Poesía en tiempos de desazón XI: Pregoncillo a las Esperanzas

Hoy es el día indicado. En realidad, cualquier día es válido. Pero hoy…

Hoy haría pradera donde todo es montaña. Hoy dejaría que me inundara el verde como un solaz necesario y dejaría que los momentos corrieran solos. Desahuciados. Hoy dejaría de ir contrarreloj y me cobraría las horas extras que le debo a mis días. Hoy dejaría que el tiempo corriera, descabezado. 

Hoy miraría al cielo más que al suelo. Hoy avanzaría racheando, como El de San Lorenzo, ¡palante! Hoy, si lloviera, disfrutaría del sonido del aguacero bajo el paraguas. Hoy buscaría el número imposible que tocara en la lotería. Hoy rompería la barrera del ensimismamiento y saludaría y desearía todo lo bueno hasta a ese vecino antipático que todos tenemos. Hoy cambiaría del café hasta la sacarina por el azúcar. Hoy le daría festivo a la bilis y haría trabajar a destajo a las endorfinas. Hoy escucharía las campanas, esas que otras veces tan solo oímos como de soslayo, como al niño molesto al que no hacemos caso. Porque hoy las campanas suenan distintas.

Por Resolana, por Pureza, por San Martín, por la plaza San Agustín, por María Auxiliadora, por el Juncal, por Castilla, por San Clemente, por Santiago, por Santa Clara, por el Santo Pozo, por San Buenaventura, ¡por Sevilla entera! Por toda Sevilla se respira Esperanza. Esperanza por Triana, Esperanza en la Macarena, Esperanza por la Alameda,  —Divina Enfermera—. Esperanza, Oh, Esperanza, hoy repican a pasión y gloria por Sevilla las campanas.

Hoy es el día, aunque sirve otro cualquiera, el que se necesite, el peor de ellos, aquel en el que nos duele hasta respirar, ese en el que la vida nos sobra; uno donde pareciera que solo hay precipicios bajo nuestros pies, por el que nuestras ilusiones se desboquen o se suiciden. Hoy es el día para reencontranos en las miradas consoladoras que saben hablarnos de Esperanza. Contemplar en los vientres henchidos de vida, esos de mujeres valientes que le dan al futuro sentido y motivos para seguir creyendo en el milagro que somos, la buena Esperanza. Porque hoy, como siempre, la Esperanza es un acto de fe y Sevilla, Sevilla, sabe mucho de Esperanzas.


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