Pascua de Resurrección

En Sevilla es muy difícil evadirse en Semana Santa de un sentir general que lo impregna todo, como por ósmosis, semana que, como diría el maestro Antonio Burgos, para nosotros es la única que comienza en domingo, como los calendarios ingleses, y que marca un antes y un después cada año.

Su celebración es movible, pues evoca la primera luna llena de la primavera, que fue la que iluminó al pueblo judío cuando atravesó el mar Rojo huyendo del faraón, según leemos en el libro del Éxodo. De ahí que lo que realmente celebramos sea la Pascua, es decir, el paso, para los judíos de la esclavitud a la libertad, y para los cristianos, el paso de la muerte a la vida (Resurrección), igual que en Navidad celebramos la llegada de la Luz que representa el Nacimiento del Mesías, aunque el datarlo en esa fecha tenga su origen en la celebración pagana del solsticio de invierno, momento del año en que el Sol alcanza su menor altura aparente en el cielo, y la duración de la noche es la máxima, y celebremos en San Juan Bautista, portador de dicha Luz, el solsticio de verano.

La fiesta, pues, es la Pascua de Resurrección, no la conmemoración de la Pasión, si bien Sevilla se vuelca durante toda la Cuaresma, y las juntas de gobierno de las hermandades de penitencia durante todo el año, para lucir sus mejores galas en los Sagrados Misterios a los que se les da culto. Tanto es así, que algunos dicen que cuando Cristo resucita, Sevilla muere.

Celebrar, que no es lo mismo que conmemorar, es ensalzar públicamente a un ser sagrado o un hecho solemne, religioso o profano, dedicando uno o más días a su recuerdo. De ahí que la duración de la Pascua comprenda siete semanas (una semana de semanas); que en la primera de ellas, justo la que viene a continuación de la semana santa, se suspendan las actividades parroquiales en toda la iglesia y que concluya con Pentecostés (cincuenta días), justo la víspera de la salida procesional de la Virgen del Rocío.

Llama la atención que, siendo la Resurrección para el orbe cristiano el acontecimiento más importante de la Historia de la Humanidad, no fuera hasta después del concilio Vaticano II cuando se comenzó a vivir de forma comunitaria y solemne la Vigilia Pascual, y que se creara en Sevilla una hermandad que dotara a su Semana Santa de un colofón acorde con los nuevos tiempos eclesiales, algo que hizo con múltiples dificultades, pues un importante sector cofrade hispalense se opuso a que realizara estación de penitencia mediante solicitud por escrito a nuestro cardenal de que retirara el decreto que había aprobado; al final salió adelante, y pudo realizar su primera salida procesional desde el Colegio La Salle de la calle San Luís, el 11 de abril de 1982, bajo la lluvia.

No hay mayor misterio que el de la Resurrección, aunque en vida de Jesús se nos narra que resucitó a la hija de Jairo (Mc 5, 21), jefe de la sinagoga; al hijo de la viuda de Naim (Lc 7, 11-17) y a su amigo Lázaro, donde Él espera cuatro días tras morir éste, antes de realizar el milagro, para dar a entender que es una verdadera resurrección (Jn 11, 1-45). De hecho, es el núcleo de la fe católica, pues si no creemos en la Resurrección, vana es nuestra fe (1 Cor 15, 14).

Siendo niño, tuvo que aclararme mi buen maestro Don Juan Retamero, eso de que “al tercer día resucitó”, pues si Cristo había muerto un viernes a las tres de la tarde, yo me preguntaba ¿cómo es que había resucitado en domingo y no en lunes, que era cuando se cumplían los tres días? Y es que en la numeración romana no existe el cero, por eso ya el viernes era el primero de los tres días.

Algo parecido me ocurrió cuando planteaba la duda de con qué edad resucitaríamos al final de los tiempos, cuestión que nadie supo responderme hasta que mi madre, sin apenas estudios, pero con ese discernimiento que concede la gracia del Bautismo, me apuntó su convencimiento de que todos lo haríamos con treinta y tres años, cumplidos o no, como Jesús de Nazaret, respuesta que me agradó hasta el punto de que la he hecho mía.

“Resurrección”, por cierto, que se anuncia como título de la película continuación de “La pasión” de Mel Gibson, motivo de gozo para los creyentes, que, ojalá irradiemos tal alegría que dejemos interrogados a los que no creen, que consiga que no perdamos de vista que aquí sólo estamos de paso: Lo mejor está siempre por llegar: ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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1 Comment

  1. Isabel dice:

    Alberto, me ha gustado mucho tu Articulo sobre la resurrección, no me habia yo parado a pensar todo lo que has expuesto en tu escrito y me has sacado de algunas dudas. Muchas gracias y un saludo. Dale besos a tu madre de mi parte.

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