Pinocho Sánchez, rey consorte o “ex aequo”

Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja… Pinocho Sánchez se ha encadenado a la valla que le separa del Rey de España y está dispuesto a aguantar la respiración hasta la anoxia si no le ceden el armiño, el cetro, el trono, la corona y el anillo de sello de los que nuestra Monarquía carece.

Alguien tendrá que convencerle de que en la tienda de Pepi Mayo en Cádiz puede encontrar disfraces muy apañados que le sirvan para lucirse en el Falcon con todos los avíos que se le suponen a un monarca de recortable y cartón piedra, como es el caso.

Es posible que a Begoña la haya llevado ya de visita a Pronovias para que le busquen un a modo de vestido principesco estilo Disney, para que luzca a su lado la nuez en la que colgarle la gargantilla de brillantes y esmeraldas gordas traídas por Zapatero de algún rancho de Roraima.

La aspiración de Pinocho Sánchez, por ahora, es la de convertirse en una especie de rey consorte o ex aequo, como los premiados que comparten honor con otro en los concursos de pintura o de literatura. Por eso ahora sí puede ir el Rey a Cataluña, porque con Sánchez a su lado, a Marlaska ya no le supone problema alguno garantizarle la seguridad, ni al ministro de Injusticia apaciguar la convivencia.

Inolvidable el momentazo que protagonizaron Pinocho y su señora en la recepción del Palacio de Oriente, cuando quisieron colocarse a la vera de SS.MM. para recibir el pésame que se merece España desde su llegada a la Moncloa.

Todos creímos que se trataba de una confusión inexperta o de una simple catetada del engreído, que nunca mira por dónde pisa y que camina como un Zar ruso, con ‘Catalina la Grande’ pegada en la suela del zapato y aromatizando las alfombras y tapices de Palacio.

De allí hubo que sacarles arrancándoles el pelo de la dehesa e indicándoles la ruta mediante GPS y primer aviso de camino a los corrales, caminito de Jeré y marchando, ¡hop,hop!, que aquí sobran Su Excelencia y la dama que le acompaña, con la música a otra parte.

Luego vimos que no fue sólo confusión ni deseos irrefrenables de protagonismo, sino que el muy pajolero ha acumulado sus propios patulajes en la mochila de las afrentas y los deseos incumplidos, de las patologías obsesivas, de las asignaturas pendientes, de las anomalías incorregibles…

Acabará tarumba en su sueño de autoinvestirse Emperador de todas las naciones de la sostenibilidad ecodigital y feminista por la Gracia de Dios. Y un buen día, cuando alcance la cumbre de la pirámide masónica de la republiqueta que le baila en la meninge, proclamará, como Napoleón, absorto en sí mismo y orgulloso: “Desde lo alto de esta pirámide, 53.000 muertos por coronavirus nos contemplan”.

Como todo es una farsa gigantesca de su megalomanía, desde la no tesis doctoral de “mi persona” hasta el postureo en los andares, la enfermedad de Pinocho se expande por contagio y tiene que volver Esperanza Aguirre para corregir a la moza del tiempo de TVE, a la que le han encargado que haga unas entrevistas que son un disparate, y recordarle que llamar “Doctor Simón” al ciudadano Simón no pasa de ser algo tan inexacto y acientífico como todo lo que dice Illa, porque ni Simón es epidemiólogo, ni hizo el doctorado y ni siquiera el MIR.

En fin, que tienen más cuentos que Calleja…, el que viaja en helicóptero quemando queroseno a todo trapo para luego respirar aire puro y pegar tres trompetazos…

A la sonsa del tiempo le parece mal, muy mal, que los partidos de derechas salgan en defensa de la Monarquía parlamentaria y está convencida de que quienes te defienden bien de todo son los partidos de su cuerda. Y si los suyos no te defienden, pues entonces es que eres facha y no mereces otra cosa que la lapidación.

O sea, en definitiva, que para esta moza del CDR cubano lo mejor es que al Rey lo manejen como a un dron, con un mando a distancia y que levante el puño y cante La Internacional cuando le plazca a Monedero.

Mientras todo eso llega, a mí me parece que Sánchez, cada vez que acompañe al Rey, debería vestirse como las niñas de Zapatero, completamente de negro intenso, a ver si así, al menos, nos creemos que es su sombra.

He dicho.




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