Retratarse o retractarse

El exceso de Juan Marín a propósito de las exigencias de Macarena Olona para apoyar los presupuestos de la Junta de Andalucía entró a cotizar ayer en la bolsa de valores de las banalidades. O lo que es lo mismo, no la habría dicho más gorda ninguno de los aspirantes lenguaraces del anarquismo de pandereta de Teresa Rodríguez y ni siquiera la mismísima Adriana Lastra en una de sus catequesis parroquiales de fines de semana alternos.

Dijo Juan Marín: “Si Vox llegara al Gobierno en Andalucía, arrasaría el Estado de Derecho”. Para terminar de arreglar la hiperbólica valoración, le añadió ese toque sexista de que “no se puede venir a Andalucía de viaje de fin de semana con el bolso debajo del brazo [pudo haber añadido "con taconazos y escote”] para decirles a los votantes lo que quieren oír y para insultar”.

Lo peor no es que lo diga del único partido que ha recurrido en tiempo y forma al Tribunal Constitucional para tumbar los sucesivos decretos de estado de alarma ilegales que en su día su jefa de filas se tragó con entusiasmo y avidez, sino que quien lo dice es el presidente regional de un partido catalán que alguna vez tuvo la aparente intención de frenar al independentismo y que se lo hizo todo encima cuando le llegó la hora de presentar su opción de gobierno.

Por si fuera poco, el antecesor al frente de ese mismo partido, Albert Rivera, colocó a España en el cráter de un volcán a punto de erupción llamado Pedro Sánchez cuando puso todos los mimbres a favor de una moción de censura al Gobierno de Mariano Rajoy, lo cual nos ha traído ya tres años largos de lapillis, bombas y cenizas, asociado todo a terremotos, diluvios y desgracias impensables sin su insensata colaboración.

Más tarde, Ciudadanos desgasificó sus verdaderas intenciones a nivel nacional y las cambió por los muy nobles y loables deseos de sustituir al PSOE si éste se pegaba el batacazo definitivo en las urnas paragonando lo sucedido en países como Italia, Grecia, Francia, Holanda y muchos más, pero ya el destrozo estaba consumado y Marín aprovechó aquellas explosiones para elegir una pinza con la que colgar en Andalucía su almidonado ropaje en un tendedero o en otro, que lo mismo le daba con tal de secarse al sol del poder, que es siempre el que más calienta.

Los de Macarena Olona le posibilitaron a Marín entonces la formación de un gobierno con Moreno Bonilla y a saber cuál habría sido la postura adoptada por Ciudadanos de no haber accedido Vox a salvar los muebles de la gobernabilidad en Andalucía, porque tal vez a estas alturas los ‘naranjas’ aún seguirían enfangados en las Faffes, las Egmasas y los ERES de sus eventuales socios y compartiendo la mesa larga de San Telmo con Subsana y con el podemismo folclórico de “Teresa, la lideresa”.

No digo yo que se fustigue o use cilicio por haber aceptado la vicepresidencia de la Junta que le facilitaron los ‘verdes’ de Vox; ni siquiera que acuda cada semana a la capilla de la Virgen del Buen Aire en el palacio presidencial para agradecer el apoyo invisible proporcionado por la muchachada de Olona en sus aspiraciones de salvar a Andalucía de 40 años de lo mismo (casi cuatro con el apoyo de Marín y sus nueve diputados prolongando innecesariamente la agonía andaluza y sin barrer el polvo), pero al menos podría abandonar la hipérbole gratuita y el maximalismo impostado con el que se refiere a ese “socio a regañadientes” como si hablara de Gengis Khan o de Atila, pero que le permite permanecer en el Gobierno.

No servirá de nada señalarlo, porque, además, las elecciones están cada vez más cerca, pero se hace aconsejable la prudencia, sean cuales sean las encuestas que manejen, porque en el futuro reparto de cartas pueden caer algunas boca abajo o puede que favorezcan a las opciones menos deseadas y entonces el fotomatón será implacable y todos tendrán que retratarse. O incluso retractarse.

He dicho.




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