Popeye, el nuevo Alcalde de Sevilla

Cuentan las crónicas que por los muelles portuarios de Norteamérica malvivía un marino tuerto, desdentado y pendenciero, que cuando entraba en gresca atemorizaba a su adversario echando por las orejas el humo de su pipa y endureciendo el careto, lo cual resaltaba, como si fuera a salir de su órbita, su único ojo operativo. 

Nadie osaba pelear con él y por ello toleraban sus excesos, poniéndole de mote  “Pop-eye” (ojo saltón en anglosajón), siendo este marino fanfarrón quien inspiró al creador del personaje de Popeye.

Los marines de la Armada estadounidense aplican un dicho gracioso al pardillo que mete la pata: “Ya ha vuelto a embarcarse Popeye”.

Y es que en el Ayuntamiento de Sevilla Popeye ha echado el ancla para quedarse. No lo tiene fácil, porque el anterior capitán del barco, el Alcalde Juan Espadas, a base de dislates municipales, le ha puesto el listón más alto que la cofia del palo de mesana del buque Juan Sebastián Elcano.

¿Recuerdan la primera en la frente que nos endiñó a todos los sevillanos? Realmente soberbio. Espectacular. Un micrófono abierto y cabroncete captó las palabras que Juan Espadas dirigió a una vecina comprometida que le traía por la avenida de la amargura … “A esta tendríamos que haberla matado”

Fabuloso, ¿no creen? Propio de quien iba de regidor feminista, violencia cero a la mujer y tal. Y las reclamaciones al maestro armero, que aquí no dimite ni el apuntador.

Pero la mejor parida popeyesca de Espadas, la mejor, fue cuando, tras haber asegurado en campaña electoral que Sevilla requiere de un Alcalde consagrado a ella full time, y lo mucho que él ama a Sevilla, bla, bla, bla… pegó la espantá a la primera de cambio, cuando le tentaron con trincar sillón en el Parlamento Andaluz, que donde dije digo ahora digo que de Sevilla me doy el piro, asegurándose, además, un puestecito en el Senado, faltaría más, que siempre ha habido clases y Espadas en eso es General.

Ya ven. El maestro de Kung-Fu local le ha puesto elevado el umbral al pequeño saltamontes que le sucede en coger la vara de Alcalde. Difícil lo tiene el nuevo si lo quiere superar. 

Pero don Antonio Muñoz nos demostró en su discurso de investidura que recoge el guante y que se apresta a un auténtico duelo de titanes del despropósito y la chorrada con el ínclito Espadas. Que se ha tomado enterito el bote de espinacas de Popeye y que lleva un tatuaje marinero de “Amor de madre” a la altura de la teta, como chuleándole al anterior de que él la tiene más larga. La espada, claro.

Dicho y hecho, que como buen pardillo los ejemplos del maestro se los ha tomado a pecho. Pan y circo dice que quiere darnos a todos los vecinos. Y cachondeo, también, que con lo que nos vamos a reír va a dejar en pañales al oso decapitado de la cabalgata de Cádiz. Pasen y vean…

Sabiendo que Sevilla está más sucia que un mecánico en faena, dijo que iba a dejarla más limpia que los chorros del oro. Del moro, querría decir, aliviando la vejiga a chorros en el urinario del zoco de Tánger.

El nuevo Popeye ha ordenado limpiar ciertas paredes llenas de pintadas. Eso sí, poniendo tras ello la marca del zorro, que todo quisqui se entere que su maestro fue Espadas. Se limpia la pintada y se pone una nueva pintada oficial que él autoriza: “PINTADA RETIRADA POR LIPASAM”. No, no es un chiste, que la mancha de mora con  otra de Antonio Muñoz se engorda.

Es decir, se quita el graffiti de los salvajes a los que no sanciona (no vaya a ser que no le voten), y se pone, en su lugar, un cachondeable graffiti del Ayuntamiento, que afea aún más el muro. Vacilándonos a todos los sevillanos de quién pinta aquí.

Empezando su legislatura como Popeye manda, que ha vuelto a embarcarse en el Consistorio hispalense. El ojo saltón y echando humo por las orejas. Quitando pintadas para poner las suyas. Con dos coone.




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