Pedro Sánchez y los años treinta

El muy inoperante presidente que padecemos por nuestros pecados parece haber encontrado un filón electoral inagotable en el cultivo retrospectivo del enfrentamiento civil que azotó España en los años 30. Como si tuviéramos pocos problemas en esta España de hoy (rebelión abierta en determinados territorios, demografía insostenible a medio plazo, crisis económica en el horizonte…) este irresponsable dedica su tiempo y los recursos públicos a meterle el dedo en el ojo a media España, con la excusa de que “hay que dar satisfacción moral a las víctimas del franquismo”. Después de transcurridos 80 años de aquella tragedia y cuando habíamos convencido a todo el mundo de que la Transición española fue un proceso modélico que enterró definitivamente los odios de las “dos Españas”, el líder del PSOE ha asumido que, a falta de otras ocupaciones más útiles, su deber es atizar la retórica maniquea de lo que ocurrió entre 1936 y 1939.

La semana pasada, el Sr. Sánchez celebró un mitin televisivo en el que sacaba pecho por su gloriosa hazaña -cambiar a un difunto de tumba, humillando a sus familiares y a unos “monjes fachas”-, tras lo cual el susodicho anunció solemnemente que su macabra cruzada contra los fallecidos aún no había finalizado. E inmediatamente después, se fue muy compungido a depositar un ramo de flores en homenaje a las “Trece Rosas”, un lamentable episodio de los muchos que se produjeron en aquella España de locura que vivieron nuestros abuelos. Para este sujeto, lo importante es seguir enredando a costa de los muertos de antaño, pero no los de la ETA, de los que tanto saben sus amigos que lo llevaron a la Moncloa, sino de esos otros que descansan en templos católicos. La razón de semejante emplazamiento es que, gracias a su ayuda, la Iglesia española no desapareció del todo en aquella vorágine de dolor y muerte. Está claro que los obispos de la época eran más agradecidos que los actuales. Pero se ve también que el Sr. Sánchez no entiende estas razones y parece haberle cogido el gustillo a esta estética funeraria que él a lo mejor relaciona con el próximo Halloween.

Toda esta disparatada estrategia deriva de la evidente falsedad de que aquella guerra civil fue un conflicto entre fascismo y democracia, en la cual el primer bando representaba todo lo malo de la España tradicional (injusticias, privilegios, atrasos…) y el segundo luchaba por la libertad y el progreso del pueblo. A Pedro Sánchez se le pone cara de telepredicador justiciero, convencido, al parecer, de que su partido nunca ha roto un plato y siempre ha estado en el lado correcto de la historia, con una desvergüenza solo comparable a su oceánica ignorancia. Evidentemente, comprobamos cómo ser doctor no impide para nada desconocer cosas tan esenciales. Pues es de todos bien sabido que la historia del PSOE tiene bastantes más páginas oscuras que brillantes, aunque poca gente se atreve a recordarlo. Empezando por el carácter extremista y sedicioso del fundador del partido, un tal Pablo Iglesias, al que pintan hoy como si fuera un honrado intelectual progresista, cuando en realidad era un pobre activista medio analfabeto que, salvo en lo que se refiere a la dictadura del proletariado, apenas entendía nada de ese dañino engrudo ideológico que era el marxismo. 

Cuando, en las primeras décadas del siglo XX, los principales partidos socialistas de Europa se iban civilizando poco a poco e iban admitiendo la democracia liberal burguesa como el único mecanismo legítimo para actuar en política (Jaurès en Francia, Bernstein en Alemania, los laboristas en Inglaterra…), el PSOE seguía fascinado por la experiencia bolchevique y alentó siempre en España una dialéctica revolucionaria de atentados, huelgas y desprecio por las formas democráticas. Es verdad que en la dictadura de Primo de Rivera y durante la II República, algunos dirigentes socialistas (Jiménez de Asúa, Julián Besteiro…) fueron tomando conciencia de que los procedimientos parlamentarios “burgueses” eran infinitamente más valiosos que los de la algarada, el atentado y la subversión revolucionaria. Pero la línea marcada por los principales líderes del partido a partir de 1931 (Largo Caballero, Indalecio Prieto…) fue una de las causas más decisivas para el estallido de la guerra civil. 

El golpe de estado en el que el PSOE participó activamente en 1934 contra la legalidad republicana no tenía por objetivo traer la democracia, sino acabar con ella. Por otro lado, nadie puede dudar hoy de que el asesinato del jefe de la oposición, José Calvo Sotelo, en 1936 fue obra de la escolta personal de Indalecio Prieto, y que dicho crimen actuó como el detonante decisivo para el estallido del conflicto, el elemento determinante que acabó por convencer a Franco para unirse al Alzamiento. De todo ello es testigo el mismo Julián Besteiro.

Luego, durante la guerra, el comportamiento de las milicias del PSOE fue lamentable, creando chekas para organizar la represión de derechistas, curas y personas consideradas enemigas del nuevo régimen que ellos querían montar con ayuda del “padrecito Stalin”. Solo en Madrid, el PSOE y la UGT organizaron más de cuarenta centros de detención en los que se encarcelaba, torturaba y asesinaba a ciudadanos indefensos al margen de todo procedimiento legal. El partido del Dr. Sánchez participó en la pequeña pero sangrienta guerra civil que los ahora llamados “republicanos” montaron entre sí en 1937, al tiempo que luchaban contra Franco. Y, finalmente, el socialista Juan Negrín fue el principal responsable de la monumental “estafa” por la cual España perdió una de las reservas de oro más importante de su tiempo, al tiempo que permitía el saqueo de las cajas de ahorro gracias al cual los principales líderes “revolucionarios” se montaron un exilio dorado a costa de los ahorros de miles de españoles, muchos de ellos muy humildes, que fueron espoliados con toda impunidad. 

¿Ha manifestado alguna vez ese partido alguna auto-critica por este delictivo comportamiento? ¿Cómo es posible que una organización que tiene semejante historial de violencia, crueldad, robos y engaños se atreva a hablar de “memoria histórica”? La respuesta parece evidente: la derecha domesticada que hasta ahora se ha movido en los foros públicos se empeña en mirar al futuro y se horroriza ante la eventualidad de que recordarles esa historia enfade a estos señores progresistas y reaccionen llamándoles “franquistas”. 

Pues sí, hay que mirar al futuro: eso harían los políticos normales. Pero como los socialistas nos amenazan, con cierto retraso, con seguir ajustándoles las cuentas a los despojos de sus enemigos, habrá que recordarles sin complejos que son ellos los que tienen más razones para pasar página. Pero con mucha diferencia. 




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