Para partirse de risa

Lo impropio de cada discurso de Irene Montero es que ella dice las cosas como si hablara en serio y nadie se lo toma a chacota cuando despliega su verborrea inacabable y sus argumento delirantes. En la famosa escena de los Monthy Piton, donde un habitante de Judea comunica a sus amigos que quiere que a partir de ahora le llamen Loretta porque desea parir hijos, primero todos se quedan pasmados y sólo uno de ellos resiste a la idiotez contumaz, mientras que los otros dos terminan por claudicar ante el absurdo y se suman a defender su “derecho a parir” como un símbolo de rebelión, aunque reconocen, a diferencia de la Montero, que no le servirá de nada para parir descendencia.

Al menos, ya digo, si los personajes no se deshilachan de la risa durante la conversación es sólo porque se trata de una ficción teatral destinada a que quienes se partan el culo con el desquiciado diálogo seamos los espectadores. Y eso es lo que correspondería hacer con Irene cada vez que deambula por esos territorios de los solos, las solas y los soles… que más calientan.

La Montero defiende el derecho a parir de un trans como podría defender mi derecho a no pagar impuestos, porque me considero empadronado y residente en Vanuatu, cosa que no puedo probar de ningún modo, igual que no podría demostrar su condición para competir entre mujeres ese tal Hubbard que ha batido en Australia cuatro récords mundiales de halterofilia. Cuando todo el medallero olímpico de categoría femenina esté en manos de los trans y las mujeres desaparezcan (“invisibilicen” diría la Montero) de la Historia del Deporte, ella misma reconstruirá otra teoría diacrónica que culpabilice a los hombres de cómo pergeñaron una conspiración para dejarlas en el anonimato.

Pero exigir una demostración que acredite las cosas es fascismo puro de oliva, como todo el mundo sabe, y de ahí deriva hasta el pasar de curso sin aprobar todas las asignaturas, porque los suspensos machacan las expectativas de los unos y benefician a quienes estudian y se esfuerzan.

Los juegos de palabras de esta gente son marxistas, pero de Groucho, porque según el retorcido logaritmo que le habita en la sesera al ministro Castells, lo que favorece a los de arriba es el aprobado, no su esfuerzo ni sus conocimientos. O dicho de otro modo, lo que perjudica a quien suspende es la nota obtenida y no el hecho de no haberse interesado por la asignatura en todo el año, de tal modo que ahora en los colegios no se puede poner de nota un cero por los posibles traumas, ni se pueden corregir los exámenes con tinta roja para que no se asocie el color rojo con lo negativo. Pronto veremos las señales de tráfico de prohibido de color rosa, al tiempo.

El resultado de todo ello es una debacle y un tornillo sin fin de estupideces y de mamarrachadas que devoran el presupuesto y que se desvía por completo del interés general, convirtiendo en batallas inútiles la lucha contra males excepcionales o inexistentes, como esa inanidad de la “LGTBIfobia” (palabro insufrible), contra la que nadie se organiza simplemente porque a nadie le importa un pijo lo que haga cada cual con sus agujeros corporales, pero que ellos desean convertir en una especie de Numancia de mentira en la que aprovechan el ruido y la confusión que ellos mismos generan para seguir absorbiendo el presupuesto.

A lo peor se han olvidado del día que en mitad de la hecatombe de los miles de muertos por la pandemia y de los confinamientos inconstitucionales, salió aquel arrojado vicepresidente con su coleta y expuso muy serio en el Senado el proyecto de su señora de abrirse de capote para financiar el proyecto “Vio-pet”, consistente en que las mujeres con mascota que desearan separarse acusando a su pareja de violencia de género tendrían disponible un servicio de acogida de sus bichos favoritos. Un incentivo más, pero sólo para parejas heterosexuales. Y otra vez nadie se descojonó de la risa en su propia cara. Ni siquiera en el Consejo de Ministros… y de ‘ninistras’.

Hace un año recordé aquí mismo las palabras de Rubalcaba refiriéndose al día que rompió relaciones con Sánchez. Se lo contaba, si no recuerdo mal, a Susana Griso: “El argumento era vamos a sentarnos con ellos (los independentistas) y acabarán siendo buenos. Pero oiga, cabe la posibilidad de sentarse con ellos y acabar siendo malos, y que no te hagan caso. Yo le dije esto a Pedro Sánchez y debo decir que dejamos de hablar. Bueno, me dejó de hablar él”. Más claro que el agua de la playa del absurdo anuncio de Mahou.

O empezamos a reírnos de toda esta gente y de sus estupideces o prometo que esto acabará muy mal. Ya propuse esto mismo cuando los catalufos la emprendieron con lo de la catalanidad de Cervantes, de Colón y de Santa Teresa de Ávila y miren ya por dónde vamos…

He dicho.




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2 Comments

  1. Am dice:

    Uy como huele a rancio este artículo (si se puede llamar así).
    A los fachas os da igual los demás, porque para vosotros hasta que nl tenéis un caso cerca no existe.

    Ojalá hubiese nacido trans y tuvieses que sufrir lo que sufre la gente trans.

    No se si sabes que las personas trans tienen una tasa de suicidio y de depresión de las más altas. Y que la ciencia ha demostrado la raíz biológica de la transexualidad.

    Pero claro que un ultraderechista quiera informarse y sobre ciencia es difícil.

    Que manía con lo de los deportes, como le gusta a algunos desinformar.
    En las competiciones tienes que avalar que tienes un nivel de hormonas acorde para competir con los de el sexo con el que te identificas.

    Ale, vuelve a la prehistoria…

  2. José Mª Arenzana dice:

    Todos mis respetos a cualquier tendencia sexual o parasexual elegida y consentida entre adultos. Sobre la raíz biológica de la transexualidad (cosa harto discutible, en especial si se trata de una generalización) se lo dejo a los expertos. Sobre las altas tasas de suicidio y depresión, ud lo dice todo, salvo que pretende atribuirlo -me parece- a alguna clase de rechazo social y no contempla causas endógenas a la singularidad de cada caso. Olvida citar, no obstante, las altísimas tasas de arrepentimiento y las abundantes consecuencias dramáticas e irreversibles tras una operación de cambio de sexo, incluso en entornos de sobrada aceptación social. Aun así, las opciones personales son de cada cual cumpliendo unos requisitos básicos de edad adulta que garanticen que no intervienen patologías diversas.
    Sobre los niveles hormonales necesarios para competir, sabe bien que son perfectamente modificables hasta alcanzar los baremos necesarios que les permitan competir. Las consecuencias para el medallero pueden resultar frustrantes.
    Por cierto, no necesita indignarse con un supuesto ultraderechismo que se inventa: le bastará con pelearse con el feminismo radical, que no traga con la sesgada visión que ud pretende y que en muchos casos pretende un asalto a otras parcelas.
    En la Prehistoria, como ud bien sabe, no existían leyes ni conceptos complejos de organización social tal como los conocemos, sino más bien la pura biología y sus leyes. Creo que es ud quien pretende habitar un mundo como ese.
    Saludos y gracias por leer y por prestarle atención.

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