Sevilla y Estambul

El hecho de que la grandiosa catedral de Santa Sofía de la antigua Constantinopla volverá en breve a utilizarse como mezquita ha salido como noticia destacada en los medios, y comentada desde diversas tribunas. En general se considera algo negativo; lógicamente, aumenta la preocupación de los que temen el resurgir del fundamentalismo islámico.

Desde el punto de vista cristiano, sin embargo, no es tan evidente que esto tenga que considerarse un daño o una pérdida. La pérdida ocurrió casi seis centurias ha, y tan colosal fue que esa fecha (la de la toma de Constantinopla por los turcos- y por consiguiente, la transformación de esa iglesia señera en mezquita) se consideró, durante siglos a su vez, como la que marcaba el final de la Edad Media. Pero, ¿ahora? ¿Qué perdemos los cristianos?

Y a la vez que salta esta noticia, aparece otra, de muy distinto rango (en el apartado de vida cultural de Sevilla); no tanto noticia, sino la reseña de cuán interesante resulta un nuevo tipo de visita a la Catedral: una visita nocturna, con el templo en penumbra, iluminado artísticamente, con el guía indicando tesoros recónditos a grupos pequeños… Se oyen luego comentarios de viva voz sobre lo hermoso que resultaba ese itinerario inédito, y que “merece mucho la pena”.

¿Tienen algo en común estas dos noticias? Creo que mucho, aunque resulte difícil explicarlo.

Fijémonos en lo más cercano, en la catedral de Sevilla, en este templo hermosísimo hecho “para que nos tengan por locos”… Hace unos años, lustros ya, el primer lunes de Cuaresma, las naves de la catedral, se abarrotaban de fieles, todos callados o hablando en susurros, que veían pasar a los cofrades con sus cirios, única iluminación del templo gigantesco. Hace años, esta atmósfera maravillosa, como la de tantas otras ceremonias en otras iglesias, empezó a desaparecer. Nuevas normas de seguridad. Limitación de aforo (no hablo del Covid, sino de antes). La penumbra es peligrosa, nada de penumbra. La catedral ha de estar bien iluminada (como el atrio de San Antonio Abad el día de San Judas; el insólito espectáculo de miles de velitas brillando en la penumbra, por razones de “seguridad”, dejó de existir. Ahora unos enormes tubos de neón anulan el misterioso resplandor de antes). Seamos modernos, prácticos. Nada que suene a sentimentalismo. Luz a chorros, control y seguridad. Así se hacen todos los actos de culto en la catedral, y si puede ser, en todas partes.

Y ahora organizamos una visita cultural en penumbra, con iluminación artística. Así pues, la penumbra no era tan absurda. La belleza de una iglesia a oscuras, con sólo algunos puntos iluminados, en el culto está prohibida (no es “seguro”, hay que pensar en la seguridad, la seguridad, hay que ser cristianos modernos); pero se permite y aun fomenta como mercancía, como parte del “pack” de la “experiencia cultural selecta” a diez euros, previa reserva.

Dios me libre -nunca mejor dicho- de criticar ni lejanamente todo cuanto redunde en beneficio de la catedral, toda iniciativa que provoque el que se la aprecie y se la valore más… Y esta que digo sin duda la “beneficia”, los que hacen esta visita quedan encantados… Pero, ¿por qué algunos sentimos cierta tristeza?

Tras algunos años de veto, ahora nos es dado poder volver a contemplar la catedral en penumbra. Pero no en medio de un Via Crucis, no en un momento de oración. Sino escuchando las “explicaciones” de un guía, previa reserva. Las sensaciones que despierte la penumbra, ¿serán las mismas? ¿Alguien experimentará humildad o más bien la satisfacción de saborear un plato cultural muy refinado…?

Hablábamos de la relación entre las dos noticias. Intentemos explicarlo.

Santa Sofía fue iglesia, luego fue mezquita, luego se convirtió en museo. Y ahora volverá  a ser lugar de oración de musulmanes

La catedral de Sevilla fue (y aún es) iglesia. Pero se está convirtiendo en…?  Y en un futuro será…???


2 Comments

  1. Emilio Domínguez-Palacios Gómez dice:

    ¿Es posible que estemos entrando en penumbras de fe?… No quiero pensar, ni me quiero plantear que todo sea mercantilismo y se busque la justificación de la luz, sólo por seguridad y nos olvidemos de la invitación al recogimiento y la oración. Entiendo que los templos tengan que sostenerse por el turismo y porque son verdaderas joyas artísticas, pero, ¿es sólo arte lo que hay en ellos?… ¿Acaso nos hemos olvidado de dar culto a Dios y retirarnos en oración en lo escondido, en la penumbra, a la luz de la vela en lo más íntimo con Dios?… No hemos sabido defender nuestro patrimonio para lugares de culto, cito San Luis de los Franceses o la grandiosa Capilla del Antiguo Seminario de San Telmo. ¿Quizás los musulmanes nos estén queriendo dar lecciones sobre la reconquista de lugares que siempre fueron de culto y oración y hoy como la Catedral de la antigua Constantinopla tiene un incierto destino?… ¿Qué destino queremos darle a nuestros templos?… ¿Lo tenemos claro?.
    Felicito a Gloria Cruz Moreno, por una reflexión que a muchos nos hace ya pensar. Gracias

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