¡Se niegan a incumplir la Constitución, leñe!

Imagínense cómo está el patio si el Gobierno piensa que alguien puede comprarle el argumento de que el Estado no puede garantizar la seguridad del Rey en Cataluña.

Nadie, absolutamente nadie le compró la nueva patraña, acostumbrado como nos tiene Pinocho Sánchez a bolas de un tamaño que oscila entre el de la bola climática de la Expo y las dimensiones de la esfera de Júpiter.

Otro nuevo problema para Iván, que no en vano se apellida Redondo, como las bolas que nos quieren colocar a diario, porque en la espiral de crecimiento que llevan, Iván necesita agrandar la pelota hasta la hipertrofia para intentar que cuele. Pero hemos llegado a un nivel que ya no se las traga ni el feo de los Hermanos Calatrava con su bocaza como una tienda de campaña.

Cualquier día se dirige usted por carretera en dirección a otra comunidad autónoma y no se sorprenderá demasiado si le piden el pasaporte y le dice el guardia con boina, barretina o sombrero de ala ancha que a partir de aquí es el limes que le indica que está entrando usted en un territorio comanche de los de Arturo Pérez-Reverte y que Dios le guarde.

Tal vez hasta reciba la advertencia de que con ese acento suyo, extremeño, andaluz, de Murcia, asturiano o abulense, comprenderá que corre el riesgo de tensionar la convivencia de la comunidad hacia la que se dirige, de modo que usted sabrá lo que hace, pero por aquí no vuelva ni para presentarse en un juzgado a declarar. Menos aún para presidir una entrega de despachos.

Se dijo siempre que quitar la puta mili, como hizo Aznar, no llevaría a nada bueno, porque al menos de ese modo casi teníamos asegurado que la mitad de España (la de los tíos) aprendería a convivir y a racionalizar la convivencia con el Sargento Arensibia y con los de otras partes de España sin tabúes ni tópicos enquistados de manera irresoluble. Al menos aprenderían que los pedos de un valenciano y de un gallego huelen igual que los de un baturro o uno de Ayamonte.

Pero quiá, no hubo manera de convencer a nadie y hoy vemos a esa gallarda tropa de zarrapastrosos del independentismo catalán (del independentismo vasco ni lo nombren porque esos han convertido lo suyo en un disfraz o en un uniforme de combate) derrapando sandeces entre la Diagonal y Urquinaona y arrastrando las cadenas del cebollinazgo indepen como zombis sin desayunar.

Las majaderías se suceden como en una película de Groucho y sus hermanos, y si la Generalitat recuerda demasiado al camarote de los Marx, la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados se asemeja al desfile de un circo, con payasos, malabaristas, forzudos de pegote y gimnastas enloquecidas pegando volteretas.

Sale una de Esquerra con una pancarta adosada al portátil que le pagamos todos y se pone de cháchara con la Meritxell o con el Gómez de Celis con voz de machote de discoteca. O toma la palabra el Rufi, entusiasta de los atracones de galletas, y confunde al Rey Felipe VI con un diputado más de la bancada opuesta.

Sube una de Bildu o uno de Podemos y se desparrama proclamando insensateces guerracivilistas sin saber ni quién era Largo Caballero. O se levanta, sin moverse de su sitio, el Marqués de la Pachamama, con una mano en el bolsillo de los vaqueros, como si se rascara sus partes o como si amenazara con desenfundar, y se pone a hablar de agallas (o de peces, no sé) como si le acabaran de robar la mesa de mezclas “una gente de una clase mucho más baja que la nuestra”. Es que no dan más de sí y es perder el tiempo mientras sigan parasitando el presupuesto imposible de Marisú Montero, la que dice que el PP se niega a incumplir la Constitución… y lo dice cabreada, como si le resultara inimaginable que puedan negarse a semejante afrenta.

Incumplan la Constitución, leñe, como hacen todos nuestros socios de gobierno y todos los que aspiran a negociar la aprobación de mis cuentas del Estado, ese que sólo existe en la imaginación de los Reyes Católicos y del Conde de Floridablanca.

Hemos llegado a un punto, convénzase el Consejo de Ministros, en que las mentiras son tan gordas que ya no encuentran acomodo en parte alguna, así que mejor decir las cosas de verdad como se piensan (si es que piensan), al estilo de la Celáa o el Castells de la camisetas y las dos bolas de ping-pong en la boca.

Lo digo porque el depósito de la credibilidad de este gobierno está casi vacío, por mucho que Tezanos se encargue de dar pedales por detrás y de hacer runrún con los labios como si el motor sonara y estuviera funcionando. Agotada la reserva de la credibilidad, mejor que dejen de repetir embustes antes de que gripen las bielas del Estado y nos quedemos todos, otra vez, en las cunetas.

¡Hay que ver lo que le gusta a esta gente una cuneta!

He dicho.




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