Serbios y chechenos de España

Buenas noticias: Podemos desaparece del Parlamento gallego y se descalabra en el País Vasco… Malas noticias: todo lo que pierde el marqués del FRAP se lo llevan los comunistas del BNG y los filoetarras de Bildu. El zurdismo prefiere el original y no la copia.

Los datos son esos, así que permítanme una interpretación de los resultados más metafórica, para que se entienda…

Alguien de La Sexta que sangraba anoche a borbotones por la herida del estacazo que se metió Podemos dijo que en Galicia no obtuvo la mayoría absoluta el PP (la cuarta consecutiva), sino Alberto Núñez Feijoo. Y créanme, no sabe lo que dice, porque quien arrolló ayer a Pablo Iglesias fue… Amancio Ortega.

El marqués de las cloacas y su comadre, Yoli Díaz, lograron anoche el pasaporte para emigrar a Venezuela, que allí sí tiene mucho predicamento ese rollete comunistón y pesebrero que tanto gusta a los pandilleros de Roures.

Amancio Ortega, sin presentarse ni decir ni pío, les hizo merendarse en lonchas y en una barra de pan gallego todos sus miserables y rijosos ataques, consentidos, a su vez, por los hijos de Sánchez, quien ahora sabe que gobierna con unos tipos que en Galicia son una ría sin agua, es decir, una nécora sin carne, un mejillón vacío, un berberecho seco, una cáscara, una concha sin chicha…, una nada.

Pero no veo mucho motivo para celebrarlo, ni siquiera en Galicia, salvo porque esta vez las urnas nos han librado de salir huyendo de España. Pero todo apunta a que el crecimiento del salvajismo nacionalista en uno y otro lado terminará por hacerse con el poder a manos de una o dos generaciones de jóvenes a las que nadie les ha contado quién fue Miguel Ángel Blanco ni lo que se esconde detrás de ese discurso del odio balcánico ni del infierno de los nacionalismos.

El desmembramiento de las competencias en Educación a lo largo y ancho de las 17 comunidades en España es una bomba de relojería de efecto retardado y no veo la manera de desactivar los cables de tamaña tropelía.

En Galicia aún le sirve a una mayoría que ha tocado techo para navegar con el timón en manos de un Feijóo, que a su vez realiza algo más que guiños localistas, pero que algún día también perderá el miedo a los aventurerismos y podría preferir ensayar con el original y no con los remedos.

En la sociedad más enferma de Europa, o sea, en el País Vasco, los resultados son escalofriantes, con dos tercios del Parlamento en manos de ‘serbios’ y ‘chechenos’, más otro trozo amarrado a un PSOE sin cabeza y una punta de podemitas con el flequillo cortado con hacha. El Hutu Power no descansa nunca y los malos siempre votan, aunque los demás descansen de aproximarse a las urnas para casi nada, hartos de desesperanza.

El PNV puede ensayar una mayoría con el PP y la abstención del diputado obtenido por VOX, pero no será; también puede repetir un gobierno con el apoyo del PSOE, pero entonces Bildu pondrá en peligro los acuerdos en Madrid y hasta podría arrancarle el gobierno en Navarra; la tercera opción es el despeñadero, pues consiste en un pacto entre el PNV y Bildu que aleje definitivamente al País Vasco de las costas de España como si se tratase de una isla flotante que navega al pairo de la Historia.

El PNV es el relato de la gran anomalía española, la de una sedición permanente, que cuanto más refuerza su identidad vasca más se mimetiza con su permanente españolismo. La Historia de España está unida indefectiblemente tanto a los vizcaínos del Quijote y a los navegantes de las Indias como a la sacarocracia y a la burguesía textil catalana, que imponía aranceles a los pastores de Castilla para promover su industria a costa del resto de pueblos de España.

El nacionalismo vasco y catalán son ejemplos de un españolismo soberbio, individualista y sedicioso que entronca con la esencia misma de una españolidad irreparable de caudillismos y alzamientos anterior a Lope de Aguirre, antes que traidores, partidarios del “Ande yo caliente y ríase la gente…” y de la guerra de guerrillas. La tozudez aragonesa y la nobleza baturra son tan españolas como la Giralda de Sevilla o la depredación catalanista y el “Maitechu mía”…

Pero todo esto lo sabíamos. La novedad es que las nuevas generaciones que ahora alimentan las urnas de los radicales desconocen por completo cuáles son los lazos que entroncan y amarran sus proclamas a la subyacente españolidad que les habita dentro. La insolidaridad (léase el egoísmo y la envidia) forma una corriente subterránea que nos define como pueblo a veces intratable, capaz de rebelarse contra el ejército más temido de Europa mientras grita “vivan las cadenas”.

Nuestra Historia está llena de héroes desgarrados y a contrapelo tanto como de traidores e iluminados a lo Simón Bolívar. Cada vez que se ejercitaron en su encomienda a favor o en contra de España estaban construyendo ese españolismo demencial y autoritario de los pronunciamientos y los caudillos que nos trajo siempre tanta gloria como descalabros.

Si Sánchez no quiere superar en ignominia y oprobio a Fernando VII como gobernante, el PSOE tendría que despertar del sueño letárgico en el que ese ególatra tiene sumido a la hueste de ganapanes que ha esparcido por la maquinaria del Estado.

PS: Y C’s…, desaparecidos en combate.

He dicho.


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