Políticos y El Juego del Calamar

 

Te ha mirado la Heidi esa con coletas y la cabeza gorda. ¡Te ha pillado! Has dado un paso más de la cuenta y ahora no sabes qué pasará. Solo, porque el juego es así, que quedarás eliminado.

Esta escena, con un fondo musical de canción infantil (y siniestra), es la que se ha vivido en el Congreso español; casa, dicen, de la soberanía del pueblo y donde sus representantes deben y se deben a la voluntad ¡común! popular. La terrible muñeca representa, con su apariencia inocente, la crueldad de un juego donde los participantes hemos elegido con libertad entrar. Sí, hemos entrado en el juego con reglas que creíamos claras pero que, en realidad, se han trampeado.

Sin embargo, de momento, los jugadores más activos son los que se juegan el tipo. Usted y yo, al menos todavía, vemos el juego desde la comodidad del cumplir con lo dictado. Han sido los periodistas díscolos los que se han puesto, nunca mejor definido, a tiro. La muñeca, con la cara más inexpresiva que la de los santos que venden en los chinos y flequillo cortado a la moda abertzale, tiene un peligro que no imaginábamos aunque, a decir verdad, algunos avispados sospechábamos. Llámennos, si quieren, suspicaces. Las reglas del juego eran las que eran pero las han adaptado a otro fin. Un fin donde estas no están a su servicio, sino a su perjuicio.

ERC, Bildu, PNV, Podemos, Junts, BNG, CUP, Más País, Compromís, Nueva Canarias, PDeCAT, fíjense, lo más granado de la política en España, junto al Caballo de Troya del PSOE, son los que determinan esas reglas que, hasta no hace tanto, no pocos participantes —los más ovinos— pensaban que estaban bien implantadas y a las que no se las podía, insisto, trampear. Entre muchos de esos bovinos, rebaño bien pastoreado, hay y habrá también periodistas. Espero que tomen nota. ¿Usted no sigue las reglas? ¿Se ha movido? ¡Apunto y disparo!

Deseo, por el bien de todos, que se den cuenta de que esto no es un juego de niños.

N. del A.: Este artículo se refiere al documento firmado por estos sobre no sé qué «cordialidad periodística» pero, si ven más allá, sirve para cualquier otro asunto que ataña a las reglas democráticas en España y a su manipulación.




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