Semiconductores

De vez en cuando todos nos sorprendemos al comprobar cómo recordamos mejor hechos o conocimientos que adquirimos hace décadas, que experiencias que vivimos antes de ayer. Entre las del primer grupo, en mi caso, se encuentran las propiedades de los minerales y las rocas que aprendimos en aquel bachillerato superior de ciencias, donde se nos obligaba a memorizar su cristalización y las propiedades de las distintas variedades conocidas.

Viene hoy al caso esta reflexión, tras leer recientemente en dos publicaciones distintas sendos artículos sobre la crisis de los semiconductores, también llamados chips o circuitos integrados, elementos que nos acompañan en casi todas nuestras gestiones y ocios, ya que se encuentran en los teléfonos móviles (nuestro segundo cerebro), ordenadores (herramienta básica de trabajo para muchos de nosotros), consolas de videojuegos (¡qué niños no las tienen!), vehículos (a veces dos por hogar), etc.; el semiconductor más usado es el silicio, seguido del germanio, que figuraba también en aquella tabla periódica que estudiamos en Química.

Precisamente, Silicon Valley​ (Valle del Silicio) es el nombre que recibe la zona sur de la bahía de San Francisco, en el norte de California, que​ aloja muchas de las mayores corporaciones tecnológicas del mundo y miles de pequeñas empresas en formación (start-ups).​ Originalmente la denominación se relacionaba con el gran número de innovadores y productores de chips de silicio allí existentes, pero definitivamente acabó haciendo referencia a todos los negocios de alta tecnología establecidos en la zona.

Pues bien, la crisis derivada del coronavirus tiene una nueva cepa. Una mutación de carácter tecnológico cuyos efectos se están dejando notar con especial virulencia en la industria automovilística: multinacionales como General Motors, Ford, Nissan, Honda o Volkswagen se han visto obligadas a poner al ralentí su producción en muchas zonas del mundo, incluso llegando a paralizar fábricas enteras. La razón no es otra que la escasez que ahora mismo existe de chips, necesarios para construir, entre otras cosas, los circuitos electrónicos de los coches, en los que el valor ya no es el motor ni el chasis, sino su software.

Y es que la incertidumbre derivada de los confinamientos empujó a la mayoría de los fabricantes de automóviles en 2020 a optar por cancelar los encargos de semiconductores, una decisión que ahora los ha conducido a esta situación, salvo los que, como Hyundai, optaron por almacenar y hacer acopio de estos componentes. 

Al empezar a cancelarse pedidos y encargos, los productores de semiconductores adaptaron sus procesos e instalaciones, empleando esos recursos para tratar de llegar a los encargos de las marcas de ordenadores, móviles, tabletas… y todo lo relacionado con el teletrabajo, hasta el punto de que las ventas globales de chips aumentaron un 6,5 % en 2020 (fuente: Asociación de las Industria de Semiconductores).

En lo que a nosotros respecta, Europa sufre una excesiva e inaceptable dependencia del exterior para el suministro de chips, ya que los gigantes del sector están en Asia (Samsung, coreana, y TSMC, taiwanesa, copan cerca de la mitad del mercado mundial) y EE.UU. (Intel y Global Foundries), lo que nos hace vulnerables y debilita nuestras cadenas de producción. Europa ha pasado de fabricar el 44 % de los chips del mundo en 1990 al 9 % en 2020. Ahora muchos entenderán mejor la batalla entre China y EEUU con el veto a Huawei en el foco, y la consiguiente desestabilización del sector y problemas de suministros.

En lo que concierne a la Unión Europea, se ha quedado atrás en esta carrera tecnológica, y se ha marcado como meta que en 2030 la producción de semiconductores de última generación represente al menos el 20 % del valor de la producción mundial. No quiero ni pensar lo que representaría un corte de suministros de Asia y EEUU a Europa, pero la amenaza de un colapso está latente y la posibilidad existe.

Se cuenta que cuando los turcos invadieron Constantinopla en 1453, sus dirigentes andaban enfrascados en un debate metafísico: el sexo de los ángeles. De llegar a ocurrir mañana el colapso antes mencionado, a muchos les cogería hablando de las desventuras de la hija de Rocío Jurado q.e.p.d. Por favor: tomemos conciencia de lo importante y cambiemos al menos las materias de los debates. Discutir si son memas, memos o memes no nos lleva a ningún lugar.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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2 Comments

  1. Rosa dice:

    Totalmente de acuerdo contigo Alberto, y no solo en este aspecto nos estamos quedando atrás en la Unión Europea, sino en otros de Investigación y Desarrollo en general, dependiendo demasiado de China y EEUU. Con más inversión podríamos retener a nuestros cerebros más brillantes Y porque no soñar con nuestro propio Silicon Valley

  2. Fran dice:

    Buenas,
    escueto pero eficaz artículo Alberto, sin ese valor añadido en el continente medio del mundo, estaremos en dependencia total del mercado global. Europa es España y esta parte de aquella.
    Más atención a nuestros científicos e investigaciones tecnológicas y humanísticas.
    Debemos y deben nuestros políticos de la CEE, dejar de hablar de Rociito y los homólogos de otros paises europeos.
    SALUDOS a todas las personas inteligentes

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