Segundo año vírico

El segundo año de la era del virus chino ha terminado. Se fue 2021 y expectantes le damos la bienvenida a 2022, un año que se presenta complicado y que terminó con los mensajes navideños de los presidentes de los gobiernos europeos y de las cabezas reinantes de sus monarquías. Distintos presidentes, distintos reyes e iguales mensajes, todos ellos globalistas, pero unos más que otros.

En España, el Rey lanzó un mensaje amenazante para quienes no sigamos a rajatabla las directrices de las Agendas de la ONU y nos neguemos a ser dirigidos como borregos en todos los ámbitos de nuestra vida. Tras el mensaje del monarca que desterró a su padre siguiendo las órdenes del gobierno, en un ejercicio del poder más medieval que otra cosa, hacemos balance del pasado año y nos encontramos con que, en España, la Seguridad Social ha llevado a cabo más de cincuenta eutanasias en seis meses y el tráfico de marihuana ha aumentado en 2021 un 75%. Unos quieren morirse y otros evadirse de lo que se nos viene encima para este 2022, año que su Majestad pretende que soportemos estoicamente porque como ha venido a decir, ¨esto es lo que hay y conviene que te acostumbres ¨.

Así las cosas, los planes de las Agendas de la ONU siguen adelante y para ello el jefe de su Majestad sube el impuesto de matriculación, – el coche está proscrito – el de los planes de pensiones y el de sociedades, y crea una Ley de Residuos para poner multas a los fumadores playeros. La bombona de butano está ya casi a 18 euros. Del precio de la luz mejor no hablar; el del agua ha subido y seguirá subiendo porque ya saben, se trata de salvar al planeta y para ello tenemos que dejar de lavarnos.

Contra esto de no poder lavarse contaremos con un antídoto buenísimo contra el mal olor, la mascarilla institucionalizada y obligatoria. Este molesto artilugio tapabocas se convertirá en el complemento de moda entre los borregos que querrán ser como los personajes de los nuevos anuncios de la globalidad, esos que se cuelgan de los árboles como si fueran koalas, abrazándolos y lanzando besos al Planeta, y cuando se bajan del árbol siguen un feliz viaje nuevo con una recia mascarilla de algodón como nos cuenta el último anuncio televisivo de Renfe. Viaje con nosotros, con salvoconducto sanitario, vacunado contra libertad y con la boca tapada y comiendo alpiste, ya saben que Alberto Garzón, Ministro de Consumo quiere acabar con la ganadería de vacuno y con las industrias cárnicas españolas porque dice que las vacas son muy dañinas para el medio ambiente y que la carne que exportamos es de muy mala calidad. No sé si Alberto Garzón cobra de Francia y Alemania por hacerles el favor de machacar a los ganaderos españoles de vacuno, terceros de la UE, o simplemente es que este muchacho no sabe lo que dice. Sí está claro que el ministro, todo el Gobierno y también su Majestad, cobran su sueldo de los españoles, incluidos los del sector cárnico, los ganaderos de vacuno y los ciudadanos carnívoros – de lo de la pesca y el consumo de pescado hablaré otro día – y se les paga, o eso creo, para que defiendan los intereses de todos los españoles, no para que nos frían a impuestos ni para que nos amenacen si no seguimos la senda que nos fija la ONU con sus Agendas destructoras.

Nos queda por delante un nuevo año que estará, si no se impide, cargado de amenazas y prohibiciones para los disidentes del Nuevo Régimen Mundial. Si no se creen lo que digo, fíjense en lo último de Macron contra quien no quiera vacunarse. Dice que quiere joderles, así con todas las letras, quiere joder a quien no le obedezca.

Sigo preguntándome cómo un personaje así ganó unas elecciones en Francia y cómo los europeos en general y los españoles en particular seguimos soportando a todo esta pléyade de políticos y válidos. Habrá que ir buscando respuestas sobre esto, mejor pronto que tarde,




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