En política hay palabras fetiche que logran imponerse como armas letales para descalificar a los adversarios desde el primer minuto. No importa tanto el significado original y auténtico de la palabra en cuestión, porque éste va ampliándose y derivando hasta resultar un contenedor de basurillas y de todo lo peor; sino que mucho más importante es la capacidad (el poder) de endosárselo al otro, sin que éste sea capaz de quitárselo de encima (principalmente, porque este otro carece de las posibilidades y medios -sobre todo de comunicación- de los que goza el endosante).


El mayor ejemplo vigente de lo anterior es la palabra «fascista», que como sirve lo mismo para un roto que para un descosido, al final viene a ser fascista… quien no piense como yo. Y eso mismo está ocurriendo ya con los términos «populista» y «populismo», que el DRAE explica como «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares», pero que ha ido derivando para pasar a descalificar a quienes se supone que ofrecen soluciones simples a problemas complejos (que traducido significa: quienes se separen de la ruta dictada para el rebaño).

Por eso no se comprende muy bien que hoy se utilice tanto lo de populistas contra quienes están a favor de una inmigración legal y selectiva, y contrarios a la implantación de guetos; o a favor de controlar el desmadre autonómico y el excesivo gasto público; o contra los que defienden el uso de la lengua española y graves cuestiones morales como el matrimonio natural entre un hombre y una mujer, el derecho a la vida de los concebidos no nacidos, etc.; pues todo esto no suele hoy suscitar precisamente la adhesión de unas clases populares, que más bien dormitan bajo los opiáceos efectos de las propagandas contrarias.


Si queremos ejemplos patentes de mensajes populistas simplísimos y que sin pudor alguno buscan atraerse a esas clases populares, basta con acercarse a un mitin electoral de cualquier partido político, del gobierno o de la oposición, de izquierda, derecha o centro. Y especialmente, a los mítines de quienes suelen utilizar con mayor énfasis eso de «populistas» para descalificar a otros.