Políticos sin dejar huella, Cabrera mismo

A la inmensa mayoría de los políticos el tiempo les ha demostrado que no valían ni su recuerdo. Juan Carlos Cabrera lleva ese camino. Pero tampoco creo que le importe mucho, porque a los políticos cada vez les importan menos cosas. Cabrera es el delegado de Seguridad  -entre otras cosas inseguras-  del Ayuntamiento de Sevilla, y acaba de sacarse de la manga unas cuantas de justificaciones sobre el peligro que corren a diario los ciudadanos sorteando bicicletas y patinetes que van a su antojo en velocidad y sitios por donde circulan.

Cabrera se ha conformado con elevar al pleno la propuesta de una regulación sólo sobre patinetes, escasa, escasísima para prever con eficacia la protección de los peatones que van por donde toda la vida le enseñaron a los peatones que tenían que ir. Se ha quedado tan pancho con enjaretar unas limitaciones de velocidad y unas escuálidas multas que no coaccionan, ordenanzas que no ordenan nada y que cualquiera sabe ahora cómo se controlarán y cómo se impondrán y pagarán. Sin embargo, parecen haberle dejado con la conciencia tranquila y con el tiempo libre, ese de todos los días para inaugurar y hacerse fotos. Yo me preguntaría de tantos políticos lo de la canción de Perales… ¿a qué dedica el tiempo libre? Pues a qué va a ser: a retratarse aquí y allá en esta inauguración, en aquel otro acto a los que son invitados, en no sé qué evento. Todo lo que sea figureo sirve. Y todo lo que sea verdadera preocupación al segundo y al instante por servir a la colectividad, se disimula haciendo vistas gordas.

Los políticos de hoy están llenos de prudencia, serían magníficos catedráticos de la serenidad (eso que queda a dos pasos de la frialdad). La capacidad de calma de los políticos dejaría en bragas hasta a los Quintero en “La sangre gorda” y a los ingleses en su proverbial flema británica. Pero están cateados en latidos, en pulsaciones y tienen la tensión por los suelos. Aparte, ser político debería sentirse como un esforzado trabajo de sol a sol, no de flash a flash. Dedicarse a la política no es un paseo por la alfombra roja de un festival de cine.

De todos modos, tampoco era de esperar mucho de los planes de Cabrera para solucionar el caos circulatorio de bicis y patinetes, donde no hay convivencia, sino peligrosas coincidencias. A fin de cuentas, Cabrera pertenece a un partido destronado de la Junta de Andalucía, el PSOE fuera de carriles que se dirige a encontrarse pronto sin el sillón de la alcaldía de Sevilla. Cabrera es muy delegado de todas las fiestas mayores que quiera ser, pero se le están olvidando para las próximas Elecciones las sevillanas de “chaparrones de mayo lavan los pinos”. Y también está sin memoria de que el PSOE no va precisamente sobre ruedas.



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