¡Que el infierno te confunda!

La frase va dirigida a uno de los peores Presidentes del Gobierno que ha sufrido esta España de nuestros pecados, en duro y enconado pugilato con Rodríguez Zapatero, pelea a la que, desde hace unos meses, se ha unido con gran perseverancia y vigor el ínclito Sánchez, y ese no es otro que Mariano Rajoy Brey.

Habiendo sido designado por el dedazo de José María Aznar en ese Congreso infame de Valencia, comienzo del fin de un Partido Popular a la deriva ideológica, se empeñó desde el principio de su primera legislatura, en la que disfrutaba de la quizá última mayoría absoluta en mucho tiempo en el Parlamento, en dirigir todos sus esfuerzos a la cuestión económica y en evitar un rescate a España por las instituciones económicas europeas, rescate que, aunque se niegue, sí que se produjo a nivel bancario, dejando totalmente de lado las cuestiones ideológicas que siempre había llevado en el ADN su partido, no derribando la legislación ideológica implantada por la era Zapatero como por ejemplo la ley del aborto, conformándose con interponer un recurso ante el Constitucional que aun hoy sigue sin resolverse para vergüenza y oprobio de dicho Tribunal, y realizar tan sólo una modificación en septiembre de 2015, con respecto a las menores de edad y su decisión de abortar, pero no derogando esa ley, cuando disponía de mayoría suficiente para hacerlo. Lo mismo se puede decir de la infame Ley de Memoria Histórica, una ley creada como coartada para poner en práctica el sectarismo de la izquierda y para volver a enfrentar a las dos Españas y negar el espíritu de la transición, que, con todos sus defectos, fue un ejemplo de convivencia entre los diferentes, e incluso los opuestos. O la ley de violencia de género, que destruye el principio de igualdad entre los españoles y el de presunción de inocencia entre otros.

Eso sin olvidar otros temas no menos graves como el abandono de las víctimas del terrorismo o la “buenista” y traidora política penitenciaria y de acercamiento a ETA, en la estela de lo iniciado por, una vez más, el nefasto Zapatero. Y, como no, la entrega de prácticamente todas las cadenas de televisión a la izquierda para, en equivocada estrategia nacida del caletre de Arriola, inundar las pantallas de presencia podemita para intentar movilizar el voto del miedo.

Pero, con ser todo eso gravísimo, lo ocurrido en el asunto catalán raya el delito de traición: el haber dejado llegar la situación al borde del golpe de Estado por una dejación totalmente irresponsable del ejercicio de la autoridad. La nula actuación ante el incumplimiento sistemático tanto de leyes como de sentencias por parte de la Generalidad catalana, ante la imposición de leyes contra el castellano o de multas por rotular en nuestro idioma o la permisividad ante la deriva de la educación en Cataluña, base de todo el adoctrinamiento que, en unión al que generan los medios audiovisuales, son la raíz de la que brotan cada vez más nuevos independentistas.Y, finalmente, esa cobarde, laxa y rotundamente inane aplicación de un, muerto antes casi de nacer, artículo 155, lo que nos ha llevado a una circunstancia de golpe de estado permanente.

Para culminar sus favores a la Patria, y no contento con esa envenenada herencia que deja a sus sucesores, nos regaló, cuando podría haberlo evitado convocando elecciones, y como última ofrenda, a un okupa en la Presidencia del Gobierno (debió pensar aquello de “bueno te hará el que detrás de ti vendrá”) que, este sí, suma a su condición de inepto, arribista y sin principios ni moral, la de colaborador con el separatismo, lo cual le hace acreedor del muy meritorio título de Presidente más traidor a España de su historia reciente.

A Pablo Casado, el nuevo y joven Presiente del PP le dejó Rajoy, que lo tuvo siempre en un segundo plano, la ímproba tarea de recuperar las esencias primigenias del partido, perdidas en la noche de los tiempos sorayoarriolescos, y este, se diría que poniendo en práctica la frase del emperador Marco Aurelio “la mejor venganza es no ser como tu enemigo”. Y dado que el mayor enemigo del PP ha sido Rajoy, se ha remangado y puesto manos a la obra de transitar de los años de desidia rayoyesca a los del reverdecimiento de los viejos postulados e ideales de la derecha española (dejemos eso del centro derecha, el centro no existe), por un lado, quiero ser bienpensado, por convicción propia, y, por otra, por pura estrategia política, pues buena parte de la ciudadanía, movida,  por un lado por la reacción contra el golpe de Estado separatista de la cual el Rey se puso a la cabeza, y, por otro, por la eclosión de Vox, con su fundamental lucha en los Tribunales contra los separatistas, y con su valentía y falta de prejuicios en el enunciado de sus líneas programáticas, ha dicho basta, y está dispuesta, esta ciudadanía, a gritar su hartazgo de la opresiva dictadura de la corrección política y de no poder decir lo que piensa de ciertos temas sin que se tache al que lo hace de machista, homófobo, racista, fascista o todo ello junto, lo que ha producido y, ojala, siga produciendo, un viraje en las preferencias electorales.

Sería de esperar que el nuevo Partido Popular de Casado de verdad fuera nuevo, recuperara la confianza de sus votantes de siempre, que en buena parte lo han abandonado, y, empujado por el auge de Vox, y por la misma opinión pública, cada vez mas cansada de lo políticamente correcto, profundizara en un discurso ideológico que tenía abandonado desde la segunda legislatura de Aznar y, sobre todo, con el indigno Rajoy, en unión a los de Santi Abascal, desoyendo los cantos de sirena de los operadores mediáticos y de los arribistas de todo pelaje, desde sanchistas a riveristas y otros seguidores del gabacho pretendiente a la Alcaldía barcelonesa, emprendiera sin complejos la reconquista de todos esos Ayuntamientos, Comunidades y Diputaciones caídos en manos del socialismo más podemizado, cuando no afín al nacionalismo, y de sus socios podemitas.

Y finalizaré con una frase del gran escritor británico C. S. Lewis que, no por ser de esas típicas que casi todos hemos recibido en nuestros whatsapps con motivo de la llegada del Año Nuevo, deja de ser brillante e inspiradora, y que debería de ser la guía para el futuro de España, por su bien: “No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final”.

Yo, personalmente, espero que así sea.



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