Presos políticos sí, presos comunes no

La dictadura castrista durante 62 años ha practicado las artes del engaño a la opinión internacional con un gran nivel de sofisticación. En los días posteriores a las protestas comenzadas el 11 de este mes, que fueron reprimidas de manera violenta, se ha desatado una cacería sin tregua. Las fuerzas represivas están yendo casa por casa, y deteniendo a los cubanos por la fuerza, casi siempre gracias a algún chivatazo de un vecino, siempre con escenas violentas porque las familias se niegan a que se lleven a sus hijos entre los cuales hay varios menores de edad. En estos momentos hay cientos de jóvenes, y no tan jóvenes detenidos a lo largo de la isla, y las familias están viviendo el calvario de ir estación de policía por estación para localizarlos. Hay algunos “en paradero desconocido”, es decir, desaparecidos. A otros los han soltado ya. Los liberados han salido con una citación a juicio por “Desorden público”.

Se trata de la típica estrategia castrista de disfrazar las causas por disensión política con causas comunes. Todos los detenidos en estos momentos, por la naturaleza de la protesta en que tomaron parte son detenidos políticos, y todas las causas presentadas contra ellos son causas comunes. ¿Por qué la dictadura castrista hace esto? Por una razón de imagen internacional. Si los prisioneros son acusados de desorden público, como es el caso, entonces Amnistía Internacional, Human Rights Watch, ni la Comisión Internacional de Derechos Humanos de Ginebra, los pueden ingresar en las listas de presos políticos (cuando ingresen a prisión porque en Cuba no es como en España y si te condenan a un mes, pasas el mes en prisión). Por tanto: no pueden ejercer ninguna presión ni reclamo contra la dictadura castrista. Ha sucedido muchas veces a lo largo de estos 62 años que personas que han escrito en una pared ¡Abajo Fidel!, la causa por la que les pueden haber caído hasta 10 años ha sido “Afear el ornato público”. Eso por un lado, por otro, clasificar a los presos políticos como presos comunes le ha servido a la dictadura para un propósito más oscuro: ubicarlos en los mismos pabellones en prisión que a los presos comunes. Entre estos últimos (ladrones, violadores y asesinos), la dictadura tiene a sus informantes que se encargan de vejar, maltratar, y humillar a los presos políticos. Todos estos años el número de presos en Cuba clasificados como políticos ha sido bajísimo por esta práctica.

A pesar de todo, a lo largo de este tiempo ha habido presos políticos que sí han trascendido a la prensa internacional como fue el caso de Huber Matos Benítez, (Yara 26 de noviembre de 1918-Miami 27 de febrero de 2014), que cumplió su pena de 20 años íntegra. A su salida, ya en el exilio, escribió un libro titulado “Cómo llegó la noche”, donde narra todos los pormenores de su lucha en la Sierra junto a Fidel Castro, su acto de sedición cuando se dio cuenta del rumbo comunista que había tomado este, y la prisión. El hombre de raza negra que más años estuvo preso como prisionero político no fue Nelson Mandela, como todo el mundo cree gracias a la campaña mundial de ocultación y silencio de los crímenes de la dictadura castrista, fue el cubano Eusebio Peñalver Mazorra, (Ciego de Avila, 1 de julio de 1936-Miami, 14 de mayo de 2006). Eusebio Peñalver también participó en la lucha contra Fulgencio Batista junto a Fidel Castro, pero como Huber Matos, al darse cuenta del rumbo comunista que había tomado aquél, se alzó contra él en 1960 en lo que se llamó Guerra del Escambray. Fue capturado y cumplió 28 de los 30 años de condena que le fueron impuestos. Entre los miles de presos políticos hubo dos españoles: Odilo Alonso Fernández, quien escribió un libro sobre los 18 años de verdadero calvario que padeció, titulado “Prisionero de Fidel Castro”, y Jorge Valls Arango, quien escribió su experiencia en el presidio político en un libro titulado “Veinte años y cuarenta días”. Todos los libros se pueden conseguir a través de La Casa del Libro.

No, nuestros jóvenes detenidos estos días y con causas pendientes no son delincuentes ni sus causas debería ser una “causa común”. Son jóvenes cuyos gritos el día 11 pedían dos cosas: ¡Libertad! y ¡Abajo el comunismo! Son de una generación que, pese a haber padecido el mismo feroz adoctrinamiento de que fuimos víctimas todos los nacidos después de 1959, haciéndonos corear cada día antes de entrar a las escuelas el infame “¡Pioneros por el Comunismo! ¡Seremos como el Che!”, no quieren ser como el Che, quieren ser libres y tener la rienda de sus vidas y su país en sus manos.




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1 Comment

  1. Luis Antonio Mac-Beath .Luant dice:

    Contundente tu artículo. La práctica de ocultación de la verdad con los presos, y en general es otro de los crímenes descarados de esa dictadura abusiva. Un saludo.

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