Sevilla: el alcalde se entretiene

José Luis Sanz, flamante alcalde de Sevilla, tras una campaña electoral llena de promesas y propuestas, la mayor parte de ellas absurdas e innecesarias, se descuelga ahora, a finales de febrero de este año bisiesto, con la noticia de que le ha enviado a la Dirección General de Patrimonio del Estado la propuesta de cobrarle a los turistas por entrar a la Plaza de España. Sanz dice que con lo que se recaude por cerrar este espacio público, se utilizará en crear un taller de cerámica para conservar la azulejería y el resto de la decoración del B.I.C., en la seguridad del monumento y en dos espacios expositivos sobre la Exposición Iberoamericana de 1929. De esos ingresos, el 25% irá a la citada Dirección General y el 75% restante será para el Ayuntamiento.

Esta propuesta huele a viejuna. Da la impresión de que la asociación ADEPA – la asociación de Joaquín Egea y cuatro gatos más – se la ha soplado al oído al señor alcalde, aprovechando lo propenso que es Sanz a lanzar ideas que solo sirven para molestar a los ciudadanos. Las ideas “conservacionistas” de Egea y sus cuatro gatos, siempre han sido para salir en titulares y las de Sanz van por el mismo camino. Esta vez ADEPA dice que está de acuerdo en cobrarles a los turistas por entrar en la Plaza de España, pero con matices. Los matices no los dice ya que la propuesta municipal es una idea que ellos, Egea y los cuatro gatos, llevan acariciando desde hace más de veinte años.

Repasados, por encima, los antecedentes de la noticia del último entretenimiento del alcalde hay que recordarle al señor Sanz que por la utilización de la Plaza de España para eventos musicales y de diversa índole, el ayuntamiento cobra todos los años unas cantidades principescas que nadie sabe a dónde van y que se pueden usar para la conservación del B.I.C y para contratar seguridad y vigilancia para el mismo. También hay que recordarle al señor alcalde que eso del taller de cerámica para restaurar las piezas de cerámica trianera que adornan la plaza, ya se hizo a finales de los noventa del siglo pasado, con un resultado atroz. La cerámica trianera de los años veinte no se puede restaurar con colores actuales y azulejos en bizcocho fabricados en Valencia o Castellón, que fue lo que se hizo en aquel taller escuela que se montó en la Nave Singer de la calle Lumbreras. Restaurar cerámicas no es freír huevos.

Mientras escribo me llega la noticia de que la ministra Mª Jesús Montero – cuyo ministerio es el que debe autorizar la ocurrencia del alcalde y sus soplones – dice que de ninguna manera va a autorizar el invento turístico- recaudatorio, así que, de momento, los que quieren cerrar la Plaza de España para cobrar no se comen un rosco. Por una vez voy a aplaudir a Mari Chus. Al alcalde le recomiendo que se dedique a solucionar los verdaderos problemas de la ciudad y que se deje de cerrar cosas para cobrarles a los turistas, de poner horarios para los aperitivos y de molestar a quienes les votaron. Por ejemplo podría retomar la magnífica idea de negociar la instalación del Museo de Bellas Artes en la antigua Fábrica de Tabacos y solucionar de una vez por todas lo del antiguo Mercado de la Puerta de la Carne. Para terminar, a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, otrora concejal de Urbanismo de Sevilla, conviene decirle que los turistas ya se dejan su dinero en Sevilla y está muy mal proponer cobrarles una alcabala por entrar y pasear por la ciudad.




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