Reflexiones veraniegas I. Bermudas

Las bermudas del título de estas lineas no son las evocadoras islas del Atlántico donde supuestamente se ubica un triángulo diabólico, sino esa nefanda prenda que todo varón de cualquier índole y condición se ve impelido a portar en sus extremidades inferiores durante toda la temporada estival.
Da igual que se esté de vacaciones en cualquier zona costera, que se permanezca en la ciudad o se vaya de turismo cultural, el individuo masculino destierra el elegante y clásico pantalón largo durante unos meses y se cree facultado para que su único vestuario veraniego consista en las dichosas bermudas y una camiseta (si esta es de tirantes la cosa ya alcanza cotas importantes de gravedad).
Tengo para mí que uno de los rasgos definidores del declive de la civilización occidental es ese abandono indumentario que hace que si llevas pantalón largo en verano seas un bicho raro.
Este verano hice un día  la prueba con mi hija mayor. Le dije, al salir del hotelito francés con encanto de esa villa medieval en que nos encontrábamos en ese momento, «cuenta los varones que veas en todo el día con pantalón largo, te apuesto que no superan los dedos de las dos manos». Ella se mostró incrédula: «anda ya, papa»… En fin, les diré que apenas superaron los dedos de una mano los abnegados varones que cubrían en su totalidad sus piernas.
Si el bermudas se complementa con ese otro horrendo engendro llamado, no menos espantosamente, riñonera, entonces ya estamos ante el espécimen perfecto de macho veraniego hortera.
¿Qué deformación mental, para mí inaprensible, ha hecho que millones de hombres, muchos de los cuales no son especialmente inelegantes ni descuidados durante el resto del año, decidan que en verano han de ir enseñando sin pudor ni vergüenza las canillas llenas de pelos?
Porque es la verdad que solo a algunas personas les sientan bien esos pantalones cortos e, incluso esos individuos, lucirían sus cuerpos mucho mejor y, sobre todo, más  elegantemente, con unos pantalones largos.
El colmo del mal gusto y la falta de respeto y educación llega cuando esas hordas de piernas peludas invaden iglesias y sitios de culto bajo la permisividad no ajena al afán recaudatorio de las autoridades eclesiásticas locales.
Es por ello que, en fin, yo, que hasta ahora me ponía de vez en cuando un bermudas, siempre en la playa y nunca para el paseo vespertino o nocturno sino solo como indumentaria playera, he llegado a tal convencimiento de que tal prenda es un síntoma claro de la debacle educativa, cultural y de principios y valores de nuestra sociedad que he decidido este verano bañarme con pantalones largos hasta el tobillo.




1 Comment

  1. Santi Saavedra dice:

    Visto bermudas muchos dias, de sastre ingles que no desastrosa, la utilizo con camisas, cubanas o guayaberas…. jamás con camisetas con o sin, ni siquiera polos de piqué, y pisando con calzado ingles de vestir, sin náuticos, zapatillas o tenis… no voy a San Lorenzo a ver al Señor, pero paseo por Sevilla con cierto gusto…. la elegancia no es una opción pero tampoco una obligación. Saludos a 37* a la sombra

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