Se va el caimán

¡A ver si puede ser, caramba! Que mucho está tardando este individuo en abandonar, por la puerta de atrás, la Plaza Nueva. Aunque yo no me fiaría del todo, porque ya se sabe que esta especie para que salga del nido es dura de pelar como ella misma y aguanta y araña lo que no se puede y más hasta el último momento. Pero bueno, vamos a ver si tenemos suerte y después de la playita y el chiringuito el muchacho desaparece del mapa metropolitano y se lanza a su particular travesía del desierto.

Antes, como es natural, quiere, o eso pretende, dejar bien atadas algunas cositas: lo de Altadis, el famoso Metrocentro, los fondos europeos que tanto suenan ahora, su estrategia de recuperación económica y social y de generación de empleo, y el asunto estrella de las cuentas del 22. Si no terminan firmemente anudadas, por lo menos que se muevan un poquito más, que se agilicen. El tiempo… “El tiempo es una cosa sin sentido”, que dijera el poeta García Brera.

Y abundando en todo ello, y dejando aparte este magnífico paquete de medidas, un servidor se pregunta si el zagal (tiene cara de niño, ¿verdad?) va a dejar de lado determinadas actuaciones por las que lleva lampando el sevillano, un día sí y otro también. ¿Acaso no hacen falta más policías “apatrullando” la ciudad? ¿Acaso la figura del “policía de barrio” no es necesaria? ¿Acaso no es urgente un verdadero zafarrancho de limpieza en todos los barrios y centro de la metrópolis? ¿Acaso no es de ineludible obligación otorgarles un poquito de dignidad de vida a quienes pueblan Los Pajaritos o El Polígono Sur, por ejemplo?

En fin, Juan Espadas, no voy a seguir dándole la vara, no he tenido el gusto y trataré de olvidarle. Así que ande con Dios y coja por la sombrita (?), miarma.




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