Se nos acaba el tiempo

Lo que digo es que se pueden poner todos en el PP muy delicuescentes, ambiguos, equidistantes y pactistas con la izquierda de Sánchez y de sus aliados indepes, comunistas y hasta filoterroristas, pero nadie debería perder de vista que si no se dedican sin descanso a repetir que derogarán hasta las raíces y cimientos lo aprobado por esta tropa, será cuestión de tiempo que entren en vía muy muerta y se vayan todos a hacer puñetas.

Si la senda enunciada por Feijóo de “colindar” con esa banda de desalmados a todo precio se convierte en realidad y no derriban una a una todas las miserias en las que nos han metido, le auguro al PP de Casado un auténtico calvario y una condena impepinable a la irrelevancia.

Valga el ejemplo en apariencia anecdótico de que una presunta ley de los animales (a los cuales las leyes humanas les importan tres caraj…) pretende excluir a los varones del acceso a la custodia compartida de sus hijos en caso de divorcio si figura en sus antecedentes alguna tacha de maltrato al jilguero, al loro y no sé si también a las cucarachas…

– Señoría, mi ex marido, ese desalmado, rociaba de insecticida los rincones de la casa para matar a las pobrecitas cucarachas y colocaba en el desván pegamento en un papel de estraza especial para cazar ratones…

– ¿No me diga? Levántese el acusado y sepa que desde ahora no podrá acercarse a ver a sus hijos por los siglos de los siglos…

Y si toda esa basura idiota no es derogada, digo, como con una retro excavadora y sin contemplaciones cuando el PP llegue al poder, habrán entrado en la fase decisiva de extinción de los dinosaurios, porque tanta estulticia supera las barreras del sonido con un ¡baaaaammm! explosivo que romperá los tímpanos al sentido común y a la democracia misma y no será posible que les voten ni tampoco gobernar sosteniendo un armazón tan delirante como el que nos está proporcionando este Gobierno de gualdrapas como preadolescentes.

De modo que, por no desviarme mucho con una infinidad de ejemplos insoportables, si se sospecha de algún español (condición esta, la de la nacionalidad, imprescindible) como autor de maltrato a un animal, podrían imponerle una condena, verbigracia, que le prohíbirá degustar los langostinos de Sanlúcar o comerse unas chuletillas de cordero…, a menos que seas un sindicalista o un inmigrante ilegal, en cuyo caso, privarle de un manjar de esa clase constituiría un abuso que atentaría contra los derechos humanos más elementales de todo liberado sindical.

Escuchar a Ione Belarra opinando sobre las medidas adoptadas en materia de vivienda resulta tan ominoso que se puede comparar con la decisión de Maduro de adelantar la Navidad a octubre o a noviembre para reactivar, dice, el consumo, cuando es obvio que los venezolanos no tienen nada que comprar ni con qué comprarlo, porque las estanterías de los supermercados están vacías y además la gente cobra cuatro perras devaluadas de manera inimaginable y con una inflación atroz y desbocada que obliga a llevar sacos de billetes para comprar dos huevos.

Navidad, dice el gorila sucesor del mandril narcotizado al que rendían pleitesía Iglesias, Monedero, Errejón y demás mugre progresista… Hay que tener unos huevos como de dinosaurio para tomarse en serio a toda esa banda de delincuentes del chavismo que ha creado el Ministerio de la Felicidad y cuyas ‘aprendizas’, como Irene Montero, proclaman que “pertenecer a Podemos es un acto de amor” y condenar a un padre a no volver a ver a sus hijos por presunto maltrato a los peces del acuario doméstico es un acto de justicia.

Lo que nos sucede parece increíble, pero ese malvado de opereta bufa (me perdonará el amigo Pérez-Reverte, pero este tipo no es de Shakespeare), el tal Sánchez, continúa enfangando a este país en un desastre ya irreversible, con una deuda colosal y tirando el dinero a espuertas, mientras los ministros y ministras empiezan a pasar por el banquillo de los acusados y Tezanos se prepara para responder de sus presuntos desfalcos y presuntas prevaricaciones ante los tribunales.

Aquí nadie se muere de la vergüenza ni de la indignidad, ni siquiera un Marlaska convertido en un secuaz impresentable de toda esta monstruosidad sin paliativo al que abuchean por las calles de España mientras acerca a su cueva de serpientes al asesino de Alberto y Ascen en la calle Don Remondo de Sevilla.

O el PP, repito, se afana en derogar toda esta hecatombe que nos devuelva a años anteriores y barre el plan educativo, la fiscalidad brutal y toda la miseria que abarca desde las cesiones en Cataluña y País Vasco hasta los delirios de género de esta progrez de baratillo o que se preparen para vivir los tiempos peores de la UCD antes de la extinción y con las calles incendiadas por las hordas de desalojados. El tiempo se acaba y no habrá una segunda oportunidad para intentarlo.

He dicho.




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