Trato hecho.


En éste gran país llamado España, merced a la generalizada benevolencia del clima que gozamos y al natural talante comunicativo de sus gentes, desde tiempo inmemorial es tradición hacer vida en la calle. Entiéndase ésta como aquella vida social desarrollada en establecimientos de restauración de los que podríamos denominar pertenecientes el canal TABARDO (tabernas, bares y domicilios particulares de puertas abiertas). Santos Lugares donde siempre fue gentileza de la casa la dispensación y servicio en vaso del agua de beber.  

En estos locales, a beneficio del público en general, tanto parroquianos habituales como clientes esporádicos, transeúntes e impúberes infantes hemos recibido el líquido elemento a título gratuito. Adviértase que estos negocios mayormente vienen siendo atendidos por sus dolientes con impagable ayudantía de dependientes especializados. Taberneros y camareros, que en su calidad de dignísimos sucesores de Santa Marta, siempre cumplieron con la enseñanza bíblica de “dar de beber al sediento”. Una de tantas obras de misericordia ejercidas por el sufrido gremio de hostelería. Y a estas alturas del siglo XXI, la OCU está promoviendo la imposición normativa de éste convencionalismo con tan ancestral práctica en nuestro suelo patrio.     


El devenir de los tiempos también ha transformado los hábitos en el consumo del agua. Hace algunas décadas, la mayoría de establecimientos públicos reservaban un estratégico rincón en su mostrador de madera o formica para la colocación de un plato donde reposaba un botijo de barro cocido repleto de agua clara que rezumaba frescura por su poroso continente. Quedaba pues plenamente facilitado el autoservicio de agua para quien dominase el arte de beber del pitorro. El presidente de la Generalidad de Cataluña se autodefine como un ser superior. Pero por lo que se comprobó hace unos días no tiene perfeccionada la técnica para tragar del chorro, aún a pesar tantas chorradas como suelta. De aquel lejano ¡Ja sóc aquí! de Tarradellas, al más moderno ¡aigua aquí! del tal Torrá.

Carlos Gardel, cantó que veinte años no es nada; y digo yo que cuarenta años serán entonces nada de nada, porque el caso es que entre una crisis y otra se han pasado volando. Precisamente en 1.978 la Organización Mundial de la Salud dictaminó la alta toxicidad del plomo. A buenas horas, porque en todo el ‘mundo desarrollado’ durante decenios estuvimos consumiendo aguas públicas canalizadas mediante tuberías de plomo. Una sustancia que se va acumulando en el organismo y que afecta perniciosamente a los sistemas nervioso, hematológico, gastrointestinal, cardiovascular y renal. Los niños son los más vulnerables a los efectos neurotóxicos del plomo; y desde niveles relativamente bajos de exposición, se pueden causar daños realmente graves. Se ha corrido un estúpido velo sobre ésta causa real de enfermedades neurológicas y de muertes, entiendo que para eludir las posibles responsabilidades gubernamentales a tamaño desmán.

Los niños de aquel entonces ansiábamos jugar con soldaditos de plomo y soñábamos con disparar carabinas de balines de plomo; pero era el agua la que llegaba a nuestras casas a través de tuberías de éste vil metal. El resto de los líquidos de consumo más o menos habitual en los hogares como la leche, el vino, la gaseosa o la cerveza eran envasados en botellas de cristal retornable. Existía un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases de cristal que funcionaba a la mil maravillas. Retornabas la botella a la tienda y te devolvían dos reales, una peseta o un duro, según cuales fueran los tiempos.

En Alemania existe implantada ésta misma modalidad de reciclaje SDDR y se reciclan el 98,5% de los envases. Sin embargo en España tan sólo se recogen selectivamente el 30% de los envases, el resto se abandonan en el medio ambiente o se incineran. El reciclaje en nuestro país está monopolizado por una corporación llamada Ecoembes que está conformada por grandes empresas envasadoras y productoras de materias primas. Gestionan los residuos quienes producen los envases, mediante el llamado Sistema Integrado de Gestión, SIG.

Ecoembes organiza y dirige a las administraciones públicas, las empresas de reciclaje y a los ciudadanos. Los consumidores pagamos en el precio final de cada producto reciclable una tasa para su gestión y pagamos una tasa por recogida de basuras. Encima le realizamos gratuitamente el trabajo de clasificación a las empresas de reciclaje que aumentan sus pingües beneficios a costa de nuestra conciencia cívica y ética ecológica. El resultado es que en España se consumen cada día 51 millones de envases de un solo uso; que equivale proporcionalmente al doble de lo que actualmente se consume en Alemania.

Afortunadamente se acabaron los años del agua de plomo. En España, ahora fluye la plata desde nuestros bolsillos a las arcas de las administraciones públicas y a las cuentas de resultados de las empresas productoras de envases no retornables y adjudicatarias de los servicios de reciclaje. Más claro, el agua.