Seguir hablando (en español)

Comentábamos el drama de la pérdida del español, no ya tanto por el uso de palabras inglesas sin venir a cuento en vez de las españolas (decir “tips” por consejos, o “coffee-break” por descanso), sino sobre todo por el empleo de palabras que son castellanas y de toda la vida, pero cambiándoles el sentido – atribuyéndoles servilmente la semántica de su aparente equivalente en inglés. Es decir, la burdez de un traductor automático de repente adquiere más autoridad que nuestra propia experiencia vital de años y años usando una palabra… 

La velocidad a la que aparecen estas deformaciones es estremecedora. No pasa día sin ver una nueva. La de hoy (nunca la había oído antes): decir “un comercial” refiriéndose a  “un anuncio”. Sí, en inglés se dice, en los intermedios de la tele, que están dando “commercials”. Pero en español, la polifacética palabra “comercial” se usa para mil cosas menos para eso. Se dice: “la publicidad”, o más popularmente, “los anuncios”. “Un comercial”, así como sustantivo, más bien se refiere a una persona, al empleado que en la empresa se dedica a buscar clientes.

En una época obsesionada por la salud (y no me refiero ya a la pandemia), es ubicuo y chocante el uso de la palabra “saludable”. Pero en español una persona no es “saludable”. En todo caso es “sana”. Eso de “saludable” todavía se podrá decir de un alimento o de un tipo de vida; y aun así en el habla popular incluso para los objetos prevalece el uso de “sano” (un clima sano, un alimento sano). Pero, ¡ay!, apareció la palabra “healthy”, le dimos al traductor automático, y adiós a lo sano…

(Las lenguas evolucionan, sí. Pero poco a poco y de otra manera. Esto no es evolución, sino enfermedad degenerativa galopante).

Se habla, siguiendo con la salud, de “personas con una condición preexistente”. ¿Condición?. Sí, en inglés, “a medical condition” quiere decir simplemente una patología. Pero a la importantísima, usadísima y útil palabra castellana “condición”, ¿le vamos a dar un significado que no tiene? Digamos “personas con patologías previas” y si queremos ser más indirectos, pues pensemos otra forma (no sé- “personas de salud delicada” o “con antecedentes de esto y lo otro”, lo que sea… Todo menos decir “personas con una condición”).

Ahora resulta que el autobús “toma tiempo en llegar”. Al botoncito traductor de “it takes time” se le da más valor que a toda una vida diciendo: “¡Cuánto tarda!”. En español se habla, sí, de tomarse un tiempo, pero en otro sentido. “Se tomó un tiempo para reflexionar”. Un matiz distinto al sentido práctico, funcional que tiene el decir que “el autobús tarda mucho”, o que “este invento necesita mucho tiempo para perfeccionarse”. 

Nos hemos habituado ya (bueno, algunos no lo conseguimos) al uso, bárbaro, de la inventada palabra “remarcar”- tomada en este caso del francés. Claro que este caso se sale del tema presente (estropicio de palabras puramente españolas), pero es tan hiriente… En español se dice “destacar, asuntos destacables”.

La deformación de la palabra “decente” (que en español todo el mundo sabe lo que significa, y ahora, por efecto de malas traducciones, se emplea como “digno”) alcanza hasta a ámbitos insospechados. Una famosa historiadora, a la que se le supone amor por España, hablaba el otro día de que “Magallanes se merecía una tumba decente”. ¿Y se merece el gran navegante que hablemos así? “A decent grave”, muy bien, sí, pero en español eso es “una sepultura digna”. (Y no estaban traduciendo, que  entonces se podría medio entender el desliz, sino hablando directamente).

Se oye decir “la persona envuelta en el accidente” (¡vaya! Ya salió el traductor automático de “involved”); en vez de “involucrada en el accidente”.

(Y toda España llena de colegios bilingües. Pues en otros tiempos, cuando sólo una minoría estudiaba idiomas, ningún estudiante cometía un error tan burdo. De las primeras cosas que se aprendían era a identificar a “los falsos amigos” lingüísticos. Eso hacía que aprender otro idioma no implicara arruinar el propio).

Aparte de errores zafios, de los cuales la lista es interminable (“¿Qué tan inteligente eres?”, y mil barbarismos más), pensamos en usos que, aunque menos obviamente disparatados, por eso mismo resultan más insidiosos y deben evitarse.

“A major depression” se dice en inglés. Significa “una depresión grave” (como la que se puede sufrir al ver este panorama). “Major” no es “mayor”. Hasta un diccionario automático diría que “major” es “importante,  notable…” (en este caso, “grave”). 

“Crime” significa “delito”. “A crime has been committed” quiere decir “aquí hay delito”, y puede ser algo tan leve cono una pequeña estafa. En español, se reserva la palabra “criminal” para cosas más graves y sangrantes.

Y yendo a lo que parece más nimio: se va extendiendo el decir cosas como “casarse con la persona correcta”… Y no es que sea totalmente “incorrecto”, (hablando de incorrecciones), no… Pero es doloroso perder la riqueza de matices de nuestra lengua (y por ende, la capacidad de captar la belleza de otras). Y en español lo suyo es decir “casarse con la persona adecuada”; lo adecuado es una cosa, lo ideal otra, y lo de correcto o incorrecto tiene otro espíritu… Estos detalles, que acaso suenen demasiado puntillosos, son los que le dan a un idioma la posibilidad de producir un soneto para la eternidad, y no sólo un mensaje reductible a emoticonos…




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