Planta baja, planta primera

La crítica del ciudadano debe dirigirse más bien a sus gobernantes, los que les recaudan impuestos, los que ejercen sobre ellos acciones sancionadoras hasta la exageración, los que les deben unos servicios públicos a menudo deficientes… No hay que caer tanto en criticarnos  “entre nosotros”, unas empresas a otras, ni en pasar el tiempo denunciándonos – lo que fomenta a su vez el espíritu prohibidor, regulador, de asfixia de la vida. Más libertad y flexibilidad, y menos regulaciones, y saldríamos ganado todos…

Así pues, duele hacer una crítica precisamente referida al centro comercial que acaba de abrir en el local tanto tiempo cerrado entre la Plaza del Duque y la calle San Eloy; local que con su dobles puertas que facilitan el tránsito peatonal, casi supone un servicio público, y que al estar abierto y activo realza la zona… En fin, que se sea cliente o no, el que una tienda decida instalarse allí ya es de agradecer.

Pero junto a la escalera mecánica, ¡oh desgracia! ya tiene que haber un detalle hiriente: “-1, niños-kids, 1 mujer-woman, 2 mujer-woman”. Obviando ya el irritante “kids- woman” del mismo tamaño que la palabra en castellano, como si fuera igual de imprescindible, en fin, ahora vemos una nueva afrenta ya no a nuestra lengua sino a nuestra manera de entender la vida. De manera que ahora hay que adoptar el sistema americano: no hay planta baja, sino planta “1”. La planta baja es ahora la 1, la primera planta es ahora la 2.

¿Qué ganamos con eso?

¿Somos por ello más guays, más listos…? ¿Estaba entonces atrasado, obsoleto nuestro sistema?

Ni a los viajeros americanos les debe gustar, los que recorren la vieja Europa disfrutando de algo diferente (muy reconvertida en parque temático, pero en fin, les muestra realidades que ellos no tienen). En unos sitios hay millas, en otros kilómetros. En un lado hablan de “pies”, en otro de centímetros. O de grados Celsius o Farenheit. Y se pasa de una moneda a otra. Supone hasta parte del encanto de viajar.

En España, y aun en toda Europa, la planta baja es la planta baja. Todos sabemos a qué se refiere. Y decimos “la primera planta, la quinta planta”. Ya hay un principio de elemento chocante, cuando, en algunos grandes almacenes, sustituyeron los signos de los ascensores (la B de Baja paso a ser 0, cero), y, lo que es peor, la vocecita mecánica automática empezó a declamar “Planta Uno, Planta Dos…”. ¿Cómo Uno y Dos? ¿Por qué no Planta Primera, o Primera Planta? Así hablamos. ¿A qué viene cambiar algo tan básico? ¿Quién gana con eso?

Así pues, ese absurda sustitución (Planta Cero, Planta Tres, en vez del clásico y popular y correctísimo Baja y Tercera) ya nos había dañado los oídos. 

Pero ahora, en el nuevo “Zara”, llega algo peor: la implantación del sistema americano, completamente ajeno al nuestro, así por las buenas, porque le da la gana. Ahora el nivel del suelo es la primera planta – perdón, la Planta 1; y la primera pasa a ser segunda. 

¿Alguien gana algo con eso?

¿Por qué no prestamos más atención a estas cosas cuando son incipientes?

Es frecuentísima la crítica a las fiestas de Halloween (tan frecuente esa crítica fácil y socorrida, como infrecuente es que alguien realice el más mínimo acto de resistencia – por ejemplo que mande al niño al colegio con una nota, “disculpen, mi hijo no se disfraza, no estoy de acuerdo con eso”. El mismo periodista que acaso ha escrito un artículo criticando esa “horterada” luego no se atreve a señalarse, en la vida real, ni en el detalle más nimio. Aparte que muchos dicen: “Es una horterada, pero, ¿cómo voy a quitarle a mi hijo esa ilusión?”… Batalla perdida, todo son elegías inútiles), y bien está; pero, ¿por qué no estamos atentos a nuevos elementos que vamos viendo, igual o más peligrosos?

Esto ni siquiera tiene la explicación de que introducir una nueva fiesta siempre resulta atractivo, y una vez implantada es difícil luchar contra el mundo, los negocios y los colegios. 

Esto no es una fiesta. ¿Por qué nos cambian el lenguaje más básico y primario? 

Primero, segundo y tercero. Esto es casi tan antiguo como las cinco vocales. Si antes teníamos la EGB, ahora es Primaria. Pero lo que no ha cambiado es decir “Está en Segundo. Pasa a Tercero”. Los números ordinales son tan básicos que entran en el lenguaje de los más niños o los más ignorantes. ¿Cómo vamos a abolir eso? ¿Y por qué? No es Planta Dos: es la Segunda. Jamás oirán decir “El abuelo vive en la planta Cuatro”. Vive “en la cuarta planta”. 

Y ya el colmo de los colmos es trastornar hasta nuestro sentido común, y llamarle Uno a la planta baja – es decir, eliminar por las buenas ese concepto de “bajo” (que por ende –sin que sea necesario recurrir a ello para defendernos- también existe en inglés, “Ground Floor”, nombre empleado para la planta baja en el Reino Unido, pero no en América).

Me pregunto si ha habido un caso similar de autocolonización, de voluntaria renuncia a la identidad propia, para adquirir, sin motivo alguno, la de otro, que ni siquiera nos ha instado a ello ni nos ofrece nada a cambio.

Y es erróneo “acusar” a los americanos de colonizarnos. No han sido ellos. La iniciativa estúpidamente imitadora parte de nosotros. (¿O acaso se ha vendido esta empresa, Zara,  a otra americana y los incautos no nos hemos enterado…?

Estamos a tiempo de rectificar. 

Cuando el funesto ejemplo se haya extendido, y ya hayamos perdido nuestro modo de organizar el lenguaje, el espacio, los edificios y la vida toda (y ya lo de Planta Baja se haya olvidado) entonces será tarde.




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