Tras escuchar al presidente Pedro Sánchez en su ponderadísimo discurso valorando sus grandes logros al frente de estos meses de Gobierno y anunciando las próximas elecciones generales, se comprende el padecimiento que soportan quienes se dedican al noble y sacrificado ejercicio de la política.Qué injusta resulta la extendida y negativa opinión entre la gente del pueblo sobre nuestros prohombres y promujeres que -como es el caso de nuestro (aún) presidente- practican una política de tan elevada visión y actividad, que queda muy lejos del alcance de las mentes más terrenales.

El humildísimo tono de sus palabras respecto a las magnas conquistas de su Gobierno (prácticamente equiparables a las de todos los gobiernos de los cuarenta años anteriores), y la sutil modestia que desplegó en todas sus aseveraciones sin mudar el rictus, tendrían que quedar para los anales como materia ineludible de investigación para posibles tesis doctorales…


Tesis doctorales sobre el grado de cinismo, falsedad y dureza facial a los que puede llegar un político de tan altos vuelos como éste.