Preguntas a los recién casados

No es sólo que su palabra vale menos que una aljofifa vieja, sino que encima se permite la chulería barata de despedir a su oponente anunciando que no va a convocar elecciones porque él tiene sentido de Estado... ¡Arsa! Pa chulo, yo. Y pa puta, mi novia.

Las convocará cuando le plazca, que para eso es potestad legal conferida al presidente de Gobierno, pero si no lo hiciera (cosa que es poco de fiar a pesar de sus palabras), será apenas porque su sentido de Estado, como es obvio, lo rigen las encuestas y no le deben ser muy favorables; y luego, además, prefiere seguir al trantrán para más tarde enfrentarse a un PP acomodaticio que, en el peor de los casos, se aviene a negociar con un estafador de circo, un trilero de la peor estofa que sólo logra engañar a gente con el norte tan perdido y tan fuera de la realidad como Teodoro García Egea o Pablo Casado, que desde las sombras han querido condenar a su propio partido a servir de pata de sujeción de cualquier nuevo gobierno de Sánchez sin exigirle siquiera desprenderse de sus apoyos permanentes u ocasionales de los filoetarras o de los golpistas catalanes.

En serio que resulta absolutamente incomprensible la torpeza y la ceguera descomunales de la pareja Casado-Teo, imbuidos de la falsa idea de que sus enemigos eran los de Abascal en vez de su necesario e insoslayable candidato para negociar cualquier acuerdo de gobierno futurible; a sabiendas, además, de que lo que le ha comido Vox no ha sido por confusión ni malas artes de los voxeros, sino por la convicción propia de Casado de que todo lo que quedara a su derecha era materia desechable y que su misión consistía en robarle al PSOE un puñadito de desencantados y una parcela inexistente. ¡Qué inteligencia!

Lo que hay al fondo de toda esta cuestión, por tanto, no son las mascarillas del hermano de Ayuso, ni la desmayada idiotez del presidente de la oposición y de su escudero que dicen no haber hecho nada malo, sino sólo preguntar, como quien coge el micrófono en la boda y pregunta al novio:

Perdona, Manolo… ¿al final te zumbaste en la despedida de soltero de anoche a la del puticlub?

O a la novia por los altavoces:

– Disculpen…, una preguntita para Rosaura: ¿Es verdad que el mes pasado te quedaste preñada de otro?

Hace falta ser muy majaderos y no haber entendido todavía que uno no se sienta a negociar a oscuras con un robacarteras rodeado de los suyos y en su casa, aunque lo peor de todo es que ambos habían llegado al convencimiento sincero de que lo mejor para los españoles y para España era seguir pasteleando con Sánchez y comunicarle a su afición, urbi et orbe, que el espacio hacia el que vamos, la tierra prometida hacia la que nos querían conducir a todos, no era el centro ni la derecha, sino siete cordilleras más allá del Sinaí, en un lugar fantaseado al que ellos llaman reformismo, capaz de deglutir las leyes de violencia de género, las de memoria histérica, las del elegetebismo más absurdo, las de aborto libre, adoctrinamiento en las escuelas, desaparición de los aprobados, sustitución de la Historia de España, apocalipsis climático sin freno y mil otras ocurrencias sólo porque ellos dos son más limpios, más altos, más guapos o bajan impuestos…, aunque luego llegue un Montoro para humedecerlo todo.

A Casado y a García Egea les cogió el discurso del fallecido Pedro Arriola mal aprendido y al biés, pues éste defendía que los votos estaban en el centro moderado, lo cual no significa que tu discurso deba descafeinarse de tal modo que no sepa a café.

Como el dúo odiaba a Miguel Ángel Rodríguez, el asesor áulico de Isabel Díaz Ayuso que sí mamó de maravilla lo de Arriola, no quisieron aprender que no te puedes inventar un espacio por la cara, porque los espacios los genera el electorado, sino ocuparlo y adherirte como una lapa a lo que opinan los que te votan o navegarás solo hasta donde el cuerpo aguante.

Es muy verdad que sus votantes le exigen más que esa condescendencia progre que se traga lo que le echen, pero, francamente, en este bochornoso espectáculo se podrían haber ahorrado todo lo demás y se hubieran quedado al menos sólo en el error de cálculo político, como meros malos estrategas, pero con Teodoro y su soberbia de por medio sospecho que han avinagrado todo con un rencor personal y unas malas artes que se manifestaron en el cese de Cayetana Álvarez de Toledo y que ahora han agravado en la persona de Isabel Díaz Ayuso.

Ojo al parche, porque lo peor puede estar aún por llegar si el peor Feijóo que conocemos continúa por esa senda del pasteleo y se enreda también en el cordón sanitario que ha servido para que estos dos se ahorquen y de paso ahorcarnos a todos, porque por mucho que suba Vox, me temo, tampoco servirá para librarnos de esa cruz llamada Pedro Sánchez.

Como hacer un pan con unas tortas.

He dicho.




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