Rocío del Cielo

Se acerca Pentecostés, la celebración cristiana de la venida del Espíritu Santo, y con ella, ese lunes de la Virgen del Rocío, también conocida como Blanca Paloma o Reina de las Marismas, devoción mariana que ha traspasado nuestras fronteras hasta el punto de que entre las 121 hermandades (filiales y no filiales), hay una ubicada en Bruselas.

El culto a la Virgen María (hiperdulía) está por encima del que se le rinde a los santos (dulía), aunque no alcanza el de latría, que es el que sólo se le debe rendir a Dios, si bien no son pocos los católicos que se dirigen a su Madre en primera instancia (como se diría en términos administrativos), pues de las formas esenciales de oración cristiana que existen (bendición, adoración, petición, acción de gracias, alabanza e intercesión) es quizás la intercesión la que más nos acerca a Ella en nuestra condición de hijos.

Aunque soy hermano de la Hermandad de penitencia de la Redención y María Santísima del Rocío de Sevilla desde mi adolescencia, confieso que no he hecho el camino ni he vivido una mañana de ese Lunes único en la aldea, pero siempre he sentido gran admiración por esos peregrinos que van a pie desde Sevilla o desde alguno de los pueblos de la corona del Aljarafe acompañando a su Simpecado.

A falta de amigos o familiares que me transmitieran ese sentimiento rociero, he cantado casi todas las sevillanas de los Romeros de la Puebla y de los Amigos de Gines que ensalzaban las vivencias que rodean a la Virgen: 

 

El que hable mal del Rocío

es que no ve más que faltas,

y no conoce a la Madre

que es maestra en perdonarlas

 

La primera referencia a un lugar de culto mariano en la zona, data de la primera mitad del siglo XIV y se halla en el archivo de Niebla. Le sigue el Libro de la montería de Alfonso XI, en que se alude a una «ermita de Santa María de las Rocinas». Aquella primera ermita duró hasta el terremoto de Lisboa, en 1755, que la dejó en ruinas; la Virgen fue llevada entonces a Almonte y estuvo durante dos años, celebrándose allí la Romería del Rocío

Apunto estos datos para subrayar que estamos ante una advocación religiosa secular, aunque no son pocos los que ven en esta celebración sólo un fenómeno cultural o antropológico. Para los creyentes se trata de una fe transmitida de generación en generación, con hitos grabados en la memoria histórica del pueblo como el que se celebra cada año entre el 16 y el 19 de agosto en el Rocío Chico.

En efecto, en mayo de 1808, Sevilla se alzó contra el invasor francés y Almonte firmó un documento de adhesión con la capital (el Reino de Sevilla incluía las actuales provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva hasta 1833). Dada esta situación, la Virgen del Rocío fue traída a Almonte el 11 de enero del año siguiente para proteger al pueblo de los invasores, de forma que cuando los franceses llegaron a Almonte ya la Virgen había llegado. A mediados de 1810, 39 almonteños asaltaron el cuartel general del capitán francés Pierre D’Ossaux en la casa número 7 de la calle del Cerro, dándole muerte junto a cinco soldados más. Esta noticia llegó al mariscal Soult, jefe de las tropas de Andalucía, que se encontraba en La Palma del Condado, y ordenó al día siguiente (18 de agosto) una represalia contra el pueblo almonteño; fue enviada una partida de 800 infantes para saquear y degollar a los vecinos de Almonte e incendiar sus inmuebles, pero los almonteños, en vez de huir o esconderse, optaron por encomendarse a su patrona ante la inminente masacre. Pasaron la noche del 18 al 19 de agosto junto a la Virgen pidiendo su protección, y, sorprendentemente, los 800 infantes nunca llegaron a la villa de Almonte, recibiendo la orden de volver. La única represalia que sufrió fue la de un impuesto dinerario.

Para la Iglesia Universal, estamos ante uno de los sacramentales más multitudinarios que se conocen (siempre se hace referencia a la cifra del millón de personas ese día en la aldea). Un sacramental es un signo sagrado instituido por la Iglesia Católica para que, imitando de alguna manera los sacramentos, expresen efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por su intercesión. Realizar un sacramental es orar de modo ritual, comunitario e institucional y por ello merece todo nuestro respeto.

El rocío es agua caída del cielo durante la noche, y ya en el Antiguo Testamento (Éxodo 16, 13) es lo que precede a la llegada del maná, ese pan que alimentó al pueblo de Israel en la travesía del desierto. Que nunca perdamos de vista lo trascendente de su significado.  

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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