Pedro Sánchez se corona de Rey Mago

Ya no sé cómo pueden organizarse los fact checkers de “Maldito Bulo” o de “Newtral” para localizar tanto infundio en las redes.

Leo, por ejemplo, que varios grupos independentistas le han exigido al gobierno de la trola permanente una recentralización de impuestos para acabar con las ventajas fiscales en Madrid. Y no me cuadra, claro.

Que los partidos de la descentralización y el separatismo aboguen por centralizar impuestos debe de ser un bulo, un infundio, una fake-new del tamaño de una catedral que los tiempos venideros nos tomen por locos, no hay otra posibilidad. O eso o simplemente es que Gabriel Rufián está en el ajo y ha salido con una de sus ocurrencias, pero no lo creo capaz de tamaña incongruencia… ¿No?

Luego veo que el Gobierno ha aprobado un plan de vacunación con unas vacunas que no tiene y de cuya efectividad apenas se conoce lo que declaran los laboratorios en plena fase de pruebas… y se me pasa, a la espera, la mitad de la población, con la suspicacia instalada en los huesos, de la eficacia real de la misma, para saber si vacunarse o no.

Si hubiesen adoptado tanta previsión en la llegada de la pandemia, hoy no tendríamos casi 70.000 muertos y una ruina encima, pero cabe pensar que tanto adelanto en este caso no tiene por objetivo liberar del desastre al país entero, sino llegar a tiempo de poder celebrar el 8-M del femicinismo y la cabalgata del orgullo gay el año próximo, porque no es posible privar un año a Carmen Calvo y a Irene Montero de lo único en lo que se le va la vida a ambas.

Casi estoy a punto de afirmar que hay diputados en el Congreso que donarían parte de su sueldo y aplaudirían como nunca la posibilidad de que los efectos de la epidemia se restringieran y permanecieran sólo en la Comunidad de Madrid. Pero es lo que tienen las pandemias, que no entienden de fronteras ni de límites políticos o administrativos; al contrario que la inmigración, que lo único que conoce es dónde empieza la barrera de que te regalen las mascarillas, te alojen en un hotel de 5 estrellas, te lleven de viaje de Canarias a Málaga o a Cádiz y te den una paguita para ir tirando.

El bulo es ahora una propiedad sacrosanta del Estado, que se ha otorgado a sí mismo la facultad de establecer la verdad mediante órdenes ministeriales y le ha enchufado tal prerrogativa a unas empresas de amigotes zurdos. Han llegado a tal punto que si tú por tu cuenta y riesgo cuelgas en las redes una noticia extraída de alguna parte como ejemplo de fake-new y señalas que se trata de un embuste colosal, les falta tiempo a las empresas para censurarte y te dicen que eso que has colgado va a ser restringido o vas a ser bloqueado porque se trata de una falsedad. O sea, que no te dejan ni colaborar en el empeño, menos aún cuando el bulo que denuncias es una mierda que ha parido el propio gobierno o una de esas gansadas de la Marquesa del Tiramisú y los Trillizos tras reunirse con todas sus homólogas europeas… que no hay ninguna.

A mí me falta por averiguar con qué homólogos del mundo se reúne el Viceministro de la Suprema Felicidad Social del Pueblo de Venezuela (sic), cartera creada por el gobierno de Nicolás Maduro en octubre de 2013, pero sobre todo quisiera conocer cuál de los nuestros ejerce de representante en esas tele-reuniones a través del skype.

Hagan sus apuestas, pero yo diría que pudieran ser Ábalos o la mismísima Carmen Calvo, lo que vendría a demostrar la inadecuada evaluación del actual Gobierno de España teniendo en el gabinete a ministros que irradian hasta por los poros despreocupación y happiness, como Yolanda Díaz o el mismo astronauta, que no se alteran ni cuando el paro se les dispara 20 puntos o cuando los satélites de 200 millones de euros con menos papeles que una liebre se les esfuman en la nada.

La sensación, no obstante, es que el ególatra no ha llegado aún a presidente de la república ni ha adquirido todavía la condición de jefe del Estado, pero al menos ha alcanzado la facultad de los reyes magos y recibe las peticiones de sus socios como Baltasar recoge las cartas de los niños buenos.

A todos les dice que sí, que vale, que les repartirá los juguetes presupuestarios que lleguen de Europa, aunque no hayamos recibido todavía ni una perra gorda, y luego ya veremos, lo mismo que aprueba un plan de vacunación con vacunas que tampoco tiene. Y así, con las manos llenas de humo, su Consejo de Ministros sigue pariendo disparates como los de la Ley Celáa, que ya no alcanzan a cabrear a más gente a un mismo tiempo.

Como vuestros hijos no son vuestros, ya me encargo yo de empoderarlos y de asignarles el género y los aprobados, porque metiendo de inspectores de educación a los comisarios del Marqués del CNI y a los ‘botiflers’ de Rufián, al menor indicio de que tus padres votan facha o de que no te esfuerzas en aprender el bable, el gallego o el castúo, repites curso por la gloria de mi mare.

Más que a buscar bulos en las redes, los fact checkers de Marlaska deberían dedicarse a encontrar bromas de mal gusto. Y en la Ley Celáa es todo un chiste, un delirio y una patada a la razón.

He dicho.




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