¿Quién defiende a las que rezan?

El calibre de los crímenes cometidos recientemente en Francia invita casi a no hablar de ello, pues la crudeza de los hechos… no favorece la ironía, el ingenio, lo que suelen querer lucir los articulistas. Decir: “¡Qué malo es el malo!” suena casi demasiado básico, demasiado obvio. Se da por sabido o se espera que lo hagan otros.

Pues alguna vez habrá que decir lo básico, lo elemental.

Hace unas semanas, el brutal asesinato en plena calle, nada menos que en París (o cerquísima), de un maestro, “conmocionó a la opinión pública”, según se dice. No es menos cruel la muerte por efecto de bombas y cosas así (estrictamente hablando, una bomba es peor: mucho más mortífera y mutiladora, pero más segura para el cobarde asesino); pero el procedimiento (¡cortar una cabeza!) en su primitivismo, tiene un extra de horror, de retorno a lo que llamamos tiempos de barbarie. De lucimiento del asesino, cual verdugo en ejecuciones públicas…

De puro obvio, este espanto se comenta poco. Queda como de mal gusto… Y también es verdad que muchos ya no pueden absorber más malas noticias.

Pero vayamos a la reacción del presidente francés. En líneas generales, su actitud de firmeza ante el fanatismo islamista parece una buena noticia, y esperemos que se mantenga. No obstante, nos chocan algunas cosas. El profesor asesinado, considerado como héroe, ha recibido a título póstumo la Legión de Honor, la máxima distinción de Francia.

Una creía que en Francia, como en España, está prohibido tomarse la justicia por su mano, en cualquiera de los casos. Cualquier asesinato es delito grave e intolerable. El padre de una hija violada o secuestrada no puede vengarse a su gusto del criminal. Si lo hace, comete un delito a su vez. Lo cual no implica que el violador receptor de esa venganza sea héroe ni merecedor de premios. Una cosa no tiene que ver con la otra.
Resulta que el crimen del profesor ha desatado un debate sobre “la libertad de expresión”. Es un debate lícito en cualquier momento, pero no tiene que ver con el hecho (que de puro obvio ni se recuerda) de que ESTÁ PROHIBIDO ASESINAR.

El disparatado planteamiento que se deduce de la oficialidad francesa es:
– o bien “enseñar caricaturas de Mahoma” es algo noble y heroico y merece hasta la Legión de Honor;
– o bien es algo tan horrible que se acepta que en este caso sea justa una decapitación pública del que hace tal cosa.

Es decir, en el segundo caso se admite humildemente que existe la pena de muerte, y además sin juicio previo, y ejecutada por cualquier ciudadano.
Imaginemos, por poner un ejemplo, que un profesor algo pervertido enseña en clase a sus alumnos unas fotografías de pornografía infantil. A continuación, un ciudadano indignado asesina a dicho profesor en plena calle. La consecuencia lógica, imagino, es que el asesino es detenido y juzgado. Está prohibido asesinar. ¿Se declara entonces buena, y hasta heroica, la pornografía infantil?

El debate es: si prevalecen la ley y el orden, o si se permite tomarse la justicia por su mano (y si es esto último, apaga y vámonos). Sobre leyes que limiten la libertad de expresión, o leyes protegiendo a los menores de la pornografía, se podrá hablar en otro momento. En todo caso, nadie abogará por una ley que suponga la decapitación pública del infractor de ninguna norma, con lo cual es disparatado relacionar una cosa con la otra.

Y luego llegamos a la noticia siguiente: el ataque primitivo y bestial a unas mujeres, una de ellas anciana, que estaban REZANDO en la catedral de Niza. Con lo difícil que es REZAR en una catedral de Francia, o de España o de Italia… países descristianizados pero llenos de patrimonio artístico religioso, países de iglesias convertidas en museos y donde hasta los párrocos, absortos en asuntos de turismo y de restauraciones, miran con cierto desprecio e impaciencia a las pobres señoras que todavía se creen que una iglesia es para rezar…

Setenta años tenía una de ellas, la otra cuarenta. Decir que me resulta “sangrante” queda como de humor negro. Las palabras se quedan chicas ante este drama, pero no por eso hay que dejar de decirlas, por insuficientes que resulten. Más insuficiente es callar. Así pues, estas mujeres que rezaban son las que pagaron el pato; las que, en la descristianizadísima Francia, y sobre todo Niza, se atrevían a rezar…
Señor Macron, ¿a estas mujeres no les concederá la Legión de Honor, verdad?




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *