Serrano no se va

Paco Serrano no se va. Sigue en el Parlamento andaluz alzando su voz de juez y político valiente en defensa de la Justicia, con mayúsculas. Como siempre hizo, porque Paco es un hombre de valores, y a su defensa ilustrada se ha dedicado siempre. Por eso ha sido perseguido por los perros del poder corrupto, este animal voraz que se ha apoderado ya de casi todo. Perseguido por ser el primer juez en atreverse a criticar abiertamente la infausta Ley de Violencia de Género, allá por el año 2009. Cuando yo colaboraba en el manuscrito de “Las mujeres que no amaban a los hombres” me fui a verlo a su juzgado, y encontré a una persona cercana, que me contaba cómo su juzgado de familia se había quedado vacío porque todo iba ya por “violencia de género”. Estaba tan escandalizado por lo que estaba sucediendo que la conexión fue inmediata. Finalmente, como le estaban buscando las cosquillas por ser tan “incómodo”, Paco fue inhabilitado 10 años por ampliar en un día la estancia de un hijo con su padre para que el niño pudiera salir de nazareno. Y pensar que hay padres que pasan años y años sin ver a sus hijos por denuncias falsas, y cuando al fin son declarados inocentes, no pueden ya recuperar el cariño de sus hijos, ni los jueces inquisidores de “género” reciben reproche alguno. Pero Paco, luchador, recurrió su caso y ganó en el Constitucional su derecho vejado, no iba él a doblegarse ante la injusticia por miedo a más injusticia. Paco ya era, sin saberlo, un antisistema, contra un sistema político degenerado, que es un lastre no solo para la economía española, sino también para su sociedad civil y sus valores más elementales. En esa lucha por la supervivencia moral se encontró con VOX, y Serrano se embarcó en sus naves, hacia un destino muy incierto, que nadie olvide eso ahora. Luego vino lo inesperado, el triunfo cuando nadie lo imaginaba, cuando estaban ya a punto de tirar la toalla. Sí, la luz vino por Andalucía.

Hay quien cree que Paco Serrano debería renunciar a su escaño porque abandona VOX, pero yo creo que si hay un diputado que merece su puesto, ese es Paco Serrano, cuya candidatura andaluza elevó a VOX desde el cero de todas las encuestas hasta los 12 diputados que le dieron los andaluces. El icono forjado a fuego lento que ya era Paco Serrano no pasó desapercibido, y las afrentas recibidas se convirtieron por mor de las urnas en bálsamo para las heridas. Todos sabíamos cuan merecida fue esa victoria, y cuan necesaria, según el eslogan del propio Serrano: “somos un partido de extrema necesidad”. El triunfo andaluz y el despegue de VOX fue ya una sucesión imparable, y los outsiders del establishment político hacían su hermosa y áspera presentación en los pasillos enmoquetados de las instituciones antaño democráticas. Para susto de muchos. Y alegría de muchos más.

Serrano no se va, y eso me tranquiliza. Sé que seguirá apoyando las tesis troncales de VOX, pues a Paco puede tachárselo de lo que se quiera menos de oportunista. La ley permite al diputado quedarse con el escaño porque los ciudadanos lo votaron a él, por encima de un partido, y esto refuerza el pluralismo democrático, y pone límites a las partidocracias, pequeñas tiranías antidemocráticas que hoy nos gobiernan. Ojalá tuviéramos listas abiertas, para poder votar personas, y no partidos. También se ha quedado como eurodiputado Javier Nart al abandonar Ciudadanos, y nadie ha puesto el grito en el cielo. Porque cualquiera entiende que gente de ese peso político y social se ha ganado su escaño a pulso. Paco Serrano merece ahora la presunción de inocencia. Si se marcha para no perjudicar a su partido, ello no implica su culpabilidad. Los perros del poder lo acechan desde hace tiempo; no seamos nosotros, amantes de la libertad y la Justicia, sus cómplices. Si Paco cometió errores, ya se verá; pero los galones ya los tiene ganados. Por eso Serrano no se va. Porque la batalla no ha hecho más que empezar.


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