Puede parecer fuerte, pero es así. Cuando en Sevilla se dice que vas al Parque todo el mundo sabe que es el de María Luisa. Llevo transitando el Parque los mismos años que llevo en Sevilla, treinta y siete, y de aquel reducto verde y de frescor va quedando poco al día de hoy y, lo que es peor, su futuro es muy poco alentador.


Como cualquier vecino de Sevilla que lo haya transitado, la imagen y sensación que se me venía encima cuando traspasaba su acceso por la Raza era la de sombra y frescor; frescor cuando no humedad y repelús que me hacía frotar los brazos ante la diferencia de temperatura entre la de fuera y la de dentro. A lo mejor me tachan de exagerado, pero no creo serlo si digo que entre ese fuera y dentro la diferencia rondaría al menos 5 grados.

Era esta sensación térmica producto de una densidad de árboles hoy desconocida, arboles –muchos eucaliptos- de un porte impresionante que entrelazados hacían difícil que el sol entrara en el Parque.

Hoy cualquier parecido con aquello es pura casualidad. No es cosa de echarle la culpa al actual Ayuntamiento, pero si no es el causante de su decadencia si está siendo cómplice de no ponerle remedio.

Demasiadas veces se ha confundido el cuidado del Parque con el de sus infraestructuras no vegetales. Soledad Becerril arregló el cerramiento perimetral; son reiteradas las actuaciones, muchas desafortunadas, sobre el Pabellón Real y es una constante la reclamación sobre el estado, lamentable, del edificio del Museo Arqueológico, pero apenas se escucha nada sobre la situación de sus especies vegetales.

Y es que árboles y arbustos son seres vivos, que nacen, se desarrollan y, nos olvidamos, también mueren. Esto y no otra cosa esta sucediendo con los portentosos ejemplares de árboles que hasta hace poco dominaban el Parque.

Eucaliptos, Plátanos, Palmeras y otras especies después de crecer sin límite casi durante dos siglos se nos están muriendo poco a poco sin que estemos poniendo remedio, lo que está provocando que el Parque se esté llenando de troncones, lapidas que nos recuerdan lo que fue y puede dejar de ser.

Y como señalaba, lo preocupante es que el actual Ayuntamiento parece no darse por aludido. Preocupado por las repetidas caídas de grandes ramas que hasta ahora han provocado daños en el patrimonio y mobiliario de la ciudad, gracias a Dios no ha habido desgracias personales irreparables, el actual gobierno municipal de Espadas ha anunciado un contrato para talar o podar 700 árboles del Parque de María Luisa, lo que convertirá el Parque en un páramo. Que las praderas de césped, tan despilfarradoras de agua y horas de segado, sustituirán a la arboleda y los inmensos beneficios que de ella recibimos.

Por ello el grito de alarma que preside este artículo es para reclamar que al menos en igual cantidad que se va a gastar en podar o talar, se habla de 800.000€, se gaste en replantar en cantidad y calidad las grandes especies de árboles que le dieron esplendor al Parque y disfrute a quienes lo visitábamos.
Con ello no se arreglará en un día, los árboles tardan en crecer lo que tardan, pero al menos habremos plantado la semilla para que nuestros hijos y nietos tengan un día la oportunidad de disfrutar lo que nosotros ya disfrutamos.