Por vanidad se confiesa un crimen y también se muere

Cuenta un abogado sevillano la divertida anécdota (no sé si real o ficción) en un juicio en el que actuaba como representante de oficio de un añejo carterista de la ciudad al que por enésima vez en su larga carrera profesional habían pillado sisando del bolsillo de una chaqueta unos billetes a un incauto de taberna en el fragor de alguna celebración de mollate y altramuces.

El letrado puso todo su entusiasmo en minimizar los hechos del encausado y en desgranar ante el tribunal que se trataba de un hecho menor y poco importante, como correspondía a la azarosa y distraída manera de ganarse el pan su representado, habitual no sólo en las lides de esa clase de menudeo ratero, que merecía, expuso, más compasión que castigo, sino también en las de ocupar el banquillo por hechos similares hasta ser un viejo conocido de aquel juzgado.

Al terminar su alegato y concederle el juez el turno de palabra al reo, por si quería añadir algo, éste, herido en su honra, se puso en pie despacio, retrechero y un poco rimbombante, para pronunciar: “Señoría, yo quiero decir que aquí mi abogado ha dicho que lo mío es de poca importancia y que soy un raterillo de poca monta…, pero yo quiero que sepan que he sido y soy uno de los mejores carteristas que ha habido nunca en España y que…”

Las risas de los presentes no lograron interrumpir su alegato inculpatorio que pretendía poner a salvo sus logros y laureles en el complicado oficio de guindar carteras. Por vanidad también se muere.

Y es que también la vanidad, a veces, es la estúpida razón que conduce a confesar un crimen. Por ejemplo, la obsesiva y recurrente actitud de Pablo Iglesias de relacionarse con una falsa naturalidad con la violencia, con la normalización de los escraches y las agresiones, con la intelectualización impostada de hechos y personajes violentos de la Historia que actuaban dentro de la política, supone casi una confesión de parte que le coloca al menos como sospechoso de estar detrás de las amenazas que dice haber recibido. O cuando menos, contrasta su pesadumbre actual con la chulería y la frivolidad exhibida hasta la fecha cada vez que refería algún hecho histórico ejercitado con la violencia atroz de, a veces, millones de muertos.

Su apasionado conmilitón de series televisivas, Iván Redondo, incurrió el otro día en algo similar cuando dictaba una conferencia y con engreimiento señalaba que hay tres emociones que puedes manipular a tu favor en una campaña electoral: “el miedo, el rechazo y la esperanza”.

Pues no se puede ser más torpe, más vanidoso o más inoportuno si lo que se desarrolla a continuación es un festival de presuntas amenazas como teatrales y con olor a atrezzo de guión cinematográfico. Si lo sabías de antemano eres un torpe y un soberbio. Si fue casualidad y pura coincidencia, eres un gafe y otra vez un torpe.

Lo que sí sabemos, porque el cine de Hitchcock y la TV nos han acostumbrado a ello, es que de una sucesión de hechos como los de las cartas con balas y navajas, cabía esperar la consecuencia lógica de un cadáver, para que el guión culmine y alcance el climax narrativo. En la secuencia lógica se ha interpuesto un pobre esquizofrénico que relaja la tensión narrativa. O quién sabe si se trata de un efecto de distensión que nos han colocado como cebo para desdramatizar el relato antes de volver a tensarlo con un nuevo elemento sorprendente que eleve el miedo y procure el rechazo pretendido. Ojalá todo quede en nada porque todas las amenazas son execrables, pero los ‘guionistas’ de todo esto merecen la cárcel.

En términos narrativos tiene mandanga y tampoco cuadra bien en el relato la elección de Reyes Maroto como destinataria de una de las amenazas, porque apuesto que si hacemos una encuesta, el 95% de los españoles desconocen por completo qué Ministerio ocupa ni quién narices es Reyes Maroto ni el de la moto; y entre los cuatro presuntos nostálgicos del fascio que puedan rondar por España la cifra de despistados al respecto la elevo al 99’9%

Y es que todo esto de las cartas amenazadoras está muy entretenido y le permite a la ministra Yolanda Díaz ensayar sus dramatizaciones de tercera fila tapándose el rostro en una cadena de televisión al enterarse de la carta con la navaja ensangrentada hasta convertir su gesto en la mayor fake-new del último año, pero ocurre que mientras hablamos de todo este montaje nos olvidamos de preguntarle al gobierno qué pinta en un plan de recuperación de la UE para salvar a España del cataclismo económico y del empleo una pila de millones destinados a luchar contra la llamada violencia de género. Espero que la UE tumbe semejante partida inexplicable.

O también tapamos con todo este batiburrillo teatral que Pablo Iglesias había preparado para comparecer en el debate de la Condena SER (antes de entrar anunció que se largaría y por eso la Monasterio le animó a hacerlo si no condenaba las pedradas de Vallecas) que son ellos, los partidos de izquierda, quienes se niegan a condenar y justifican constantemente el uso de la violencia, ya sea en Cataluña con las algaradas, en el País Vasco con sus homenajes y acercamientos de terroristas o en Madrid con las agresiones de los salvajes y la limpieza con lejía de los lugares donde se celebra un mitin de otros partidos.

Marlaska afirma que el PP es “una organización criminal” por la Púnica y entonces convierte al PSOE en la mafia chechena si la comparamos con los ERE y al catalanismo en un grupúsculo de la Ndranguetha calabresa.

Sépase de todos modos que lo que se pone en cuestión estos días no son las amenazas mismas, sino la interpretación que la izquierda colegía de ellas y lo que añaden a las mismas quienes sin el menor indicio pretendían adjudicárselas a sus antagonistas políticos, máxime cuando se trata de gente que miente por sistema y todo lo desean cargar sobre una ficción creada por ellos o que desean con todas sus fuerzas que resucite como es la del fascismo. Sin embargo, algo tan sencillo y evidente parece que no le cabe en la meninge a un periodista de “centro-centradito” ni a estos panfletarios de izquierdas.

He dicho.




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