen…o no, porque también ella tuvo sus deslices. 

Uno de ellos parece que fue con Frank Sinatra (que también lo tuvo con la otra Slim, Lauren Bacall, mientras Bogart, uno de los mejores amigos de Sinatra, convalecía del cancer de pulmón que finalmente lo mató….pero esta tambien es otra historia), y también mantuvo un largo affair con el guionista de, entre otras, “La reina de Africa” de John Huston, o “Fiesta” y “El viejo y el mar”, estas dos últimas basadas en novelas del amigo de ambos (y ocasional amante de Slim), Ernest Hemingway, Peter Viertel (que posteriormente se casó en 1960 con Debora Kerr, con quien vivió sus últimos años en Marbella donde entablaron gran amistad con nuestro José Luis Garci).

Finalmente Leland Hayward fue el que cayó sin remisión en las redes de otra de las estrellas de la vida social de aquellos años, Pamela Harriman-Churchill, otro cisne de Capote. Durante unas vacaciones de Slim en Europa, donde llevó precisamente a Lauren Bacall, para animarla tras llevar casi un año viuda de Humphrey Bogart, el magnate quedó prendado de Pamela y pidió el divorcio. 

Aunque Slim siempre mantuvo que Leland fue su gran amor (“cuando perdí a Leland perdí la mejor parte de mi vida”, llegó a decir), no había culminado su carrera ascendente, y así se convirtió en Lady gracias a su tercer matrimonio, con el banquero inglés Sir Kenneth Keith. 

Fue durante esa época que Slim acudió, junto con otras señoras de la alta sociedad, a un almuerzo en el restaurante “La Côte Basque” de la calle 57 de Nueva York. Cuando la revista Esquire prepúblico un capítulo llamado precisamente “La Côte Basque”, perteneciente a la inacabada obra de Truman Capote que habría de llamarse “Plegarias atendidas”, donde se relataban los cotilleos de unas damas neoyorquinas durante un almuerzo y aparecían conversaciones sobre adulterios e infidelidades varias, algunos cisnes asiduos del que creían “amigo”, Truman Capote,  se vieron retratados en esas lineas.

Slim fue uno de esos cisnes “traicionados” por el escritor y antiguo compañero de fiestas y lujos. Se vió demasiado parecida a la cotilla Lady Coolbirth de la ficción. Verse reflejada en el libro de su amigo causó que Slim dejara de hablar con él y rompiera toda relación. Nunca, hasta su muerte, lo perdonó. Y no fue el único cisne que lo repudió. 

Tras divorciarse de su tercer marido, en los años 70, Slim volvió a Nueva York trás vivir mucho tiempo en Inglaterra. En la gran urbe continuó reinando en las portadas y en la alta sociedad. En esos años también hubo momentos duros como la enfermedad y muerte debido al cáncer de su gran amiga Babe Paley, otro cisne traicionado por Capote y que tampoco perdonó al escritor. 

Slim murió a los setenta y dos años de cáncer de pulmón. Antes había publicado sus memorias, a las que definen perfectamente tanto su título real, “Slim: Recuerdos de una rica e imperfecta vida” como el que inventó para ellas el New York Times, “Cómo me casé por amor, estatus y dinero y pude conservar dos de los tres cuando los matrimonios terminaron”….

Slim Keith, el cisne de Capote, sigue siendo hoy en día motivo de inspiración y modelo de elegancia y estilo para diseñadores y modistos alrededor del mundo. No solo por su figura, por su físico, también por su fuerte carácter y personalidad.

….Aunque, personalmente, creo que su mejor creación, aparte de ella misma (“su propia obra de arte”),  fue esa chica que apretaba el mentón contra el pecho y miraba hacia arriba con esos enormes ojos verdeazules,  con un ademán altivo y provocador, y que rebosaba sensualidad en cada gesto cantando “Am I Blue” junto al gran Hoagy Carmichael, en esa memorable escena de“Tener y no Tener” en la que termina por encandilar a Bogart y que es la mejor muestra de la magia que “La Flaca”, como la llana en la película, irradiaba en la gran pantalla.  

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