Se puede destrozar de muchos modos

“Separatistas apedrean…” “Ministro dice que…” “Manifestantes atacan…”

Son noticias doblemente dolorosas. Por el contenido, claro, y también por la pérdida del artículo.

¿Alguien piensa tal vez que esta es una observación banal, en un momento en que parece peligrar la existencia misma de España? Pues… debe pensarlo dos veces.

¿Qué es España? Su territorio, sí, y también su lengua, que excede al territorio además. La paulatina destrucción de nuestra mayor riqueza no parece alarmar tanto como debiera.

Al castellano se le ataca por razones ideológicas, políticas, por intereses varios (la proliferación de “lenguas” a las que ahora hay que traducir todo, como el bable…). Esto es un hecho, que se comenta, y preocupa a muchos.

Pero por otro lado, y tal vez resulte incluso más dañino, también se le ataca “sin querer”, de manera insidiosa y sin que preocupe a nadie, por la simple necedad de dejar que un traductor automático del inglés se ocupe de redactar los titulares de nuestros medios, y nadie se moleste ni en revisarlo un segundo. Puede que este ataque sea peor que el ideológico e intencionado, pues se cuela por las buenas sin más.

El peculiar estilo periodístico del inglés suprime los artículos en los titulares de la noticias. En español, no. Como eso, otras mil cosas que llenan nuestros periódicos digitales y de papel. Los grandes diarios nacionales españoles, alguno de los cuales presume de centenario, ¿no tienen periodistas que redacten ellos? Las noticias, ¿hay que tomarlas todas de una agencia internacional y darle al traductor de Google…? 

Los idiomas tienen su riqueza y su fruición y sus matices. “Evidence” no es lo mismo que “evidencia”. Expresiones como “lo ha vuelto a hacer” chirrían en la lengua castellana. No se dan en español tantas condolencias, sino pésames. En la versión española de Amazon, que al parecer usan millones de españoles diariamente, al mostrar un objeto leemos: “Ver todos los 25 modelos restantes”. ¿Todos los 25 (“All 25”)? Pero en español se dice: “Ver todos los restantes (25)”. O bien: “ver los 25 restantes”. 

Así pues, al crear una página que utilizarán millones, se le pincha al traductor automático, y se da por bueno. Mayor desprecio no cabe a un país. Luego esos millones se acostumbrarán al barbarismo, a ese y a otros mil,…y van perdiendo la esencia de su idioma.

¿Es esto exageración? Un telediario informaba de que los desórdenes en Cataluña afectaban también a los agricultores andaluces, ya que muchos camiones no podrían llegar a Francia “en tiempo”. “En tiempo” (on time). En vez de decir “a tiempo”. De esta noticia no se sabe qué es lo más trágico, si el hecho del camión fastidiado, o el hecho de perder ya lo más esencial, lo más característico y distintivo de una lengua, que son las preposiciones. Esta noticia, ¿qué pasa? ¿Venía también dada por una agencia internacional, y se le dio al traductor de Google? No, porque (lo acabo de comprobar) hasta el traductor automático dice “a tiempo” cuando le pedimos que nos traduzca “on time”. ¿Nuestro servilismo del inglés nos ha hecho ya más literales que hasta el botón de darle a traducir…?

Recuerdo los viejos manuales de Historia Antigua, en los que, hablando del indoeuropeo, se explicaba cómo unas lenguas habían ido evolucionando hasta las actuales, mientras que otras (las de los dacios, los ilirios, los escitas) se habían extinguido completamente… Decía un autor con tristeza: “Razas enteras han perdido sus lenguas”.

La nuestra la estamos perdiendo de la manera más absurda. Hay una obsesión tal por “saber inglés” y presumir de tal (que un hijo sepa inglés parece ser la mayor preocupación del progenitor español de nuestros días), que a los errores debidos a la imitación del inglés se les considera con benevolencia (muchos hasta presumen: “¡Huy, se me ha pegado del inglés!”), no se les corrige. Hasta que llega el momento, como el presente, en que ni siquiera percibimos que son errores…

En fin… Recordando hechos como las capitulaciones de Bayona, “episodio vergonzoso de nuestra historia”, consideramos  que al menos, se le identifica y reconoce como tal. Pero esta complaciente autocolonización lingüística, ¿será descrita y censurada algún día en el futuro, en algún libro de Historia? Pero si es así, ¿en qué lengua estará escrito?




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