Radiografía de una Italia pre-electoral

La legislatura que de modo anticipado pone a su fin en Italia comenzó con una coalición netamente soberanista entre la Liga de Salvini y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), dos formaciones que competían en populismo, en un contexto en el que llegaban al país transalpino unos 150.000-200.000 inmigrantes ilegales al año que los restantes países de la Unión Europea se negaban a repartirse, de modo que a Salvini le granjeó una fuerte popularidad (del 70 %) su lucha contra la inmigración ilegal y la Unión Europea, motivo por el que (cegado por la ambición) trató de hacer caer al gobierno y forzar la convocatoria de unas elecciones anticipadas que podrían hacerle primer ministro. En aras de evitar un escenario en el que el líder liguista se convirtiese en jefe de gobierno, el centro-izquierda del Partido Democrático pactó con el M5S (el Podemos italiano) para sostener su Ejecutivo, lo que generó la marcha de su ala moderada, que creó la escisión de Azione. 

Dicho gobierno (liderado por Giuseppe Conte), cayó cuando la Italia Viva de Renzi (el Ciudadanos de Italia) le retiró el apoyo al discrepar de su gestión del reparto de los fondos de la Unión Europea para paliar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, lo que dio lugar a un Ejecutivo tecnócrata en la persona del expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, y apoyado por todas las formaciones parlamentarias a excepción de los Hermanos de Italia de Meloni. 

El gobierno de Draghi cayó de manera similar al de Conte, en esta ocasión, cuando el M5S le retiró el apoyo al considerar insuficientes las ayudas sociales, por lo que Draghi se sintió privado de legitimidad política al no contar con el apoyo del partido que había sido más votado, sometiéndose a una cuestión de confianza, en la que no sólo perdió el apoyo la formación fundada por Beppe Grillo sino también la Liga y Forza Italia al ver que unas nuevas elecciones devolverían a la derecha al gobierno, de modo que al perder el respaldo de una de las patas del sistema político, el suyo dejaba de ser un Ejecutivo de concentración nacional. 

Los tres partidos que han marcado la legislatura, dejando en un segundo plano a los tradicionales partidos de centro-izquierda y centro-derecha, ocupando un lugar destacado las formaciones que han crecido al calor del descontento popular en los últimos años, siendo el caso del Movimiento Cinco Estrellas, la Liga y Hermanos de Italia, que merecen ser objeto de análisis: 

Movimiento Cinco Estrellas: A diferencia de un Podemos claramente alineado con la extrema-izquierda, el partido es transversal e inclasificable políticamente al recoger tanto ideas de izquierda como de derecha bajo la afirmación de que “No existen ideas de izquierdas y de derechas, sólo buenas y malas ideas”, llegando a proclamarse heredero de la tradición comunista y fascista. 

En el plano económico han combinado elementos liberales como la bajada de impuestos, la reducción de la Administración y la deuda pública con una fuerte apuesta por el Estado del Bienestar y propuestas muy a la izquierda como la implantación de una renta de ciudadanía de 780 euros, además de un fuerte ecologismo, lo que les ubicaría en el centro, cercanos al socioliberalismo. 

En el plano moral es un partido de izquierda que defiende el aborto y fuertemente anticlerical pero que, sin embargo, para no perder electores y jugar a la carta de la transversalidad, dio libertad de voto a sus representantes ante la cuestión de las uniones civiles homosexuales. 

En cuestiones de soberanía, está muy a la derecha al abrazar un euroescepticismo duro que promueve la salida del euro y la Unión Europea y una política de línea dura frente a la inmigración ilegal, abogando por acabar con el ius soli, además de una postura conservadora en materia de orden público al defender el derecho a poseer armas y acabar con la prescripción de los delitos. 

En definitiva, la mayor semejanza con Podemos radica en su discurso populista de la anti-política, guardando desde un punto de vista ideológico grandes semejanzas con el programa del primer fascismo de 1919 al combinar un fuerte elemento social y nacionalista, teniendo, a su vez, paralelismos con el pujadismo.

No es de extrañar que en base a sus coincidencias en materia de inmigración y soberanía, así como el propósito de un acercamiento a Rusia en política exterior, el M5S se aliase con la Liga salvinista, tal y como defendían la mayoría de sus votantes. 

Tras la ruptura con Salvini, potenciaron la otra parte de su ideario que estaba en consonancia con el Partido Democrático, como era la política social, demostrando su gran capacidad de reciclaje, a la par que dejaban de lado su antigua postura en materia de inmigración, algo que cobra todo sentido cuando el PSOE italiano estaba liderado tras la marcha de Renzi por el más izquierdista representada por Zingaretti, en línea con perfiles como Bernie Sanders y Jeremy Corbyn en el mundo anglosajón. 

Tras la marcha de Zingaretti, el ala moderada (representada por Letta) se hizo con el control del PD, virando hacia posturas socioliberales, de modo que han votado en contra de la implantación de un salario mínimo impulsada por M5S al considerar (acertadamente) que perjudica la economía, lo que ha dado lugar a que el ala izquierda de la formación se sienta traicionada al verlo como un partido de centro-derecha. En este contexto, el M5S trata de pescar en río revuelto al tratar de dejar de lado su tradicional indefinición y ocupar claramente el espacio del centro-izquierda socialdemócrata, un movimiento estratégico que cobra todo sentido cuando la mayoría de sus votos se los arrebataron al propio PD, ya que en la política como en la física, todo vacío tiende a cubrirse, y el partido fundado por Grillo pretende erigirse en el altavoz del ala izquierda del PSOE italiano, antaño abanderado por los Demócratas de Izquierda, que sería un PD sin el sector democratacristiano. 

Liga: Salvini eclipsaba en el gobierno al M5S, produciéndose un trasvase de votos de éstos hacia la Liga, pero una vez cerrada la puerta de las elecciones anticipadas que él quería en 2019, se fue desinflando progresivamente por el voto de castigo por su pacto con el Podemos italiano (que iba en contra de lo prometido a sus votantes), a lo que se suma que la inmigración ha dejado de estar en la primera línea de la agenda política, ya que la llegada de inmigrantes ilegales es ahora de apenas 50.000 anuales, cuatro veces menos que cuando era ministro del Interior. 

Al igual que su antiguo socio del M5S, Salvini se ha subido a la ola de popularidad con la que ha sido recibido el gobierno tecnócrata de Draghi para obtener una rentabilidad electoral y, de ese modo, diferenciarse de Meloni, que representa a la derecha, por lo que trata de ocupar el espacio de centro-derecha, antaño abanderado por un Berlusconi que ahora se encuentra en horas bajas, tratando de crecer a costa de Forza Italia para contrarrestar a su principal competidor electoral en la derecha. 

El líder de la Liga (al haber sido ministro) es consciente de que, una vez caído Trump, no puede gobernar si no cuenta con apoyos internacionales, moderándose tras su paso por el gobierno, ya que ha dejado de defender la salida del euro, limitándose a apostar por cambiar algunas de las políticas de la UE como las referidas a la inmigración, una línea más razonable que siempre ha defendido Meloni cuando él sostenía posiciones maximalistas. No es de extrañar que cuando Pedro Sánchez dijo que “Salvini, Le Pen y Abascal representan la muerte de Europa” fuese el propio Draghi quien le respondió que el liguista estaba sosteniendo un gobierno europeísta como el suyo, sobre todo cuando su nicho tradicional de votantes (el empresariado del norte de Italia) depende de las ayudas de la UE. 

Ante el nuevo bandazo de Salvini, ha emergido dentro de la Liga un sector que quiere que profundice en esa línea de moderación, siendo más liberal en lo económico y más atlantista, rompiendo sus vínculos con Putin e integrándose en el PPE, algo a lo que se ha negado. 

Hermanos de Italia: Meloni ha crecido a costa de la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas por el voto de castigo contra ambas formaciones, y en el caso de la primera por su pacto con los grillinos primero y el apoyo al gobierno de Draghi después. 

Si bien es cierto que la Liga y Fratelli d´Italia son formaciones ideológicamente muy similares, no lo es menos que la diferencia radica en la coherencia en el discurso, ya que la Liga es una formación oportunista que de la mano de Salvini ha virado de nacionalista padana a patriota italiana, existiendo también importantes diferencias ideológicas, que en absoluto son menores: 

  • En lo que a la organización territorial del Estado se refiere, la Liga es federalista mientras que Fratelli d´Italia se opone a las autonomías y defiende un Estado unitario, en consonancia con VOX.
  • La Liga es un partido populista que defiende posiciones económicas que buscan el aplauso fácil mientras que Fratelli es mucho más realista y sostiene algunas posturas que no son tan populares, y hay varios ejemplos en esa línea: el partido de Meloni defiende el equilibrio presupuestario mientras que Salvini se opone a este principio, del mismo modo que Fratelli se opone a la renta básica implantada por Cinco Estrellas que la Liga apoyó y que su coste asciende a 10.000 millones de euros anuales y que Meloni se opone a eliminar por completo la reforma de las pensiones que retrasa la edad de jubilación. 
  • En materia de política internacional, Salvini es rusófilo mientras que Meloni es atlantista, y aunque se ha tratado de demostrar lo contrario con un tuit en el que la líder de Fratelli felicitaba a Putin por su reelección como, no lo es menos que ella nunca ha cuestionado la OTAN sino que, por el contrario, quería que Rusia se integrase en el sistema occidental, y a raíz de la invasión de Ucrania, como presidenta de los Conservadores y Reformistas Europeos, ha impulsado una postura más dura contra Rusia y más activa de la OTAN en favor de Ucrania, algo que contrata con la posición de Salvini y que se ha visto recompensado electoralmente en un contexto en el que Draghi (en claro contraste con la inoperancia de Sánchez) ha reducido la dependencia de Rusia del 40 al 25 % al firmar un acuerdo con Argelia, un acierto que en España tuvo Aznar al construirse un gaseoducto con el país africano previendo este tipo de situaciones, lo que nos ha permitido tener un suministro diversificado. 

En definitiva, lejos de la maquinaria propagandística que se ha desatado para mermar las opciones electorales de Meloni, cabe subrayar que su partido es heredero directo de aquella Alianza Nacional de Fini, que rompió todo vínculo ideológico con el fascismo y lo condenó sin fisuras, con un pequeño matiz que le diferencia, como son las cuestiones morales, donde Fini era más progresista en aras de presentarse como centrista. 

Una virtual elección de Meloni como primera ministra supone un faro de esperanza para aquellos que nos definimos de derecha, desplazando dentro del liderazgo de ese espacio diestro la posición predominante que tradicionalmente ha ocupado Berlusconi, motivo por el que la coalición que constituyen Forza Italia, la Liga y Hermanos de Italia recibe el nombre de “coalición de centro-derecha”. No obstante, si las expectativas se cumplen el cambio de paradigma no será exclusivo de la derecha italiana sino de Europa Occidental en su conjunto, demostrando que puede llegar al gobierno una derecha sin miedo, sin vergüenza y sin complejos. Un ejemplo que puede servir de referencia a VOX, señalándole el camino a seguir. 




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