Selectividad: ¿Qué Selectividad?

En ocasiones, las palabras pierden su significado cuando la realidad las vacía de su contenido original. Algo así percibo cuando escucho hablar de Selectividad, término derivado de selectivo, y, a su vez, de seleccionar o elegir, y que se aplica a una prueba para entrar en la Universidad que ha sido superada en Andalucía por el 96, 28 % de los que se han presentado a ella en el mes de junio pasado.

¿Qué clase de selección es la que es superada por la casi totalidad de los que se presentan a ella? ¿No será que prima la facilidad para entrar en la universidad por encima del nivel académico requerido? ¿Están capacitados todos los alumnos que terminan segundo de bachillerato para acceder a la universidad o es que desconocen, en la mayoría de los casos, las posibilidades que les ofrece la Formación Profesional?

Quien esto escribe aún recuerda los tres filtros que hubo de pasar antes de acceder a la universidad: Ingreso con diez años, reválida del Bachillerato elemental con catorce y reválida del Bachillerato superior con dieciséis, además del Curso de orientación universitaria (COU), habiendo estudiado casi toda la enseñanza Media en una academia de barrio de la periferia y teniendo que presentarse en junio por libre a todas las asignaturas completas con ocho exámenes (uno por asignatura) en dos días. Ciertamente, estábamos familiarizados desde muy pequeños con la ansiedad que generaba el saber que te lo jugabas todo a una carta, sin contar para nada lo que hubieras hecho durante el curso académico.

Fue en 1974 cuando se proclamó la Ley 30/1974, siendo ministro Cruz Martínez Esteruelas, sobre pruebas de aptitud para acceso a las Facultades, Escuelas Técnicas Superiores, Colegios Universitarios y Escuelas Universitarias que supondría la implantación de esta nueva modalidad para entrar en la universidad española. 

Esto de la selectividad o como ahora se denomina PEVAU (Pruebas de Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad y/o Pruebas de Admisión), primero se llamó Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), y ahora se le llama EvAU (Evaluación para el Acceso a la Universidad) o, en algunas Comunidades Autónomas, EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad), y tiene su origen remoto en el Examen General de Bachilleres instaurado ¡en 1857! en el Plan General de Estudios del político Claudio Moyano.

Atrás quedan los tiempos en que nos examinábamos de todo el libro, pues ahora sólo se incluyen en el programa de examen unos temas, por ejemplo, siete en Historia y nueve en Lengua y Literatura: comparen el esfuerzo.

A cualquier observador le llamarían la atención varios aspectos del sistema actual: en primer lugar, el modo de calcular la calificación. La fórmula es la siguiente: calificación de Acceso a la Universidad (CAU) = (0,4 * nota media de los exámenes de la fase obligatoria de la Selectividad) + (0,6 * nota media que traiga del bachillerato), y es aquí donde ya se produce una desigualdad de partida, pues no todos los centros educativos siguen los mismos criterios a la hora de calificar a sus alumnos, y no hablo de la recurrente diferencia entre centros públicos, concertados y privados, pues entre los mismos centros públicos hay notables diversidades (bilingües o no, de capital o de la provincia, etc.) Además, ¿dónde consta la valoración de la vocación, la motivación o la actitud personal ante una determinada carrera?

Si la disparidad entre centros es notable y crea un desnivel en la situación de partida, el pertenecer a una comunidad autónoma u otra no se queda atrás.  Por ejemplo, el alumnado madrileño recibe una media de 36 clases más de Historia durante el curso que el alumnado andaluz, por lo que en Madrid puede impartirse un nivel más alto y detallado de la materia, ¿y qué decir de aquellas comunidades donde se exige a los alumnos el conocimiento de una segunda lengua y que le cierran de facto las puertas de sus universidades a los alumnos de otras latitudes? Así, un estudiante catalán o balear puede venir a estudiar a Andalucía, pero al revés es muy dificultoso, lo que aumenta la competencia en todo el sur de España.

De la menor exigencia en los últimos años, sobre todo a raíz de la pandemia en 2020, hablan algunos datos, como, por ejemplo, que el número de sobresalientes en 2015, año más antiguo del que ofrece estadísticas el Ministerio de Universidades, fue del 12% entre quienes acabaron Bachillerato y se presentaron a la convocatoria ordinaria de Selectividad; en 2019, último curso prepandemia, los sobresalientes subieron hasta el 15%, y en 2021, el 21% obtuvieron dicha calificación, es decir, cerca de duplicar los de 2015. 

En 2012, los estudiantes elegían si se examinaban de Historia de España o de Filosofía. Ahora tienen que ir por Historia; y en cuanto a Lengua y Literatura, antes de la pandemia era opción cerrada: o escogían el modelo A o el modelo B. Desde la pandemia, escogen el texto que quieren, la sintaxis que quieren, el tema de teoría que quieren y por otro lado, el período histórico y temario que entran también es más reducido que hace diez años: en 2012 entraban el siglo XVIII, el XIX y la literatura hispanoamericana, y ahora sólo se pregunta el siglo XX español.

Habrá que esperar pues al desarrollo académico en la Universidad, a los númerus clausus de los futuros másteres y, sobre todo, a la entrada en el mundo laboral para que se lleve a cabo una selección más realista que la que resulta de una prueba devaluada con el paso del tiempo y que, en mi opinión, no responde a la finalidad para la que se creó. 

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com 




3 Comments

  1. Pedro dice:

    Buenas Alberto, muy interesante la opinión expuesta, no obstante, sobre la pregunta que expones relacionada a la valoración de la vocación, la motivación o la actitud personal ante una determinada carrera.

    En mi opinión si está reflejada ya que las notas son sobre 14 no sobre 10. Esos 4 puntos están relacionados con materias asociadas a la carrera que se va a escoger. Por lo que, el estudiante que quiera estudiar Ingeniería deberá examinarse adicionalmente de asignaturas mas técnicas para subir nota. En cambio si algún alumno se decanta por humanidades, deberá examinarse de otro tipo de asignaturas para tener mas opciones de acceso.

    Como cada semana un placer leerte.
    Un saludo,
    Pedro.

    • Anon dice:

      Es cierto que, como dices, las pruebas se han ido haciendo más fáciles. Pero sinceramente la crítica me parece muy superficial y no queda muy claro la idea transmitida. ¿Quieres que se vuelvan a incluir innumerables temas de historia, literatura, etc.? ¿Va eso a ayudar a alguien a tener mayor inserción laboral realmente?
      Creo que la calidad de unas pruebas como estas no debería depender de la carga de temario pero sí en si se avalua la caspcidad de razonamiento, comprensión… ¿No son estas las cualidades que dicen tanto que se necesita en el mercado laboral?
      Sinceramente veo un punto de vista muy anticuado, donde que si muchos no suspenden esa prueba no sirve para nada, que si no hay una cantidad insana de páginas a memorizar no es de calidad…

  2. Maria Soledad Lagüéns dice:

    Ciertamente está más fácil aprobar y sacar notas altas , y el nivel cultural muy bajo, a la vista está cuando en televisión sacan a reporteros preguntando cuestiones básicas de Geografía o Historia y los disparates que se escuchan. Tampoco lo mejora mucho la Universidad . La entrada en el mundo laboral ya es otra cosa y aquí si tenemos la auténtica selección .
    El nivel que tiene un alumno para hacer prácticas después del segundo ciclo de Formación Profesional es deprimente, ni se expresan correctamente y tienen muchas faltas de ortografía .
    Que empresa contrataría para atención al público por ejemplo con semejante nivel ?
    No sé a dónde nos lleva esto, pero desde luego el mundo laboral lo tienen muy incierto.
    Un placer leerte, un saludo , M Soledad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *