Si España ha cambiado su posición sobre el Sáhara Occidental ¿por qué no puede hacer lo mismo con Ceuta y Melilla?

Esta es la pregunta que planteó el pasado 2 de septiembre la antigua ministra de la Vivienda del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, María Antonia Trujillo, en una conferencia pronunciada en Tetuán sobre “Un plan para reforzar las relaciones entre España y Marruecos ¿ dónde empieza la Historia? ¿ dónde acaba España?”, durante unas Jornadas sobre las relaciones hispano marroquíes, organizadas por la Universidad Abdelmaalek Essadi. Inauguró la reunión el propio Zapatero, quien -en vez de dedicarse a contar las nubes, como en un principio había declarado era su intención-, se dedica a meterse donde no lo llaman y a desprestigiar la imagen de España.

El primer objetivo de las Jornadas era ensalzar la figura y la obra del Rey de Marruecos, Mohamed VI, por haber iniciado un proceso de reformas políticas económicas y sociales sin precedentes, con el fin de modernizar y democratizar el país. Según Trujillo, “los marroquíes consiguen más libertad y abrigan la esperanza de un futuro mejor, conducidos por su joven monarca que no deja de trabajar para una apertura más democrática y aupar al país en el rango del concierto democrático mundial” (¿?). No está mal como declaración de principios para empezar. El segundo objetivo era debatir la vinculación histórica de España con sus posesiones del norte de África y propugnar la cesión a Marruecos de las ciudades de Ceuta y Melilla. La profesora titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Extremadura indicó que pretendía centrar su intervención en el asunto del Sáhara marroquí (¿?) y en los casos de Ceuta y Melilla.

Trujillo señaló que quería aportar algunas reflexiones a la conferencia como experta en Derecho Constitucional y en Derecho Europeo; como conocedora de la geografía de Marruecos desde el norte al sur -incluidas las tres actuales regiones del Sáhara Occidental-, desde oriente a occidente; como amiga y familia de los marroquíes y cómo portadora de una gran experiencia sobre el terreno como ministra de la Vivienda de Zapatero y consejera de Educación del Gobierno de Pedro Sánchez. Efectivamente, tras su cese como ministra, Trujillo pretendió ser nombrada embajadora de España en Marruecos, pero lo más que consiguió fue ser enchufada de forma irregular como consejera de Educación en la Embajada de España en Rabat, puesto en el que sería cesada por no reunir las condiciones requeridas. En Marruecos se emparejó con el traductor y miembro de la Unión Socialista de Fuerzas Populares, Nordin Fatah. 

Ceuta y Melilla

Inicio Trujillo su disertación preguntándose sorprendida por qué Ceuta y Melilla pertenecían a España cuando se encontraban en África. Se le olvidó incluir en su pregunta a las Islas Canarias, que también están geográficamente en África ¿Acaso el hecho de que el territorio de un Estado se encuentre en un continente distinto al de dicho Estado o los factores de la lejanía o la falta de continuidad geográfica condicionan la situación política de ese territorio? ¿Las parte europea o asiática de Turquía no pertenece al Estado turco, dado que se encuentran en dos continentes distintos?  ¿La colonia de Gibraltar no puede pertenecer a Gran Bretaña por encontrarse separada de ella por los territorios de Francia y de España? Afirmó que, aunque Ceuta y Melilla eran ciudades españolas en el continente africano desde hacía cinco siglos, habían sido reclamadas por Marruecos desde el primer momento. Esta afirmación no es cierta, porque Marruecos no existía hace cinco siglos -ni cuatro, ni tres ni dos-, ya que el actual reino de Marruecos no se configuró hasta 1956, por lo que difícilmente pudo presentar reivindicación alguna. “500 años de españolidad y 500 años de reclamación”, arguyó Trujillo. ¿ Por parte de quién?. Puso en pie de igualdad un derecho con una reclamación.

Mantuvo que eran los únicos territorios europeos que quedaban en el África continental. Tuvo que añadir el calificativo de ”continental” para soslayar los problemas suscitados por las Canarias, Madeira y las islas británicas. Dijo que, aunque los  “presidios” españoles formaban parte de la UE, no se les aplicaba todo el acervo comunitario, como el Acuerdo de Schengen. Esto es en parte cierto porque estas ciudades, como las Canarias, tienen un régimen especial, pero ocultó decir que, cuando Marruecos invadió Ceuta mediante el envío de emigrantes -incluidos mujeres y niños-, la UE afirmó taxativamente que Ceuta y Melilla constituían la frontera sur de la Unión.

Según Trujillo, el argumento de que estas ciudades habían pertenecido a España desde hacía cinco siglos antes de la existencia del actual Marruecos suponía “detenerse en el momento histórico que interesaba a quienes utilizaban este argumento”, y añadió que también existían argumentos en contra de esta aseveración, aunque no dijo cuáles. Hizo la sorprendente afirmación de que, antes de pertenecer a España, Ceuta y Melilla habían formado parte de “los territorios que comprendían la civilización islámica” y siempre fueron reclamados, aunque si decir por quién. La profesora se ha inventado un nuevo concepto de Derecho Internacional, cual es el de la “civilización islámica”, entidad estatal poseedora de territorio -y, consecuentemente, de población y gobierno- y la ha identificado con el actual Marruecos, en una sucesión ininterrumpida (¿?).

Trujillo afirmó que los aspectos históricos deberían examinarse con prudencia y que, en el caso de especie, los argumentos históricos eran debatibles. Ceuta y Melilla -según la profesora- estuvieron durante 700 años bajo el dominio de distintos reinos islámicos de dinastías árabes y bereberes, de los que Marruecos es el único y legítimo sucesor. Omitió Trujillo que estas ciudades pertenecieron durante siglos a Fenicia, a Roma y a los visigodos que reinaron en Hispania ¿Acaso pueden por ello Italia, Túnez o los Estados de dónde procedían los godos reivindicar la soberanía de Ceuta y Melilla? De hecho, estas ciudades fueron durante mucho tiempo cristianas. ¿Le suena a Trujillo un tal Aurelio Agustín, obispo de Hipona en el siglo IV d.C. -más conocido como San Agustín-, autor entre otras obras de “Las confesiones” o “La ciudad de Dios”?

A finales del siglo XV, España y Portugal terminaron la reconquista, expulsaron a los árabes de la península ibérica e iniciaron un proceso de expansión allende sus fronteras, si bien cabe mencionar con anterioridad la presencia de Portugal en varios puntos de la costa africana y de Castilla en Canarias. Portugal conquistó Ceuta en 1415 y la cedió a España en 1580. Melilla fue conquistada por Castilla en 1497  y, desde esas fechas, las dos ciudades han permanecido bajo dominio español. Cuando España estableció el protectorado sobre Marruecos, no incluyó en él a Ceuta ni a Melilla.

Trujillo ha reconocido que, desde el punto de vista jurídico, España tiene títulos suficientes conforme al Derecho Internacional para avalar su soberanía sobre Ceuta y Melilla y -de conformidad con el Derecho Constitucional- su españolidad ha sido recogida en todas las Constituciones desde 1812 a 1978, así como en las Leyes Orgánicas de 1995, por las que las reconocía como ciudades autónomas dependientes de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Sin embargo, ha mantenido que los argumentos ligados a los títulos jurídicos son debatibles y resultan contradictorios (¿?),  y que es la perspectiva política la que debe dar respuesta al problema de Ceuta y Melilla. Pero, el hecho de que fueran jurídicamente parte de España, no impedía que se tratara de “una supervivencia anacrónica del colonialismo en África”, y que  nos encontremos “ante dos anomalías que nos ha dejado la Historia […] Un vestigio del pasado fruto de la coyuntura histórica favorable a España”. ¿Colonialismo en el siglo XV?

Según la profesora, Marruecos ha reivindicado esos territorios en muchas ocasiones en foros nacionales e internacionales, pero ¿qué Marruecos? El actual reino de Marruecos es un recién venido a la comunidad internacional. Trujillo mencionó la entrevista en Barajas de 1963 entre Franco y Hassan II, en la que éste congeló sus reivindicaciones hasta 1974, pero -como afirmó el primer ministro marroquí, Saddedine  al-Othmani-, las dos ciudades son tan marroquíes como el Sáhara Occidental.

Según la conferenciante, han surgido voces en España favorables a la devolución de dichas ciudades a Marruecos. Esta afirmación es ya de por sí una falacia, porque no se puede devolver a Marruecos algo que nunca le perteneció. Es cierto que hay en la izquierda española partidarios de entregar Ceuta y Melilla a Marruecos. El propio ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán -en su época de veleidades sobre el no alineamiento- llegó a plantearse la posibilidad de entregar una de las ciudades para conservar la otra, y el subsecretario Máximo Cajal -en su disparatado libro “Ceuta, Melilla; Olivenza y Gibraltar, ¿dónde acaba España?”- afirmó que la marroquinidad de Ceuta y Melilla no debería ser puesta en cuestión por el bien de la salud colectiva de los españoles, y que había que desactivar toda esa mezcla de temor, recelo y resentimiento histórico hacia el moro. El Partido Comunista de España se pronunció a favor dela retrocesión de los presidios a Marruecos, y el sector más izquierdista del PSOE, Podemos y los nacionalistas comparten esta tesis, pero la mayor parte de los partidos políticos y la inmensa mayoría del pueblo español son partidarios de la españolidad de estas dos ciudades, tan españolas como cualquier otra.

Trujillo llegó a la conclusión de que “los casos de Ceuta y Melilla -y los peñones e islotes-suponen una afrenta a la integridad territorial de Marruecos. Son vestigios del pasado que interfieren en la independencia económica y política de Marruecos, y en las buenas relaciones entre los dos países. El peso relativo de los argumentos históricos y jurídicos cede ante el devenir de los hechos que reclaman una respuesta política, ética, razonable y aceptable para ambos países, mediante un diálogo abierto y sincero. Ante los efectos nocivos de unas fronteras no sanas, la respuesta política es el diálogo y no mirar a otro lado o el silencio. La reivindicación marroquí está plenamente justificada, está inscrita en su ideario nacional y es irrenunciable”. La creativa profesora ha inventado otro nuevo concepto de Derecho Internacional, el de las “fronteras insanas”, pero cabe recordarle que la entrega de las dos ciudades no resulta aceptable para España y que su españolidad es irrenunciable. No obstante, Trujillo concluyó su lamentable perorata afirmando que, si España había cambiado su posición tradicional sobre el Sáhara Occidental, ¿por qué no podía hacer lo mismo sobre Ceuta y Melilla? Su ideal era que España y Marruecos fueran un mismo país, y puede que lo consiga si permanece este Gobierno, ya que -si Mohamed VI no ha conseguido que Marruecos se parezca a España- Sánchez está logrando que España se parezca cada vez más a Marruecos. 

Sánchez, el principal responsable de la situación, no ha dicho esta boca es mía y ha dejado la labor a su portavoz en el Congreso, Pachi López, quien ha afirmado que se trata de la opinión particular de la ex-ministra,  que el Gobierno no compartía, ya que no tenía dudas sobre la españolidad de Ceuta y Melilla. Victoria Prego ha observado, en un artículo en “El Independiente”, que -mal que nos pese- esa señora había sido ministra de la Vivienda y tenido un puesto relevante en la Consejería de Educación en la Embajada de España en Rabat, por lo que no era exactamente una opinión particular, y  concluía su artículo afirmando que “parece que fue ministra del Gobierno de España”. El presidente del Gobierno de Ceuta, Juan Vivas, y el de Melilla, Eduardo de Castro, la han acusado de ser desleal con el Gobierno de España. La Asamblea de Ceuta ha declarado a Trujillo “persona non grata”, por su grave deslealtad, su total desconocimiento de la Historia y del Derecho, y su desprecio y falta de respeto a los sentimientos de los ceutíes y de los melillenses, que se sienten españoles.

Sáhara Occidental

La diestra Trujillo ha redondeado su faena en el coso tetuaní echando su cuarto a espadas en el conflicto sobre el Sáhara Occidental, y reiterado su inquebrantable apoyo a la posición marroquí, expresada con anterioridad en el I foro Mediterráneo Marruecos-España sobre la organización territorial y la experiencia de la regionalización en Marruecos y en España, organizado en Tánger en julio por la citada Universidad. Zapatero está teniendo sin duda una nefasta influencia sobre Sánchez y ha influido en el cambio de la postura tradicional de España, realizado de forma unilateral y al margen del Gobierno, sin que ni  uno ni otro se haya dignado dar la menor explicación al pueblo español, pese a que la inmensa mayoría de los partidos representados en las Cortes hayan mostrado su oposición a este giro radical en la política exterior de España. Hay que tener en cuenta que Zapatero es el protector de Trujillo y que ha participado junto con ella en las Jornadas de Tetuán, donde ha respaldado en público el histórico cambio de posición de España en el contencioso del Sáhara Occidental, y apoyado sin fisuras el plan de autonomía marroquí, como la única solución viable para resolver 47 años de conflicto. Dicha propuesta  se basa -según Zapatero-en los principios del dialogo, el respeto, la paz y la tolerancia. Ninguno de estos calificativos es cierto. No hay diálogo sino imposición de Marruecos, que no respeta los derechos del pueblo saharaui. En vez de buscar la paz, impone la agresión armada, y no tolera la opinión de las autoridades saharauis -que piden que se cumplan las resoluciones de la ONU y se permita el ejercicio de la libre determinación-, y vulnera en el Sáhara ocupado los derechos fundamentales de los saharauis. No obstante, Zapatero ha pedido a la ONU que lidere a la comunidad internacional por el camino de la autonomía -no de la autodeterminación- y exhortado a todos los Estados a que sigan el ejemplo de Estados Unidos y de España.

Siguiendo los pasos de su mentor, Trujillo afirmó que la disputa sobre el Sáhara  es un conflicto artificial. “El Sáhara no es una colonia, ni del punto de vista del territorio, ni de la Historia, o del Derecho, al haber formado parte el territorio de Marruecos de una forma u otra a lo largo de la Historia”. Esto se ha puesto de manifiesto a través de la firma de tratados internacionales en los siglos XVIII a XX, y en los lazos de lealtad existentes entre los soberanos de Marruecos y las tribus saharianas, cuya existencia fue reconocida por el TIJ en 1975: “La disputa sobre el Sáhara Occidental no es un conflicto de autodeterminación”, concluyó. No sé si estas palabras obedecen a la ignorancia o a la mala fe, pero son contrarias a la verdad. El Tribunal reconoció, en efecto, que existía la posibilidad de que el Sultán de Marruecos hubiera ejercido su autoridad respecto a algunas tribus del Sáhara Occidental, pero que dicha autoridad solo se había producido en el plano de las relaciones de vasallaje o de influencia personal, pero que el monarca nunca había ejercido soberanía sobre el territorio. El TIJ no aceptó que otros Estados hubieran reconocido la soberanía territorial de Marruecos en el Sáhara en el momento de la colonización española. Ni de actos internos de la supuesta soberanía marroquí, ni de actos internacionales cabía concluir la existencia en esa época de “vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí, sino -a lo sumo- de un vínculo jurídico de vasallaje  entre el Sultán y algunas -pero solamente algunas- de las tribus del Sáhara Occidental”. En cuanto a la libre determinación, “el Tribunal no ha encontrado existencia de vínculos jurídicos de tal naturaleza que modifiquen la aplicación de la resolución 1514(XV) respecto a la descolonización del Sáhara Occidental  y, en particular, del principio de autodeterminación en virtud de la libre y auténtica expresión de la voluntad de los pueblos del territorio”. Ignoro si la profesora sabe mucho de Derecho Constitucional, pero de Derecho Internacional más bien poco. 

Según Trujillo, Marruecos ha realizado un gran esfuerzo de regionalización en la Constitución de 2011, que estableció en su artículo1-4 que la organización del reino era descentralizada y se fundaba sobre una regionalización avanzada. Con la creación de doce regiones -incluidas las tres provincias del Sáhara Occidental-creó un nuevo modelo regional que reflejaba la pluralidad y la diversidad del reino. Nada más lejos de la realidad, porque la Constitución mantiene concentrados todos los poderes -tanto políticos como religiosos- en la persona del Rey, que detenta un poder absoluto y autocrático. Las medidas de regionalización son totalmente insuficientes, si se comparan -por ejemplo- con el régimen de las autonomías vigente en España.

La profesora afirmó sin rubor de que “nadie duda de que sobre territorio del Sáhara Occidental siempre ha existido una soberanía marroquí, lo  que lleva a afirmar que el Sáhara Occidental es jurídicamente marroquí”,  y que Marruecos estaba ejerciendo legítimamente sus atribuciones legales sobre el territorio sahariano. Pues yo sí dudo sobre la veracidad de tan taxativa afirmación y mi modesta opinión ha sido compartida por el TIJ, como acabo de exponer. Marruecos ejerce sus atribuciones sobre el territorio ocupado del Sáhara occidental sin base jurídica alguna, mediante el uso de la fuerza militar y -de conformidad con el principio básico del Derecho de que “de la injusticia no nace el derecho” (“ex injuria nec oritur ius”)-, está violando el Derecho Internacional con la ocupación del Sáhara Occidental por la fuerza de las armas.

Trujillo trató de justificar la reducida autonomía que ofrece Marruecos al pueblo saharaui recurriendo a una verborrea esotérica: “Más vale una base doctrinal científica que una declaración política pactista sesgada, porque al final no hará honor a la verdad entera e insuficiente, ni coincidirá con la realidad de las cosas”. ¿Se han enterado ustedes de cuál es la base doctrinal científica de la propuesta de autonomía marroquí? Yo, desde luego, no. La profesora concluyó su desacertada intervención afirmando con gran prosopopeya que el Estatuto de Autonomía podría servir para abrir aún más la puerta de África, aprovechando la Historia compartida y la interdependencia de siglos, para ofrecer una visión estratégica que contribuyera a la construcción del edificio africano, promoviendo la integración regional, luchando contra las desigualdades sociales, y colaborando con la consecución de economías fuertes desde la solidaridad y la responsabilidad: “El futuro de África se trazará con una mano africana y Marruecos está en la vanguardia”. “Inshallah!”. Parece ser que -puesto que no consiguió ser nombrada embajadora de España en Marruecos- Trujillo está haciendo méritos para que se le nombre embajadora de Marruecos en España. El idílico panorama que nos describe está bien lejos de la realidad. El Gobierno y la Administración militar marroquíes están oprimiendo al pueblo saharaui, violando sus derechos humanos, y aprovechándose de sus recursos naturales. 

Podemos preguntarnos qué contrapartida ha obtenido Sánchez de sus importantes concesiones a Marruecos. El presidente es avispado, no da puntada sin hilo y no se caracteriza por su generosidad. ¿Qué beneficio ha obtenido España por su ruptura con el Frente Polisario, el deterioro de las relaciones con Argelia y la asunción del riesgo de una merma del suministro de gas por este país y la oposición de todo el arco parlamentario -menos él PSOE- a su cambio de posición sobre el Sáhara? Aparentemente ninguno de importancia, salvo una cierta mejora en el control marroquí de los flujos migratorios irregulares hacia España, pero incluso esto le ha planteado problemas con la UE, debido a la actuación excesiva de las fuerzas de seguridad de Marruecos, que causó varios muertos en la frontera con Melilla. El Parlamento Europeo ha llamado a capítulo al Gobierno español para que dé explicaciones y el impresentable ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska -antaño modélico juez- está tratando de escurrir el bulto y eludir su comparecencia en Estrasburgo.

El principal objetivo que podría haber buscado Sánchez -el reconocimiento por Marruecos de la españolidad de Ceuta y Melilla, y su renuncia a la exigencia de la  entrega de estas ciudades- no se ha logrado, y sobre ellas sigue pendiendo la espada de Damocles de la reivindicación marroquí que Mohamed VI activará cuando estime conveniente. Como ha señalado Ángel Ballesteros en su libro “Estudio diplomático sobre Ceuta y Melilla. Las reivindicaciones marroquíes”, la reivindicación marroquí forma parte perenne y programática del ideario alauita. Es histórica e imprescriptible y no va a extinguirse nunca en horizontes contemplables. Las dudas solo radican sobre él “cuándo” y el “como” se producirá.

Hassan II adoptó un plan para crear el Gran Marruecos ideado por el partido Istiqlal de Allal el-Fasi. Frustrada la anexión de Mauritania y otros territorios del África Occidental Francesa, el rey se centró en la recuperación de las posesiones españolas en el norte de África. Tras la supresión del Protectorado, la independencia de Marruecos, y la absorción de Ifni y de Tarfaya, los siguientes objetivos eran la incorporación al reino del Sáhara Occidental y de Ceuta y Melilla. Pero para conseguir la segunda, había que consolidar antes la primera, y en ello está Marruecos con la inapreciable ayuda del Gobierno de Sánchez ,y -de ahí- las extremadas prisas de Mohamed VI para cerrar cuanto antes la operación sahariana -lo que Ballesteros ha calificado de” diplomacia acelerada”. Una vez superado este obstáculo, quedaría la vía libre para la anexión de los antiguos presidios, que -como profetizó el monarca alauita- el tiempo hará su obra y las dos ciudades caerán en su momento como fruta madura.

¿Es consciente Sánchez de esta grave situación? No parece serlo, pues no cesa de hacer injustificadas concesiones a Marruecos. Declaraciones como las de Trujillo, son un vergonzoso paso en adelante más en el proceso de abandono de Ceuta y Melilla. España no debería haber cambiado su posición sobre el Sáhara Occidental y, con mayor motivo, tampoco debería hacerlo sobre Ceuta y Melilla. “Quo vadis; Sánchez?”




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *